Contradicción

Treinta y uno: ¿Celoso, cursi?

Ramiro se acercó a Fran para ayudarle a incorporarse.
—¿Te habías puesto en posición fetal pegado a la cama para no poderte levantar, o qué?
Fran, ya en pie, miró la situación.
—¿Roté al caerme? —Se encogió de hombros.
—Explícame lo de tu prima, porque nunca me dijiste nada. —Ramiro se había puesto serio.
—Celia es la Lara más pequeña. —Fran empezó el relato hablando de su madre—. Pero tendría dos tíos si uno no se lo hubiese llevado la droga en la movida.
—¿Por qué no sabía nada?
Fran miró a Ramiro con condescendencia desde sus ojos entreabiertos y continuó.
—La hermana mayor se llama Marta y tuvo una hija llamada Eva y dos gemelas, Soraya y Patricia. —Fran se sentó en la cama—. Hace ya más de veinte años, mi prima Eva murió en un accidente de moto. Pero hace como quince años que falleció Soraya, dejando a Patricia sola.
—Tu tía Marta lo habrá pasado fatal.
—Pero hace como diez años, falleció mi abuelo, y mi abuela le recriminó a mi tía por un regalo que robó y dejó de hablarle. —Fran levantó la mano izquierda, donde aún llevaba puesto el anillo.
—¿Eso?
Fran afirmó sin inmutarse.
—Y resulta que se coló entre las cosas que mi abuela me regaló por mi graduación. ¿Es o no es irónico?
—Me he perdido, tío.
—El domingo se aclaró lo del anillo con mi abuela, pero yo llevaba como diez años sin hablar con mi prima, Ramiro.
—Entonces, ese contacto tan educado que te pregunta con nombre y apellidos...
—Es mi prima Patricia, y al parecer ya conoce a Stephanie.
—Wow. —Ramiro cayó en la cuenta del último nombre—. ¿Stephanie qué pinta con tu prima?
—Ambas son cantantes y se han debido de conocer hoy, o eso creo, porque es lo que me ha dado a entender mi prima.
Ramiro calló un momento, algo de lo que había contado su amigo no lo entendió.
—¿Cómo es que Stephanie sabe que tienes una prima cantante y yo no?
—No lo consideré relevante en el instituto y luego mi abuela se enfadó con mi tía tras la muerte de mi abuelo y decidió quedarse con nosotros.
—¡Joder, Fran! —Ramiro se cruzó de brazos—. ¿Y no has hablado con tu prima desde entonces? ¡Eres un estúpido dejado con mucha suerte!
—¿Perdona?
—Sí, suerte por haberte enamorado de una chica como ella; porque si por ti fuera, aún seguirías ignorando a tu familia.
—Se lo diré de tu parte, pero ahora mi prioridad es hacer una videollamada, para verla y escuchar su voz.
—¡Qué cursi ha sonado eso, me largo! —Ramiro salió de la habitación de Fran—. Qué asco da cuando se pone tan meloso.
—¡Te he oído!
—¡Me da igual!
Con su amigo fuera del alcance. Fran se dispuso a llamar a Stephanie. Aunque la chica tardó en contestar.
—¡Hola, Fani!
—¡Fran, guapo!
—¿Estás en la calle?
—Tuve un problema y pedí ayuda a Nerea.
—¡Bro! —Nerea apareció justo por detrás de Stephanie.
Fran enmudeció de repente. ¿Qué hacía Nerea con Stephanie? Pero su hermana lo debió de intuir y se adelantó.
—Aquí, la enterada, —ironizó refiriéndose a Stephanie—, que pretendía llegar a casa sin conocer las calles.
—¡Pero marco la localización como favorita y ya no me volverá a pasar! —respondió rauda Stephanie.
—Oye, ¿Por qué has llamado a Nerea y no me has llamado a mí? —Preguntó Fran.
Nerea frunció levemente el ceño, pero Stephanie lo vio normal.
—Creí que estarías trabajando. —Comentó Stephanie con toda la inocencia del mundo.
Nerea movió los labios, pero nadie la oyó. Miró hacia un lado y se apartó de su amiga.
—Tú nunca me molestarías, Stephanie. —Fran sonrió ampliamente.
—No se puede llamar a un abogado en horario laboral.
—Pero me hubiera gustado ayudarte yo, Fani.
—¿En serio, Fran? —Irrumpió Nerea—. ¿Estás celoso de mí? ¡Soy tu hermana, Bro!
Él mismo se dió cuenta, tras recriminárselo Nerea, de que su pensamiento iba en esa dirección.
—¡Perdón, estoy sorprendido, esto es nuevo para mí!
You are so cute! —Opinó Stephanie.
—¿Qué? ¡Eso no es mono en absoluto! —Replicó Nerea.
—¿No?
—Stephanie, Nerea tiene razón, he sido egoísta y acaparador, lo siento. —Se disculpó Fran.
—Fran, iba a hacer algo de cena. —interrumpió Ramiro.
—Esperad un momento, —Fran le levantó la mano a la cámara de su móvil y se viró hacia Ramiro—, ¿Ya no le pides a Magdalena que te traiga ensaladilla?
—¿Acaso lo tengo que hacer siempre? —Ramiro respondió con sorna desde la puerta.
—Es tu modus operandi.
—No siempre. —Se excusó.
—Estás raro últimamente, colega. —Fran frunció los labios.
—¿Y bien, quieres un sándwich o una tortilla francesa? Algo para echarle al estómago.
—Un mixto, mismo. —Respondió Fran, encogiéndose de hombros. —Es fácil y sin muchas complicaciones.
El tono de esa frase vino con algo de pique, pero Ramiro no se achantó.
—Te vales de que vaya a hacer algo rápido, porque soy bueno cocinando.
—Pues esmérate en ese sándwich mixto. —Solucionó Fran—. Y ahora, déjame hablar con mis chicas, que les tengo que contar novedades.
—¿Chicas, en plural? —Se interesó Ramiro, inclinándose hacia el móvil de Fran.
—La respuesta es obvia, capullo, somos su novia y su hermana. —Se asomó Nerea por el teléfono.
Fran mostró comprensión por la metedura de pata, pues era obvio que cuando Ramiro interrumpió, no estaba hablando con una persona, sino con dos.
Ramiro, por su parte, empezó a ser poseído por la vergüenza y la ira, y con el rubor de un niño pequeño al que han abochornado.
—Voy a hacernos la cena. —Y desapareció por donde había venido.
—Parecía un niño pequeño, ¡Qué mono! —Nerea mostró una sonrisa de oreja a oreja—. Os dejo hablar tranquilamente a los tortolitos, que yo aquí ya he hecho mi labor.
—¡Muchas gracias por enseñarme el camino! —Se despidió Stephanie de una Nerea que Fran ya no veía,—. No entiendo a los monos en la cara de Ramiro.
—Eso se traduce como "cute", Fani.
—Yo lo entiendo como divertido, y Nerea, mono.
—Eso es. Y, en cambio, a mí me preocupa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.