Contradicción

Cuarenta y cuatro: ¿Qué necesitas?

Fran creyó haber entendido mal, ¿De qué bendición hablaba?
—¿bendición, en serio? —Evan estaba ofendido.
—No es malo, yo me aseguro de que Stephanie está bien aquí y me vuelvo a New Orleans, es sencillo.
—¿Qué necesitas? —preguntó Fran, apoyando su cabeza en la de Stephanie, serio pero seguro.
Frederick se cruzó de brazos, miró a Evan, como si él fuera el salvavidas.
—¿Qué cosas pueden demostrar que Stephanie está segura en Madrid?
Evan sonrió, ya tenía la red de seguridad planteada y ofreció lo primero, como si fuera un Rey Mago.
—¿Un hogar? Lo tiene. —Hizo un leve gesto para que Stephanie sacara las llaves del apartamento.
—Son de mi casa, Freddy. —Stephanie las mostró colgando de su dedo.
—¿Un trabajo? —Evan se cruzó de brazos, henchido de orgullo.
—Voy a grabar una canción con el mejor letrista y la estamos escribiendo junto a Patricia Allende. —Stephanie se defendió—. Voy a ser la tesis de Nerea y estaré en alguna de las series de Enric.
—¡Alto, que me lías, Stephy! —Frederick alzó las manos, extendidas un poco para frenarla—. ¿De quiénes hablas?
—Tony Rosales es el mejor letrista actualmente y es el cuñado de mi prometida, primo Fred. —Comentó Evan.
—Nerea es mi hermana, que quiere ser fotógrafa y ha estudiado periodismo, —Prosiguió Fran—, y Patricia Allende es prima mía, aparte de la voz de muchas canciones de televisión y cine.
—En el terreno laboral, veo que estás bien cubierta, aunque quizás quieras abarcar más de lo que puedas.
—No me importa si hago lo que me gusta, rodeada de personas que no me juzgan por una nota mal entonada o por una palabra cambiada de la canción. —Stephanie dijo mucho de su dinámica familiar con esas palabras, pero eso solo hizo que Fran la estrechara más.
—¿Y cómo vas con el corazón, hermanita? —Frederick miró a Fran con severidad pero con algo de suspicacia también.
—Desde que la conozco, —Fran procuró parecer seguro y decidido, y le costó muchísimo menos de lo que creía—, no hago otra cosa que pensar en ella.
—Me gusta tu convicción, muchacho, pero que estés enamorado no basta ¿Ella lo está? ¿Os vais a casar?
—¡Freddy! —Stephanie se quejó.
—¡Por supuesto! —Respondió Fran de inmediato.
—Muy seguro estás, Francisco, pero hay un inconveniente. —Frederick apoyó la espalda en el respaldo de su sillón—. La convivencia.
Fran y Stephanie se tensaron a la vez.
—¿Qué? —preguntó ella.
Frederick los miró a ambos, examinándolos.
—Quiero ver vuestro hogar. Quiero ver dónde vivís.
Fran respiró hondo. Stephanie abrió la boca y pilló la broma de su hermano.
—¿Quieres que viva en pecado, sin casarme? —Stephanie le destapó.
—Por supuesto que no, —Frederick sonrió por fin—. Pero soy del siglo XXI y soy consciente que nuestra generación hace cosas prenupciales y no pasa nada mientras haya un compromiso.
—¡Pero estamos comprometidos! —Fran respondió tan rápido que descolocó a los demás.
—¿Ah, sí? —Evan se sorprendió, pero rápido se corrigió—. ¡Por supuesto!
Fran se giró hacia Evan, preguntándole con la mirada, y después, mirando a Stephanie, la soltó para levantarse.
—Stephanie, —La miraba a la cara, las apatitas que daban color a sus ojos parecían recién pulidas del brillo que tenían.
—¿Qué haces, Fran? —Ella se sentía descolocada.
Frederick contuvo la respiración, mientras Evan sonreía orgulloso de ver en Fran lo que él mismo hizo una semana atrás.
Fran miró su mano, un anillo que significaba lo que estaba a punto de prometer. Se quitó el anillo que su abuela compró para su abuelo y cerró el puño. Se flexionó, hincó una rodilla en el suelo y estiró la mano con el puño cerrado hacia Stephanie.
Una mirada le bastó para entender qué debía hacer, Stephanie seguía expectante, pero sabía que debía extender la mano hacia Fran, abierta, debajo del puño de él.
Fran abrió la mano, el anillo cayó sobre la palma de Stephanie, rebotando levemente mientras todos observaban como ella cerró la mano para que no se cayera al suelo.
—Es de mi familia, y creo que solamente alguien que es el cabeza de familia podrá entender la importancia que algo así significa. —Fran respiró profundo, era tremendamente sincero y eso le gustó más de lo que querría admitir—. ¿Te quieres casar con alguien que aspira a merecerte?
Stephanie contenía el aliento, se levantó despacio y se acercó a Fran hasta que se puso prácticamente encima.
—¿Qué respuesta esperas que te entregue, si yo te lo propuse primero?
Se agachó, le sujetó la cara con ambas manos, aunque tuviera el anillo en el puño, y le besó. Fue largo e intenso, pero también casto y sincero.
—No me has respondido. —Pidió Fran al separarse y recuperar el aire.
—Yo creo que sí. —Respondió ella con una sonrisa tan radiante como el brillo arcilloso de sus ojos.
Fran se levantó como pudo con las piernas flaqueándole, y de pie, abrazó a Stephanie.
—He dudado durante tanto tiempo de todo que no he sido capaz de dar un paso adelante hasta que irrumpiste en mi vida y la volviste del revés.
—Casi me siento identificado contigo, Fran, ¿O debería llamarte primo ya? —Evan dió un par de palmadas.
Fran le respondió con una sonrisa y se encogió de hombros sin soltar a su chica.
—Veo sinceridad en vosotros, —Frederick volvió a la tierra—, pero papá le ofrecerá algún bufete de sus amigos para que él también venga a América. Debes de tenerlo en cuenta.
—Yo iré donde ella decida. —Fran estaba convencido de lo que decía.
Stephanie le miró, con el ceño algo fruncido por la contrariedad y él le respondió con una sonrisa sincera.
—¿Mañana quieres conocer donde trabajo, Freddy? —Preguntó Stephanie a su hermano sin sacar su cara del cuello de Fran—. Tony, Cassidy, Nerea y Patricia te van a parecer simpáticos.
—Me tienen que parecer profesionales, divertidos es algo aparte.
—Yo puedo responder por mi hermana y mi prima, Frederick. —Fran se puso serio.
—Yo respondo por la profesionalidad de mi cuñada y su marido, Fred. —Se incorporó Evan a la reivindicación.
—Me gusta eso, pero dejarme a mí decidirlo.




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