Contradicción

Cincuenta y nueve: ¿Cómo podría olvidarme?

Patricia se asomó por la puerta del chalé para abrir la verja. Y se sorprendió al ver tanta visita simultánea.
—¡Abuela! —Dio un abrazo a la mujer, ayudándola a subir las escaleras de la entrada.
Una niña de siete u ocho años se asomó por la misma puerta que Patricia.
—Mamá, ¿Quién es? —La niña miró uno a uno a todos los visitantes y reparó en la única cara que reconocía de la última semana—. ¡La princesa de chocolate!
—¡Hola, Eva! —Stephanie levantó tímidamente la mano que no le daba a Fran para saludar.
Fueron accediendo uno a uno a la casa, con la pequeña Eva sujetando la puerta principal. Cuando Stephanie entró tras Fran y agarrada de su mano, Eva sonrió.
—¿Eres la novia del primo Fran? ¡Mola!
Patricia volvió al porche por su hija.
—Eva, entra, que hace frío.
La niña señaló al asfalto y miró a su madre.
—¿La prima Nerea no pasa?
—¿Te acuerdas de la película que escribió papá? —Patricia entendió todo sin preguntar—. El novio de la prima es la princesa Anna y la prima Nerea es el niño Giovanni.
—¿Despierto al novio de la prima?
Patricia soltó una carcajada, y afirmó.
La pequeña Eva se acercó a Ramiro y le tiró del abrigo, sacándole del shock.
—Prima —Eva le llamó la atención—, si tu novio ya sabía que estás guapa, ¿Por qué se queda de piedra al verte?
—Eso quisiera saber yo, Eva. —Nerea se mostraba algo enfadada, aunque no estaba muy segura si era con Ramiro o con ella misma.
Nerea cogió de la mano a Ramiro y tiró de él hacia la casa, detrás de la niña.
—Nerea no está guapa. —Susurró Ramiro—. Es guapa; lo que está es espectacular.
—Ramiro, leche, céntrate.
Él levantó la vista y volvió a ver a la Nerea de siempre, la que siempre le picaba, la que se preocupaba por él, la que le había cautivado desde las sombras sin deslumbrar.
—No me esperaba una recepcionista tan joven. —Ramiro volvió a ser el de siempre.
—¿Te llamas Ramiro? —Preguntó la niña cuando él la alcanzó—. Tienes nombre de flor, es parecido.
—Lo seré. Al fin y al cabo, Nerea me llama capullo muy a menudo. —Ramiro se agachó un poco a la altura de Eva—. ¿Sabes lo que es un capullo?
—¡Claro que lo sé! —Eva se ofendió un poquito—. Alguien que hace cosas que no debe y también es una flor que no ha crecido del todo.
—¿Y cuál crees que soy yo? —Ramiro sonreía con diversión.
Eva le miró de arriba a abajo y no se cortó ni delante de Nerea.
—Las dos cosas. —Respondió.
—Ramiro es mi flor particular y yo soy su nereida. —Nerea interrumpió a la niña, tirando de Ramiro para que le diera ambas manos—. ¿Sigues siendo tan incisiva?
Eva entró tras ellos, cerrando la puerta.
—¿Te molestó que la niña dijera eso? ¡Pero si tú eres así conmigo todo el tiempo! —Expuso Ramiro en voz baja para que solo le oyera Nerea.
—¡Por eso! —Nerea sintió que se descubría y se intentó corregir—. Se supone que eres mi pareja, deberías beber los vientos por mí.
—Intento hacerlo sin dejar de ser yo mismo. —Ramiro se encogió de hombros con un poco de diversión en su tono—. Aunque he de admitir que me gusta que hayas recordado el detalle de las nereidas.
Nerea, algo más molesta, tiró de Ramiro y le atrajo para sí. Con unos veinte céntimos de distancia entre sus caras, a Nerea le hervía la sangre de rabia contenida y a Ramiro por su deseo de callarla con un beso.
—Si te resulta un incordio, al menos actúa. —Le ordenó Nerea.
Toda la escenita entre Nerea y Ramiro la habían observado Fran y Stephanie desde un rincón donde no estorbaban. La pareja se separó un momento y se juntaron cada uno con su amigo y se lo llevaron aparte.
—Nerea —Empezó Stephanie—, estás muy nerviosa. Debes relajarte y ser uno más. Estás atacando a Ramiro, y él solo ha venido para ayudarte a ti. A Fran, no; a ti.
—Le he visto ahí plantado y me he acordado de la película de Anastasia, perdona. Ha sido un lapsus.
Stephanie recordaba bien esa película y había tres o cuatro escenas en las que Ramiro podría ser el personaje de Dimitri perfectamente por su manera de mirar a la chica.
—Sé tú misma, no tienes que fingir nada.
—¿Y desengañar a mi padre? —Nerea apretó los labios—. No quiero que se sienta mal.
Stephanie miró un momento a Pedro, que charlaba animosamente con Julio, el padre de Patricia.
—Ya le están entreteniendo otros por ti. —Sonrió con amabilidad.
Nerea abrazó a su amiga y se acercó a Eva para jugar con la niña.
Stephanie acudió con Fran y se quitó la cazadora de cuero.
—Nerea intenta cubrir sus nervios con atacarte. —Le comentó a Ramiro, que aún seguía con su cazadora vaquera puesta.
—Si me ataca porque está nerviosa, yo diría que siempre lo está. —Ramiro resopló.
—Llévala aparte y dale el regalo. —Sugirió Fran.
—El piercing le gustará, seguro. —Intentó tranquilizarle Stephanie. Pero lo empeoró.
—Nosotros os vigilamos por si pasa algo, ¿Vale? —Fran sonrió y le guiñó un ojo a su amigo.
Ramiro afirmó, nervioso, y se acercó a Nerea.
—No quería ser descortés y te compré algo ayer, ¿Podemos hablar aparte?
Nerea, sorprendida, se sonrojó ante lo directo que fue Ramiro y aceptó sin poner objeción.
—Mamá me dijo que la pedida sería la vuestra. —Comentó Eva con desdén hacia la pareja.
Fran chistó a la niña para que no hablara y escuchara.
Ramiro le dio una cajita a Nerea y esta la abrió.
—¿Un piercing de mi color favorito? —Nerea se tapó la boca— ¿Cómo sabías que aún no se cerró la cicatriz?
—¿Y cómo podría olvidarme de que siempre cubres tu vientre hasta para tomar el sol en verano? —Ramiro la miraba con un cariño que ya no escondía, pero que ella aún no entendía.




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