Ese jueves se presentaba aún más caótico que el miércoles, pero todo le vino rodado. Algo que contrastaba con su ánimo.
Desayunó junto a Ramiro, pero no le apetecía dirigirle la palabra. La discusión de la noche anterior mellaba todavía en él.
Harto de que Fran le evitara desde primera hora de la mañana, Ramiro le enfrentó.
—Tú fuiste el ruin anoche ¿Y debo ser yo quien se disculpe?
Fran le miró por un momento por encima de unas gafas inexistentes y prosiguió ordenando sus papeles ya clasificados.
—Yo no he dicho nada. —Fran fue muy seco.
—¡Claro que no! —Ramiro se levantó ante su escritorio—. Es más fácil dejar que la vida pase por delante, y no enfrentarte a los problemas; que ir de golpe en golpe, sin acertar en nada, ¿Verdad?
—No sé de qué me hablas.
Cayetana, Tania y las demás personas empezaron a girarse hacia ellos, con la intención de cotillear.
—Me llevas evitando desde anoche y fuiste tú el que no paró de increparme. ¿Qué te he hecho?
Fran, fuera de sí, frunció el ceño y le hubiera matado con la mirada.
—Si no quieres que te eche la culpa, deja de compararte conmigo, punto.
Ramiro volvió a su mesa de oficina, se dispuso a hacer unas llamadas respecto a casos cerrados y abrió el dosier del caso que comparte con Fran.
—Ya decía yo que me sonaba el nombre. —Ramiro levantó la vista y le entregó la lista de nombres del caso actual. —¿Te suena algún nombre de esta lista?
Fran echó un vistazo rápido.
—No.
Ramiro le enseñó el contacto de emergencia de uno de sus casos cerrados.
—Aquí. —Plantó el índice debajo de un nombre.
Fran fue exteriorizando una sorpresa enorme.
—Los mismos apellidos que ella.
Ramiro afirmó.
—Magdalena.
—¿Será una coincidencia? —Fran era algo reticente.
—¿Y, que el caso lo tengamos que llevar los dos, no te mosquea?
—Cierto, ¿abogado laboralista y abogado de menores sin que tenga que ver nada con herencias? Es raro como poco. —Fran cerró su carpeta para mirarle a la cara.
—Voy a investigar a nuestro cliente y si tiene algo que ver con nuestra querida vecina, deniego el contrato, ¿te parece bien? —Ramiro se enderezó y tomó sus carpetas de nuevo.
—Me parece perfecto.
Justo en ese momento, sonó el timbre del local. Tania fue a abrir, y volvió con dos personas. Eran Nerea y Borja.
Borja se dirigió directamente a su novia, ignorando a su hermano. Nerea le golpeó ligeramente el hombro a Ramiro con la mano y se dirigió a Fran.
Ramiro alzó las cejas y resopló levemente con resignación. Fran le observó un momento y atendió a su hermana.
—¿Qué haces en el bufete, Sis?
—Pues venía a verte, y ya de paso, darte una noticia que no sé si será mala o buena. —Nerea se encogió de hombros mientras sonreía.
—Vale, dime.
—La tía Marta nos invita a una barbacoa en su casa, la hará el marido de la prima Patricia.
—Pero eso es bueno, ¿Por qué iba a parecerme mala idea?
—Porque, agárrate, como ha hablado el tío Julio con papá, han dicho que harán comida para dar la bienvenida a nuestras parejas.
—¿En serio? —Fran se sorprendió menos de lo que creía Nerea.
—Y tú, al menos, tienes a Stephanie, aunque llevéis una semana para entonces; pero ¿Yo? —Nerea resopló—. ¿Yo a quién llevo?
Ramiro carraspeó, aunque también se ruborizó un poco.
Fran le ignoró. Nerea no se dió cuenta.
—¿Tienes que llevar a alguien forzosamente? —Fran se llevó la mano a la cara, tapando su fugaz desvío de mirada hacia Ramiro.
—Al parecer, sí. —Su gesto de resignación era más por absurdo que por preocupante.
Borja soltó a Cayetana y, sujetando a Ramiro por los hombros, se metió en la conversación.
—Llevaos a Ramiro. —Soltó con una mirada pícara.
Fran se asustó con la sugerencia y negó con la cabeza.
—No querría abusar de su amistad. —Nerea fue más diplomática.
—No es abuso —Ramiro flaqueó en su coqueteo y sonó demasiado torpe—, yo lo haría encantado.
—¿A qué? —Fran sacó su lado sobreprotector.
—Fran —Nerea se interpuso—, a mí no me importa que Ramiro vaya, en serio.
—¿Y si se repite el numerito del domingo? —Le increpó Fran.
Nerea se quedó sin habla, su hermano aún no se fiaba de que ella lo hubiera fingido todo.
—Si tengo que quitarte de escena, haré lo que sea necesario. —Se la oyó muy segura.
Ramiro, bajo Borja, sonreía con algo de orgullo.
—¿Vas a volver a seguirle el juego a papá? —Fran bajó la guardia, aunque seguía sin estar conforme.
—Es darle lo que quiere, simple. —Nerea se encogió de hombros una vez más.
—¡Pedro siempre fue amable conmigo, Yo me apunto! —Ramiro saltó de su silla, zafándose de Borja y con una sonrisa impostada con la mejor voluntad del mundo—. ¡Me presto a ello!
Borja y Cayetana se miraron cómplices de algo extrañamente improvisado. Y Tania y los clientes entonaron una leve ovación.
Nerea se dió cuenta de lo que parecía y carraspeó.
—Tampoco te alegres tanto, que me convienes porque ya te conocen mis padres. —Pero acabó desviando levemente la mirada a su hermano al sonrojarse un poco.
Fran rodeó la vista y, en rendición, alzó las manos.
—Es como darle a un niño chocolate por la cantidad de leche sin tener en cuenta la cantidad de azúcar.
Nerea se acercó a Ramiro, susurrándole al oído.
—No entiendo qué fijación le ha dado a un capullo como tú por querer estar cerca de mí de buenas a primeras, pero pienso aprovecharme. —Sonrió con malicia, mirándole a los ojos, a diez centímetros de él —. Por la Nerea del pasado.
—No creo que este capullo pueda florecer con otra que no sea mi nereida particular. —Ramiro volvía a ser el seductor de siempre susurrándole esa respuesta.
Fran lo observaba con el corazón encogido porque Ramiro ahora tenía clara su meta, y era Nerea.