Fran tenía a Stephanie abrazada por la cintura desde detrás mientras ella probaba las tres llaves del llavero.
—¿Han dejado de funcionar las llaves? —Se quejó mientras volvía a la primera llave por tercera vez.
—¿Quieres que te ayude? —Le susurró Fran al oído.
Él le tomó el llavero y colocó las llaves juntas y le señaló la punta; una plana, una con silueta en S y otra con silueta en Z. A continuación, señaló el cerrojo.
—¿Cuál es el reflejo del agujero? —Fran apoyó su barbilla en su hombro y dejó que lo hiciera ella.
—Espejo, vale. —Stephanie suspiró, comparó y escogió—. Es esta.
Abrió la puerta.
—Alexia —llamó a la domótica—, reproduce canciones románticas.
—Reproduciendo lista de canciones románticas.
—¿Lista? —Se extrañó Fran—. ¿Ya las tenías escogidas?
Stephanie lo negó.
—¿Evan? —Respondió.
—Cierto, que la casa es suya. —De repente, Fran empezó a sentirse incómodo—. Deberíamos haber ido a mi casa.
—¿Con Ramiro en casa? —Stephanie puso cara de asco—. ¡No, no!
Fran se rio con sincero descanso y sorprendió a Stephanie.
—No le vendría mal un poco de su propia medicina, la verdad. —Comentó Fran, según llegaban al enorme salón, sin haberse quitado los abrigos siquiera.
—Tú también tienes cascabeles, tu risa suena muy bonita.
Fran soltó la bolsa de papel mojado sobre la mesita de café y volteó a Stephanie para besarla.
—Vivimos un sueño juntos, de amor y de amistad… —Empezó a sonar Merche por los altavoces del hilo musical de la casa.
—Esta canción me recuerda al último año de colegio, justo antes de empezar el instituto. —Fran intentaba zafarse del abrigo y la bufanda sin separarse de Stephanie y fue en vano.
Ella se dio la vuelta con ese pase de vals que tanto la caracteriza y con soltura se deshizo de ambas bufanda en un simple giro de muñeca mientras se besaban.
—Alexia, siguiente. —Pidió al tomar aire.
—¡Qué soltura! —Exclamó Fran, justo antes de proseguir.
El calor empezó a subir sin remedio ni ganas de frenarlo. Los abrigos cayeron sobre el respaldo del sofá y alguno golpeó la bolsa, volcándola.
La caja de preservativos es lo único que asomaba.
Fran desvió la mirada y la atrapó con un solo movimiento.
—“Quizás fue Michael Bolton quien metió el dedo en la llaga” —Entonaba el hilo musical.
—Creo que esta canción describe una caída al vacío como la nuestra. —Consiguió decir Fran.
—Quiero escuchar. —Pidió Stephanie mientras aprovechaba para quitarse el jersey blanco sin mangas y cuello cisne.
Fran aprovechó para desabrocharse el pantalón mientras Melendi y Ha*ash sincronizaban sus voces.
—Somos nosotros. —Stephanie respiraba profundo y con los ojos húmedos.
Fran la notó rota, desnuda y rota, a punto de flaquear. Estiró los brazos bajo los de ella y la sostuvo más allá del abrazo.
—Eres el oro que cicatriza mis grietas, pero déjame ser el tuyo, Estefanía. —Susurró Fran con voz áspera y de la manera más franca que sabía.
—Dilo otra vez. —Imploró Stephanie.
—¿Qué quieres que te repita?
—Mi nombre, repítelo. —Stephanie se derrumbó en los brazos de Fran.
—¿Stephanie? —Él obedeció, algo confundido.
—Ese no. —Su voz sonó con una amarga carcajada.
—¿Prefieres que te llame Estefanía?
—Lo único que quiero tener en mi vida está en Madrid.
Fran la respondió con un beso más. Un beso que la silenció para que dejara de mutilarse.
—Creo que la canción nos describe más de lo que queremos admitir, pero no me importa que lo sepas, tú no. —Fran intentaba hablar de corrido para no dejarla infringirse más injurias—. Elisabeth era la más bonita del instituto, todos los chicos querían decirle algo, a mí me interesaba más la mecánica del lenguaje y la historia, aunque mi gusto tampoco desentonaba del resto. Me tomó como un reto y acabé seducido y desechado. —sonrió a Stephanie, que con la frente pegada a la suya, parecía tranquilizarse con su voz—. En la universidad conocí a Rita, era la cabeza más loca y volátil, pero se había fijado en mí, solamente para utilizarme como entretenimiento hasta que llegó su exnovio y volvió con él.
—¿Izzy y Avery?
—Isabel había sido mi mejor amiga desde el instituto, tanto ella como Ramiro han sido mis apoyos. Tanto ella como yo decidimos probar a salir juntos como pareja, pero nunca funcionó más allá de la amistad. Me presentó a Avery y la admiré desde el principio, Isabel se enamoró de Lola y cortó conmigo. Avery es admirable por su fuerza y su seguridad, pero nunca aspiré a más porque no es amor, ni siquiera amistad.
—Perdón. —Es lo único que Stephanie logró que saliera de su boca entre los sollozos.
—Perdón, ¿Por qué? —Fran la tomó suavemente de la barbilla para ver la hermosa arcilla de sus ojos.
—Es mucho sentimiento —No la salían las palabras—, y quiero decir tanto… pesa mucho y yo… me tropiezo.
—Te abruma, como a mí. —Fran se enderezó un poco, la besó y le sonrió—. Tú lo has dicho, lo haremos juntos.
Ella, con energías renovadas y ambos brazos sobre los hombros de Fran, le besó empujándole hasta tumbarle.
—Together. —Declaró Stephanie.
—For ever. —Respondió Fran.
Entre sollozos de entrega tan extrema, empezaron a colarse algún gemido, cada vez más frecuentes.
La música romántica del hilo musical encadenaba una canción tras otra mientras ellos bailaban tumbados sobre el sofá, fundiéndose en uno.
Si tomaban aliento para respirar, apenas se separaban unos pocos centímetros; donde el deseo de unirse en cuerpo, tanto como lo habían hecho ya en alma, les envolvía.
La noche les alcanzó abrazados, embriagados de su propia felicidad y con la cena sin tocar.
La alarma de Fran le trajo de vuelta a la realidad.
—¡Las siete, joder! —Intentó levantarse—. Fani, que ya es viernes.
Ella miró su reloj.
—Amazing! —Cayó en la cuenta—. Hoy Freddy conocerá a Tony.
Se levantó y se vistió con un precioso vestido negro con rosas rojas.
—La flor más bella de todas, vistiendo de las demás. —Fran fue lo más espontáneo que pudo.
Stephanie le tomó la cara con una mano y le plantó un beso.