Contradicción

Cuarenta y seis: ¿Algo cerca?

Fran se sentó en su coche y siguió en el que se había montado la familia Osborne.
Repasó mentalmente lo ocurrido en la casa de Evan. Incluso el hecho de que llegó a ignorar su condición de hermano mayor por ir corriendo a donde le solicitara su Dulcinea.
Se iba a reprender a sí mismo cuando se acordó de lo que habló con Stephanie respecto al trabajo, y de que llevaba el maletín siempre por precaución.
Se dió cuenta de que él no tenía motivos para proteger a todos; incluso se protegió a sí mismo cuando dejaba de dar algún paso por temor a equivocarse.
Pero al conocerla, algo salió a la superficie, seguía teniendo miedo de seguir, pero alguien le daba la mano y lo hacía junto a él.
Se preguntó si Eli o Rita lo hubieran hecho con él, y la idea le repugnó. Isabel era una amiga con la que tenía mucha afinidad, pero la amistad en ella era camaradería y no algo distinto, oculto y protegido.
El automóvil de Evan giró al cruzar la calle Serrano y empezó a ir a velocidad de crucero.
—¿El apartamento está por aquí? Debe de costar una barbaridad. —Fran se sorprendió de decir eso en voz alta—. Evan Osborne también la cuida. Creo que nunca llegaré a cuidarla como lo hace su familia, pero me esforzaré para alcanzarles.
Siempre se contuvo de manifestarse y había aprendido a expresarse de manera protectora y superficial para no herir ni ser herido. Había llegado a sentirse ajeno de sus propios recuerdos cuando su familia rememoraba alguna anécdota y esa fue otra razón por la que cada vez acudía menos tiempo a ver a sus padres.
La última vez, cuatro días atrás, había acudido incluso con Ramiro para sentirse menos fuera de lugar; aunque ahí también descubrió que su amigo no sabía nada de lo que su hermana sentía por él.
Con la sensación de repetir la misma historia, pero con perspectiva diferente; Fran observó a Stephanie bajar del coche con el bolso y una pequeña maleta de mano y entrar en un portal.
“Gracias por seguirnos, no sabía si ibas a entenderme”
Fran se contuvo de preguntar, ya que inmediatamente recibió otro mensaje bastante esclarecedor.
“Es el ático”
Su lado previsor salió de nuevo a la superficie.
—Baja y cenemos primero. —Le dictó al teléfono para enviarlo como mensaje.
Miró hacia la dirección del sentido de dirección de la calle y el coche de Evan no estaba ni se le esperaba. Tragó saliva y observó un hueco en el aparcamiento.
“¿Sabes si hay algún sitio cerca?” Recibió como mensaje.
Supo lo que eso significaba, el deseo culminaría en lo que ambos estaban esperando desde el sábado.
Alguien tan precavido, tan previsor como él; ¡dejándose llevar por un instinto primario!
Pero Stephanie aparece en su mente y las dudas se disuelven en el aire como humo.
Como humo ante él apareció Stephanie, acercándose al coche, un humo que no se disolvía y cayó en la cuenta de que era ella en realidad.
—My handsome blondie, ¿Hay algún restaurante cerca? —Stephanie se asomó por la ventana del copiloto con más picardía que hambre.
Fran no quiso esperar y salió del coche, ella se acercó a él y se fundieron en un apasionado beso sobre el capó del coche.
—Solo te creo a tí cuando me llamas así.
—¿Así cómo, Handsome?
—Beauty Fani. —Fran respondió incrustando la palabra en otro beso mientras la rodeaba con sus brazos.
—¿He bajado a la calle para buscarte? —Preguntó Stephanie cuando pudo tomar aliento.
Fran rió cuando se dió cuenta de que volvió a caer en la atracción que sentía por la mujer que él sostenía entre sus manos y que le sostenía a él de caer al vacío.
—¡No, perdona! —Fran seguía riendo mientras hundía la cara en la bufanda verde de Stephanie—. Compremos algo en algún local multiusos y lo cenamos en tu casa.
—¿Aquí hay “Seven Eleven”? En Paris no hay, y en London tampoco.
—Pues no lo sé. Si hay alguno, desde luego debería estar en este barrio. Es algo tan pijo que cabría esperar que estuviera en esta zona. —Fran dejó de ser cauto hablando y su reacción fue taparse la boca.
Stephanie puso una mano sobre la de Fran y negó con la cabeza.
—¿Pijo es rico? —Sonreía—. ¿Yo soy pija?
Fran entendió el motivo desinteresado por lo que su chica lo preguntaba.
—Pijo no es el que tiene dinero, es quien presume de tenerlo. —No vio que ella lo entendiera y se corrigió—. Ni tú ni Evan sois pijos, porque no vais enseñando vuestras cosas por el simple hecho de dar envidia, vosotros ayudáis y ofrecéis con la inteligencia de quien no se deja engañar.
Ella sonrió con amplitud, mostrando una sonrisa blanca en su piel de chocolate, que Fran encontró deliciosamente perfecta bajo la luz de la farola más cercana.
—Pero no nos demoremos más, que tengo hambre y no solo de cenar. —Fran procuró ser coqueto, pero sonó más gracioso de lo que pretendía.
Se levantaron del coche y Stephanie se mordió el labio intentando sujetar la risa.
Fran se abalanzó y le plantó un beso sorpresa.
—No hagas eso, que me nublas el juicio.
—My handsome blondie. —Stephanie se volvió a morder el labio, con diversión, picardía y deseo.
Fran se paró en seco y trajo a Stephanie hacia él con un simple movimiento para besarla con ardor.
—Déjame hacer bien las cosas, morena mía, que no me quiero arrepentir de absolutamente nada de lo que hagamos en el ático esta noche. Que si no quieres comprar la cena, a la farmacia sí que hay que ir.
—Esa propuesta me gusta cómo suena, my blondie.




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