Patricia se enderezó en la silla y se apoyó en el respaldo. Nerea aprovechó para fotografiar eso también.
—Esa foto no me va a hacer falta, Nerea, —Enric replicó con protección—, te vas a quedar sin espacio en la tarjeta.
—No es para tí, Enric. Las fotos son para mí. —Le sonrió.
Patricia se giró un poco y levantó una ceja, se dispuso a escuchar.
—No te entiendo. —Enric bajó el bolígrafo.
—He decidido la tesis gracias a vosotros. —Nerea soltó la cámara de fotos y colgó de su cuello—. "Proceso creativo de una canción".
—Es original. —Comentó Tony.
—Oye, que según hacía las fotos me he dado cuenta de que es un buen cultivo para un trabajo, y yo lo puedo transformar en mi propia tesis.
—Yo puedo prestarte mis anotaciones. —Se ofreció Enric.
—Yo puedo colaborar con las preguntas que tengas, si te falta algo de información. —Tony también se ofreció.
—Hay un problema, —Patricia interrumpió—, ¿No tendrás un problema si sacamos al mercado la canción antes de que tú presentes ese trabajo en la universidad?
Stephanie se puso en pie, acercándose a Nerea y la abrazó.
—Yo esperaré por tí.
Todos los demás enmudecieron. Sólo Nerea rompió el silencio.
—Pero Patri tiene razón, la discográfica puede adelantar o posponer la fecha y no sé si me suspenderían o denegarían la tesis si no cuadran las fechas. —Nerea miró al techo, y se presionó los lagrimales como un pellizco—. Es complicado.
—¿Quieres que lo consulte con alguien del departamento de finanzas? —Ofreció Tony.
—Eso sería genial, gracias. —Nerea sonrió aliviada.
Según salió Tony de la sala, Stephanie se sentó de nuevo.
—Cassidy es buena persona; si no puedes hacerlo, seguro que te explica la razón.
—¿La mujer que nos recibió?
—Es la esposa de Tony. —Informó Stephanie.
—Es lógico. —Nerea se acercó a Enric para ojear sus anotaciones—. ¡Qué meticuloso eres, Enric! Aunque tu letra es horrorosa.
—Yo escribo sobre lo que veo, luego en casa lo paso a limpio.
—Puedo verificar que tiene la letra legible. —Patricia sonreía con picardía.
—¡Oye! —se quejó Enric.
—¿Por qué crees que los médicos tienen esa fama de escribir tan mal? Por escribir deprisa. A mi marido le pasa igual.
Enric le sacó la lengua, siguiéndole el juego a Patricia.
—¿Queréis saber quién escribe bonito? —Interrumpió Stephanie—. Mi primo Evan.
—Eso es algo que le pega a alguien como Evan Osborne. —Opinó Nerea con honestidad y admiración.
—¡Qué bueno, Stephanie, es genial! —Patricia dejó el bolígrafo sobre el cuaderno—. Tu familia es prodigiosa.
—Y eso que hasta hace poco no se conocían. —Puntualizó Nerea.
—¿Y eso?
—El abuelo Damien es párroco anglicano de London —comentó Stephanie, avanzando rápido—. Viajó a New Orleans con tres niños pequeños. Allí mueren la abuela Vivian y tía Wendy —bajó un poco la voz al decirlo—, quedaron mi padre y tío Hugh. Al abuelo no le gustó nada cuando Hugh se enamoró de una mujer mestiza llamada Ivette Fontaine —Stephanie parecía sentirse identificada con su tío—, y huyeron a London para casarse y tener a Christopher Evan Osborne. A mí tampoco me trataban bien y me vine a Europa. Al final trabajé como princesa en París cantando.
—Un buen resumen. Sí, señor. —Nerea se enorgulleció—. ¿Se lo has dicho a Fran?
—Sí —dudó—, creo.
Su propio teléfono sonó con el aviso de un mensaje, y lo abrió.
—No tienes ni idea de cómo añoro la luz de tu voz en un día tan jodido como hoy ¡Te quiero, morena mía!
Una ovación llenó la sala al escuchar el mensaje de voz, dicho por el mismísimo Fran.
—Eso le ha debido costar una barbaridad decirlo. —Opinó Nerea—. Pero es precioso lo que te ha dicho.
—A mi primo le tienes completamente enamorado. —Corroboró Patricia.
Nerea se mostró de acuerdo con la afirmación de su prima.
—Justo al nombrarle, él te manda un mensaje. —Comentó Enric.
Todas rieron.
—Quizás es esa conexión la que demuestra qué parejas están hechas el uno para el otro. —Comentó Nerea entre dientes, sin darse cuenta de que lo dijo en alto.
—¡Oh, Nerea! —Su prima le acarició el hombro, comprensiva—. Seguro que algún caballero de brillante armadura te espera en algún lugar.
—Patricia, ¿Qué edad crees que tengo? —Nerea mostró una tierna mezcla de ironía y complicidad—. ¿Me sugieres un cuento de hadas?
—¿Ya no te gustan?
—Tengo veinticinco años, ya se pasó mi época de doncella enamorada. Soy mayor para esas tonterías.
—No es tonto. —Replicó Stephanie—. Tu hermano es mi príncipe.
—No todas tenemos la misma suerte que tú, Stephanie; o que Patricia con Enric.
—A mí no me metas. —Puntualizó él.
—Sabes que Enric, antes de ser mi príncipe —Patricia gesticuló unas comillas con las manos en alto—, era el de Soraya. Nuestra historia es diferente a la de Fran con Stephanie.
—Tienes razón, perdona.
—Pero tú ya tienes un príncipe, Nerea. —Intervino Stephanie con naturalidad.
—¿De qué hablas? —Fingió ofenderse—. No tengo a nadie así.
Stephanie se encogió de hombros, aunque sonreía.
—Vale, Nerea se está haciendo la dura. —Patricia se cruzó de brazos, con complicidad.
—Neremiro. —Stephanie dijo una sola palabra que guardaba mucha más historia que un cuento de hadas.
Nerea ladeó levemente la cabeza, mirando a un lado, pero aún más por detrás de la espalda de Enric.
—Eso es agua pasada. —Su orgullo le provocó un leve sonrojo.
—Miro... miro... —Patricia divagaba—. ¿Te refieres a Ramiro, el amigo de Fran?
Stephanie afirmó con energía.
—Eso se acabó.
—¡El ship es real! —Se excusó Stephanie—. ¡Ramiro te quiere!
—No puede ser así. —Nerea se cruzó de brazos, evitando la cámara de fotos—. No era consciente del daño que le hacía con mi obsesión hacia él.
—¿Y ahora sí? —Enric se interesó, pues había vuelto a tomar el lapicero.
Nerea torció un poco el gesto de su cara.
—Sí. —No estaba muy convencida de su propia afirmación. —Al menos pude decírselo, con eso puedo seguir con mi vida.
—Nerea, qu’est-ce que tu peux être bornée!
Tony entró con Cassidy y rompió la magia de la confesión.