Al llegar al bufete, pasaron la tarde entre papeles y revisando casos cerrados. Cuando ya era la hora de cerrar la oficina; al salir a la calle les esperaba una grata sorpresa.
—¡Fani, Sis! —Fran fue directo a abrazar a su chica—, ¡no esperaba encontraros al salir!
—¡Hola, Bro y compañía! —Nerea movió ligeramente la mano, sonriendo.
—¡Anda, la cuarta! —Ramiro bromeó haciéndose el enfadado.
—¿Qué pasó? —Se interesó Stephanie.
—La cucaracha, que le ha dicho a la gente del bufete que Ramiro y yo somos más que amigos. —Fran lo comentó con falta de interés, pues le daba igual.
Le dio un pequeño beso a Stephanie.
—Cómo será, que mi prima la ha creído a ella antes que preguntarme a mí. —Ramiro también parecía tomárselo a broma.
—Uy uy… —Nerea se puso delante de Ramiro— ¿te tengo que llamar Rosita, o sigues siendo Jacinto?
—No lo pillo. —Soltó Fran.
—¿Es una broma? —Cuestionó Stephanie.
—Yo tampoco lo pillo, Nerea. —Ramiro se puso serio.
—¡Flores, porque eres un capullo! ¿Era un chiste tan elaborado?
Fran y Ramiro se miraron, cuestionándose si era ese el adjetivo adecuado para esa broma tan mala.
—Nerea —Ramiro relajó el gesto, pero sin perder la seriedad—, ¿Te sigue gustando el verde real?
La chica ralentizó sus pasos, respirando más lenta y profundamente.
—¿Te lo he dicho alguna vez?
—No lo sé, supongo que sí. —Ramiro se encogió de hombros, dándole la espalda, pero dibujando una leve sonrisa en su cara, que sí vieron Fran y Stephanie.
—Interesante, muy interesante. —Fran abrazó a Stephanie por detrás y apoyó la barbilla en su hombro para caminar más cómodamente—. Mañana va a ser un día interesante.
—¿Va a ocurrir algo mañana? —Stephanie se reía al decirlo.
—Que vamos a ir los cuatro, mañana, a ver a los padres de Patricia. Y te tengo una sorpresa. —Fran lo comentaba muy alegremente y la besó en la mejilla.
—Pues la sorpresa del domingo no te la esperas, Bro. —Rio Nerea.
—Espera —Ramiro se giró hacia Nerea—, ¿Otra?
—¿Cuál es la primera? —Se interesó Nerea.
Ramiro llevó sus manos a la espalda y con la derecha agarró por completo el dedo anular izquierdo.
Ese gesto, que parecía significar el mismo secreto que guardaba ella, confundió a Nerea. Aceleró la marcha y se puso a la altura de Ramiro.
—Mañana hay sorpresa y el domingo también. —Enumeró Ramiro con sorna—. ¿A cuántas debemos asistir?
—¡Oye! —Nerea fingió ofenderse—, ¿te ofreces y ya no quieres ir mañana?
Ramiro sí que se ofendió y miró seriamente a Nerea.
—Me conoces y sabes que cumplo cuando me comprometo, con lo que me eches.
Los negros ojos de Ramiro mostraba decisión certera, sobre todo en la última parte, que marcó énfasis en mirarla.
Nerea se sorprendió de la seriedad repentina de Ramiro, pero no se amilanó y enseguida preguntó:
—¿Tú crees que me puedes decir vuestro secreto?
—Nerea, es por el anillo de la abuela —intervino Fran—, mañana se lo devolveré y hará las paces con la tía Marta.
—Rubio, no te entiendo. ¿Este anillo? —Stephanie levantó la mano izquierda en la que lucía el anillo en el dedo índice.
—¡Por eso tardaste tanto antes en la joyería! —Ramiro no se dio cuenta y lo soltó como un niño pequeño.
Nerea se dio cuenta al momento de lo que había insinuado Ramiro y se acercó a él para agarrarle del brazo y decirle el secreto que guardaba.
Fran y Stephanie se hicieron los despistados al ver a Ramiro sonrojarse tan súbitamente, pero Nerea no lo vio, o quizás no quiso verlo.
—Evan Osborne, el primo de Stephanie, ha organizado una boda doble para sí mismo y su prometida, y así se casa su prima también con Fran.
Stephanie notó en su espalda como aspiraba Fran, llenando sus pulmones de aire como si de esperanza se tratase; mientras Ramiro giraba su cabeza hacia la voz que le había dado esa noticia y quedando a menos de dos centímetros de la cara de Nerea.
—¿En serio?
Ambos se dieron cuenta, ambos se sonrojaron y a ambos se les aceleró el corazón. Nerea soltó a Ramiro con brusquedad y se apartó.
—Lo ha dicho en la visita que ha hecho en la discográfica junto al hermano de Stephanie. —Nerea lo comentó muy deprisa, casi atropellada.
—¿Entonces el domingo nos casamos, morena mía? —Preguntó Fran a Stephanie, todavía sobre su hombro.
Nerea, que se recompuso rápido, sacó un papel con un texto apuntado y lo leyó.
—Christopher Evan Osborne y Avery Barnaby Murphy, y, Stephanie Osborne y Francisco Gómez Lara, les complace invitarles a su humilde boda en la casa familiar.
—Pues entonces creo que no debemos guardar nosotros el secreto, ¿Eh, Ramiro? —Fran se elevó un poco para mirar a su amigo, y luego volvió a su lugar—. He comprado un anillo de compromiso para pedirte la mano formalmente, y no con un anillo que no me pertenece a mí solamente.
Nerea se interesó, metiendo sus manos en los bolsillos de Fran. Le provocó cosquillas y le hizo soltar a Stephanie, que se quejó.
—¡No te quites! —Stephanie agarró a Fran y se lo volvió a poner de fular.
Fran se volvió a acomodar en esa pose tan extraña como acogedora que era la de abrazar a su chica por detrás apoyando su barbilla en el hombro. Quería mantener esa sensación todo el tiempo posible y miró a los dos acompañantes.
—¿Os dejamos en casa?
Ramiro se asustó, pero Nerea tardó algo en entenderlo.
—¿Pero no vas a casa con Ramiro?
—Sis —Fran miró a su hermana con un atisbo de picardía—, ¿Tú crees que voy a querer pasar la noche lejos de mi venus de cacao?
La pregunta era un disfraz para una respuesta que era demasiado explícita para no entenderla.
Ramiro intentó serenarse de tanto susto y justo cuando se iba a ofrecer para acompañar a Nerea a casa, ella habló.
—No hace falta que me acompañéis, puedo ir sola a casa, que no está tan lejos. —Giró la cabeza hacia Ramiro—. Si os sentís más seguros, me puede acompañar el capullo este.