Contradicción

Cuarenta y dos: ¿Dónde está mi hermano?

Fran tomó los portafolios de sus casos y los volvió a meter en su maletín y se dirigió hacia la puerta.
—¿Dónde vas, Bro? —Le siguió Nerea.
—A trabajar en otro sitio. —Aspiró con ilusión y energía.
—Espera, ¿de qué hablas? —Ramiro se levantó.
Fran levantó el maletín, sonriendo mientras esperaba comprensión.
—¡Voy prevenido, luego os veo esta tarde! —Miró a la puerta, el rubor le llegó hasta las orejas y su amplia sonrisa al volverse hacia su hermana y amigo hablaba por él—. ¡O no!
—¡Espera, Fran, salgo contigo! —Nerea le alcanzó mientras se ponía el abrigo.
Fran se giró otra vez hacia su hermana y su sonrisa parecía de todo menos amistosa.
—No me pillas de camino, pero te puedo llevar a casa.
Nerea dió un leve brinco al descubrir esa faceta en Fran.
—¿Acaso puedo quedarme aquí, en tu bufete, cuando tú te vas dejándome con Ramiro?
Su deseo por encontrarse con Stephanie le había hecho descuidar a Nerea. Se asustó de su lado ansioso que desconocía y procuró serenarse.
—Perdona, Nerea, tienes razón.
Fran se colgó la bufanda y le abrió a su hermana la puerta para que saliera primero.
—¡Nerea! —Ramiro la llamó para que le mirara antes de irse—. ¡Eso me ha ofendido, que lo sepas!
Nerea le respondió con una sonrisa cómplice, encogiéndose de hombros y le sacó la lengua al guiñarle un ojo.
—Pero ¿Qué...?
Nerea cerró, dejando a Ramiro con la pregunta a medias.
—¿Por qué has hecho eso? —Fran le preguntó mientras llamaba el ascensor.
—¿El qué, picarle? —Nerea reía—. ¡Oh, vamos, es divertido!
Fran elevó la cara y se la tapó.
—Creo que confundí los roles. —Bajó la cabeza y miró a su hermana—. Envías mensajes contradictorios, Nerea, aclárate primero.
—¡Bah! —Nerea empezó a darle leves puñetazos juguetones a Fran—. Consejos vendo, que para mí no tengo. ¿Dónde está mi hermano, el previsor de nieve en verano?
Fran abrió mucho los ojos y sonrió a su hermana.
—Te salió un pareado; supongo que será que estoy enamorado. —Aunque acabó por desviar la mirada.
—A tí también. —Rio—. Bueno, supongo que tú ya llegaste a superar todos los escalones afectivos, ¿Verdad? Ahora me toca a mí buscar a alguien que me revuelva las entrañas como ella te hace a tí.
—No sé, quizás a tí te ocurra algo diferente. —Dijo Fran al salir del ascensor—. También puede ser que tú hayas confundido el ritmo de las mariposas en el estómago tras tanto tiempo ahí; con el cese del sentimiento que te lo provoca.
—¡Qué mariposas, el amor se siente en las entrañas, te estruja las tripas, te muerde por dentro!
—¡Qué visceral, Nerea, qué grima das según lo cuentas! —Fran miraba a su hermana con un poco de preocupación tras el asco de su cara—. ¡Ni que el amor fuera un Alien que te destroza y te mata cuando sale al exterior!
—Yo me sentí así. —Comentó Nerea al salir por la puerta del edificio.
Fran resopló con algo de fastidio al pensar en lo explícita que era la descripción de Nerea y entendió los ataques de ansiedad frecuentes que le daban a ella cuando pensaba más de la cuenta en Ramiro años atrás. Pensó que normalizar ese sentimiento creyéndolo “apagado” era la manera que tenía Nerea de sanear una obsesión tan tóxica.
Se montaron en el coche y Fran llevó a Nerea a su casa.
Según salió Nerea del coche y entró en el portal, Fran desde su asiento negó y resopló.
—Intentar protegerlos no me sirvió más que para hacerles daño. —Comentó Fran al recordar todas las veces que vio cómo Nerea Intentaba hablar con Ramiro y cómo Ramiro se decepcionaba con cada mujer y se escudaba con quererlas ver por tener puramente sexo—. Soy ruin.
El sonido de un mensaje le sacó de su hundimiento. Lo leyó.
“Evan me está dando las instrucciones. Dice que si le demuestras a Frederick que te casarás conmigo, bastará para que no me lleve a New Orleans”
“No soy merecedor de los sentimientos que tienes hacia mí” Fran respondió como pudo.
“Déjame decidir si es así o no, ¿De acuerdo?”
Stephanie intentó llamarle, pero Fran lo rechazó. Por lo que Stephanie le envió otro mensaje.
“Te necesito a mi lado. Te quiero con todas tus dudas. Te deseo tener entre mis brazos” Y en un globo diferente volvió a escribir. “Y más, rubio”
—¡Por favor, Fani, ahora no! —Fran se miró el pantalón.
Se sintió aliviado de haber parado el coche en un aparcamiento y respiró profundamente. Su chica lo necesitaba y no era el momento de pensar con la entrepierna.
Intentó exteriorizar los consejos que le dió la profesora de la clase extraescolar de teatro para desconectar y mientras tanto, cambió de tema para no pensar en el cuerpo de Stephanie, pero sí en lo que tenía que representar ante su hermano.
“¿Qué quieres que haga o diga?”
“¿Que vas en serio conmigo? Aún no entiendo la seriedad en esto”
La sonrisa de Fran se volvió suspicaz.
“Una historia seria sería una saga de ocho películas; una historia que no es seria, sería una serie de diez minutos con un protagonista diferente en cada capítulo”
“Me enternece que uses palabras de otras cosas para explicarme lo que no entiendo”
Se la imaginó sonriéndole a medias, como si no le costara decir lo que pensaba, pese a expresarse con un corazón que aún pensaba en inglés.
Cayó en la cuenta de lo que significaba «algo serio» y se sorprendió al ser tan espontáneo.
“¿Se arregla si le pido tu mano?”
Se la imaginó dando un salto de alegría, pero la respuesta no resultó tan emocional como esperaba.
“Esa es la parte que te toca hacer a tí, lo demás lo puedo hacer yo”
Fran se preocupó al no leer algo efervescente como es ella y salió del estacionamiento, derecho a casa de Evan.




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