Contradicción

Treinta y cinco: ¿Así soné?

Empezaba el día bien temprano, haber declarado en español lo que sentía, le había dado un aporte extra de positividad.
Estaba dispuesta a acudir temprano a la discográfica para empezar a componer. Aunque Tony dijo que lo haría él, ¿Verdad? Le dió igual, Stephanie se sentía llena de energía.
A las ocho de la mañana recibió un mensaje de Tony.
“Hoy no hace falta que vengas, pretendo que me hables de tí, pero sin improvisar. ¿Podrías?”
Stephanie no entendió muy bien lo que quería decir el letrista, y tradujo el texto en la aplicación. Lo que leyó en inglés tampoco le sirvió de mucho. ¿Hoy sería un día de conversación? Estaba hecha un lío.
“Hoy quiero ir temprano” Respondió Stephanie de vuelta.
La respuesta a su mensaje se eternizó, al menos para Stephanie. Pero apenas habían pasado dos minutos.
If you go to the record label, you won't be singing. Let's talk calmly and start writing the song, but without singing
Stephanie suspiró al leer el mensaje en inglés. Si no iba a cantar, ¿Para qué iba a ir? Pero volvió a leer el mensaje y supo que tarde o temprano eso lo iba a tener que hacer.
Is Patricia going to attend?”
“Sí”
Stephanie quería conocer a la prima de Fran, pero, por otro lado, dudaba si preguntarle a él, o a Nerea, si le iba a sentar mal a alguno de los dos.
Le mandó un mensaje, al menos podía avisarle.
“Hoy empiezo a escribir la canción. Patricia va a venir también. ¿Quieres que vaya?”
Rápidamente, el símbolo de los puntos suspensivos apareció. Desapareció y volvió a aparecer; Fran se estaba pensando la respuesta.
“No me debes pedir permiso para esas cosas. Si tanta ilusión te hace, puedes preguntarle a mi hermana si te acompaña, Fani”
Leyó despacio el texto de Fran. Pensó que los españoles eran más liberales que los franceses. Pero pensando en Nerea, le envío el mensaje.
“Me van a presentar a Patricia Allende hoy”
Con la conversación abierta de Nerea, recibió un aviso de mensaje de otra conversación; un “I want you” le sacó toda la luz que su sonrisa podía irradiar, estaba pletórica.
“Yo también te quiero” fue enviado de vuelta.
Nerea tampoco tardó en contestar en la conversación que tenía con ella:
“¿Te permiten llevar visitas? Espera, que te llamo.”
Apenas le dió tiempo a leer el mensaje cuando ya estaba recibiendo la llamada.
—¿Puedo acompañarte? —Expresó Nerea en cuanto Stephanie descolgó.
—No sé, no he preguntado.
—Quiero ver a mi prima, que hace como cinco años que solo hablo por teléfono con ella, y solo dos veces al año. —Se oyó un chasquido y suplicó—. Porfi, porfi, porfis.
Stephanie atropelló una carcajada pensando en lo parecida que había sonado esa frase al personaje de la película que le enseñó su primo Evan. ¿Qué contestó Tiana a Charlotte en la película? Quería que su amiga se diera cuenta también.
—Debo preguntar primero. Es más fácil que pedirle un deseo a una estrella, ¿Verdad?
Nerea tardó en responder, pero parecía muy contenta cuando entendió a Stephanie.
—¡Oh, vaya! ¿He sonado tan desesperada como Lotty? —Reía Nerea—. Me sorprende que ya uses los juegos de palabras.
—Yo pregunto a Tony y después te doy la respuesta.
—¡Genial! No te retraso más, ¡Ojalá te deje llevar amigas! —Y Nerea colgó.
Cuando Stephanie miró su móvil, un detalle leyó en la pantalla: “1 minuto y 12 segundos”. Nerea era directa cuando sabía lo que quería.
—Tony, soy amiga de Nerea, prima de Patricia. ¿Puede venir conmigo? Hace mucho que no se ven. —Dejó Stephanie el mensaje de voz en la conversación con el letrista.
Tardó cerca de diez minutos en contestar.
“Patricia está de acuerdo. Ha sugerido que Nerea cargue con su cámara de fotos, incluso. Al parecer, su marido ha sugerido que vendría bien documentar el encuentro.”
Stephanie le dió el mensaje tal cual a Nerea, que no tardó en contestar.
“Enric, siempre tan ocurrente, seguramente ya está ideando el guión de un corto o del videoclip. No me extrañaría que también acuda a la reunión.”
“A las 9 en Callao, al lado de la escalera de los cines”
Cuando Stephanie acudió a la cita, diez minutos antes de la hora establecida, Nerea ya estaba hablando con un matrimonio: una pareja de unos cuarenta años, ella es rubia, y él, moreno. Se les veía distendidos.
—¡Buenos días, Nerea!
Y Nerea, que cargaba con una cámara de fotos profesional al cuello, les presentó.
—Ellos son Patricia y Enric.
—Encantada de conocerte, Patricia Allende Lara. —Stephanie se pasó de cordial.
—Eres más bonita que por videollamada. —Patricia mostró una amplia sonrisa.
—Eres una jovencita muy educada. —Opinó Enric.
—Fran me dijo que Nía, aunque prefiere que la llamen Stephanie, trabajó varios años en Disneyland, en París. —Dató Nerea.
—Te tenían bien escondida. —replicó Patricia.
—Allí era Tiana. —Stephanie fue escueta.
—Bueno, das el pego. —Nerea se encogió de hombros.
Acudieron los cuatro a la discográfica para encontrarse con Tony y Cassidy, qué les esperaban en la puerta del edificio.
Tras las presentaciones de rigor, todos juntos acudieron a una sala de reuniones pequeña. Cassidy se fue y Tony sacó un gran cuaderno del que asomaban algunos papeles y etiquetas marcapáginas.
—He pensado que podría documentarme. ¿Os importa si os observo trabajar? —Enric sacó una pequeña libretita del bolsillo del abrigo.
—Sin problema, Enric, yo soy compositor y letrista, así que sé lo que es. —Tony señaló una silla en el otro extremo de la mesa.
—¿Por qué he traído la cámara de fotos? —Nerea se sentía algo desubicada.
—A mí puede que me haga falta. —Comentó Enric mientras se acomodaba.
—Puedes hacer fotos mientras trabajamos, simplemente con que se vea que hay colaboración y buen rollo. —Tony debía de estar en términos similares.
Nerea se sentía un poco fuera de lugar, pero se sentó junto a Enric, observándoles.
Stephanie y Patricia se sentaron, y a continuación, Tony pidió:
—Y ahora ¿de qué queréis que hable la canción?




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