Stephanie hundía la nariz en el cuello de Fran:
—Hueles a pretichor, me gusta mucho.
—No sé qué olor es ese, Fani. —Fran se giró un poco para susurrárselo.
Ella rio levemente con algo de picardía y apenas parecía un suspiro su voz cuando le dijo:
—Me gusta tu olor a tierra mojada, me gusta mucho.
—Stephanie —le llamó la atención Evan—, deberías ir a casa, y así se la enseñas a Fred. Luego ya me lo traigo yo para que duerma en mi casa.
El mensaje subliminal no incluía a Fran y ella no le quería soltar. Se le ocurrió algo infantil, pero que podría funcionar.
—Si no te importa ver maletas abiertas por la casa, puedes entrar. —Miró Stephanie a Frederick con un poco de sorna.
El hombre tragó saliva, se le notaba incómodo. Su hermana sabía de su TOC con el desorden y lo usó a su favor.
Evan sonrió con lo que entendió de la situación y mentalmente aplaudía la velocidad de improvisación de su prima.
—Si a Fred no le molesta, te podemos llevar hasta el mismísimo portal, ¿Verdad?
—Me parece buena idea, Evan. —Stephanie sonreía con cara de buena voluntad—. Y me asomo por la ventana como si fuera Julieta.
Fran le soltó de una mano para llevársela a la boca y tapar una risa que se le escapaba. Unos leves cascabeles se ahogaron también en su hombro.
—¡Vaya dardos que disparas, cariño! —Susurró Fran para que solo le oyera Stephanie.
Volvió a sentir los cascabeles y apretó un poco el abrazo. El deseo se escapó en forma de suspiro a través de su voz. Ella le respondió elevando la mano que apoyaba en su pecho hasta colocar el brazo alrededor del cuello como pudo y se le escapó una promesa tan cruda como explícita.
—Hoy no te quiero dejar dormir.
Fran tragó saliva y contuvo el aire, él también se encontraba ahí, pero no sabía más que mantener la compostura ante esa situación y su pantalón empezaba a quedarle pequeño.
—Y no quiero que lo hagas, pero como te muevas me vas a dejar en evidencia ante tu hermano y tu primo.
El cuchicheo de la pareja empezaba a incomodar a los varones sentados mientras ellos estaban en pie.
—Podríamos ir ahora, ¿Os parece? —Sugirió Evan.
Fran se congeló y Stephanie se volteó sobre sus pies con esa gracia de baile improvisado que la caracteriza, no dejando ver nada del cuerpo de Fran de lo que tuviera que pedir disculpas.
—Te acompaño hasta tu coche y te dejo sentado. Es lo que puedo hacer por ahora, ¿Vale? —Le susurró con picardía mientras le intentaba hacer cosquillas en la mandíbula con la yema de los dedos.
Fran dio un respingo y se le escapó un tímido amago de risa.
—¿Tú también vienes, Francisco? —preguntó Frederick con toda la buena voluntad del mundo.
—¿Cómo dices? —Fran no lo había escuchado, pero notó un sutil movimiento en la cabeza de Stephanie sobre su hombro y se corrigió—. Creo que voy a denegar la invitación porque he de contrastar información de un posible caso por si acaso lo debo desestimar.
—¿Puedes hacerlo siendo un abogado privado? —Evan se interesó.
—No lo sé, nunca lo he hecho. —Le vino a la mente la persona de la que sospechaba—. Pero tenemos en el bufete una ligera sospecha de que es una especie de encerrona desde un vacío legal que van a usar en nuestra contra.
—Me interesaría saber si vuestra intuición es acertada. —Comentó Frederick.
Evan miró a su primo, y al volver a Fran, comentó:
—A mí también.
Stephanie pudo apartarse de Fran y aprovechó para ponerse su abrigo gris de cintas blancas de corte gabardina, mientras Fran se cubría con la chaqueta de lana de alpaca que le regaló Celia por su primer caso.
—Handsome, la bufanda. —Stephanie la tomó y se la ofreció.
Fran agachó un poco la cabeza y ella enseguida entendió que le estaba pidiendo que se la pusiera, y así hizo.
Eran las seis y media de la tarde y al abrir la puerta de la casa se sorprendieron con la lluvia que aún llegaba desde el crepúsculo.
Fran miró la hora, y se acordó de Ramiro.
—Debo de ir a casa, mi compañero de piso tendrá que contarme cosas sobre ese caso.
—¿También es abogado? —Preguntó Frederick sin mucho interés.
—El caso sospechoso es conjunto, así que todas las decisiones al respecto se han de debatir.
Frederick paró en seco y le miró con una admiración distinta, sintió que la frase no era forzada ni aprendida. La frase de Fran, que tan natural le había salido, le pareció de una profesionalidad absoluta. La pareja de Stephanie era coherente y sabía expresarse de manera firme, pero también delicada como alguien que cuida el más mínimo detalle.
—Stephy —Frederick extendió la mano hacia su hermana, pidiendo que la chica se acercara—, no te preocupes, que no te voy a arrestar ni nada por el estilo.
Fran le costó soltar a la chica, miraba a Evan y el anfitrión afirmó y es entonces cuando él la soltó.
—What’s wrong, Freddy? —Stephanie resopló de mala gana mientras se acercaba a su hermano—. Can’t I be with my boyfriend as much as I want?
—You’ll have all the time you want when I go back to America, —Se acercó al oído a susurrárselo—, I don’t plan on taking you with me because you’re perfectly capable of managing on your own, you’ve proven that time and again in London and Paris. But even though Dad has given up on you, he’s worried about appearances and that you’ll end up with some fool.
—Fran isn’t stupid at all. He’s sweet, careful, honest, and he adores his family, which he wants me to be a part of. —Stephanie inquirió a su hermano con la mirada.
Al pie de los coches, Frederick miró a Fran con comprensión.
—Apenas te conozco de dos horas, y ya sé que cuidarás mucho mejor de Stephy de lo que lo he hecho yo.