La lluvia caía con fuerza sobre la ciudad cuando Sofía corría por la calle, empapada y desesperada.
Su vida se estaba desmoronando.
—No puede ser… —susurró, apretando el sobre que tenía en la mano.
Dentro estaba la notificación: si no pagaba la deuda de su familia en una semana, perderían todo.
Todo.
Sin casa. Sin futuro.
Sin esperanza.
Fue entonces cuando lo vio.
Un edificio enorme, elegante, imponente… como si dominara el mundo.
La empresa más poderosa de la ciudad.
Y dentro de ella… el hombre más peligroso.
Lucian Wolfe.
Un CEO del que todos hablaban… pero nadie conocía realmente.
Dicen que nunca sonríe.
Dicen que destruye a cualquiera que se interponga en su camino.
Dicen que es incapaz de amar.
Sofía dudó.
Pero no tenía opción.
Entró.
El ambiente dentro era frío, silencioso… perfecto.
Una recepcionista la miró de arriba abajo.
—¿Tiene cita?
—No… pero necesito hablar con el señor Wolfe.
—Imposible.
Antes de que Sofía pudiera insistir, una voz profunda se escuchó detrás de ella.
—Déjala pasar.
El aire cambió.
Sofía se giró lentamente…
Y ahí estaba él.
Alto. Elegante. Mirada oscura y penetrante.
Lucian Wolfe.
—Cinco minutos —dijo él, caminando sin mirarla—. No más.
Oficina del CEO.
Todo era lujo… pero sin calidez.
Lucian se sentó detrás de su escritorio sin invitarla a hacerlo.
—Habla.
Sofía tragó saliva.
—Necesito dinero.
Silencio.
—¿Y crees que soy un banco?
—No… pero sé que usted necesita algo también.
Por primera vez, él levantó la mirada con interés.
—Continúa.
Sofía apretó los puños.
—Un matrimonio.
El silencio se volvió pesado.
—¿Qué?
—He investigado… su empresa está en riesgo por temas legales. Necesita una imagen… estable. Una esposa.
Lucian la observó fijamente.
Como si pudiera ver cada pensamiento dentro de ella.
—¿Y tú crees que eres adecuada?
—No —respondió ella con honestidad—. Pero soy lo suficientemente desesperada como para aceptar cualquier condición.
Eso lo hizo sonreír… apenas.
—Interesante.
Se levantó y caminó lentamente alrededor de ella.
—Un año.
—Vivirás conmigo.
—Serás mi esposa frente al mundo.
—Y no te enamorarás.
Sofía sintió un escalofrío.
—¿Y el dinero?
—Pagado por adelantado.
El corazón de Sofía latía con fuerza.
Era una locura.
Pero también… su única salida.
—Acepto.
Lucian se detuvo frente a ella.
—No has escuchado todo.
Se inclinó ligeramente, su voz más baja… peligrosa.
—Una vez que firmes… no podrás irte.
Silencio.
Sofía dudó por un segundo.
Solo uno.
Luego…
—Acepto.
Lucian sonrió de verdad esta vez.
Y eso fue lo más aterrador de todo.
—Entonces… bienvenida a tu nueva vida, esposa.
Continuará....