El contrato estaba frente a Sofía.
Una hoja.
Solo una firma.
Pero esa firma cambiaría su vida para siempre.
—Léelo bien —dijo Lucian, observándola desde su silla.
Sofía recorrió cada línea con la mirada:
Matrimonio legal por un año.
Convivencia obligatoria.
Prohibido revelar la verdad.
Cláusula de permanencia: ninguna de las partes podrá romper el contrato antes del plazo establecido.
Sus manos temblaron.
—Esto es… extremo.
—Es necesario.
Sofía levantó la mirada.
—¿Por qué yo?
Lucian no respondió de inmediato.
—Porque no perteneces a mi mundo —dijo al final—. Y eso te hace útil.
Eso dolió más de lo que esperaba.
Pero aún así…
Firmó.
La boda
Todo ocurrió demasiado rápido.
Un vestido elegante.
Una ceremonia privada.
Unas pocas personas importantes.
Sin familia.
Sin amor.
Sofía caminó hacia el altar sintiendo que todo era irreal.
Lucian la esperaba, impecable como siempre… pero completamente frío.
—Recuerda —susurró él cuando ella llegó a su lado—. Solo es un papel.
Pero cuando sus manos se tocaron…
Algo cambió.
Un segundo.
Una chispa.
Y ambos lo sintieron.
—Los declaro marido y mujer.
Lucian acercó su rostro al de ella.
—No lo hagas real —susurró.
Pero cuando la besó…
No fue falso.
No del todo.
La mansión Wolfe
Esa misma noche.
Sofía entró a la enorme casa donde viviría ahora.
Lujo. Silencio. Soledad.
—Tu habitación está al final del pasillo —dijo Lucian.
—¿Separadas?
—Obviamente.
Sofía asintió, intentando ignorar el pequeño… decepcionante sentimiento en su pecho.
Pero cuando caminaba hacia su habitación…
Una mujer apareció.
Alta. Elegante. Perfecta.
—Así que tú eres la “esposa” —dijo con una sonrisa fría.
Sofía frunció el ceño.
—¿Quién eres?
La mujer cruzó los brazos.
—Alguien que conoce a Lucian mejor que tú jamás lo harás.
Lucian apareció detrás de ellas.
—Clara. No empieces.
Clara.
El nombre quedó grabado en la mente de Sofía.
—Solo vine a felicitarte —dijo Clara, acercándose demasiado a Lucian—. Aunque todos sabemos que esto no durará.
Sofía sintió algo extraño en el pecho.
¿Molestia?
¿Celos?
No tenía derecho a sentir eso.
¿O sí?
Esa noche
Sofía no podía dormir.
Todo era demasiado.
El matrimonio.
La mansión.
Clara.
Lucian…
De repente, escuchó pasos.
La puerta se abrió.
Era él.
—No puedes dormir —dijo Lucian, apoyado en el marco.
—No es fácil casarse con un desconocido.
Él la observó en silencio.
Luego entró.
—Tampoco lo es para mí.
Se acercó lentamente.
Demasiado.
—Pero hay algo que debes entender, Sofía…
Su voz bajó.
Su mirada se volvió intensa.
—No me gusta compartir lo que es mío.
El corazón de Sofía se aceleró.
—Esto es un contrato.
—Lo sé.
Se inclinó un poco más.
—Pero eso no significa que no haya reglas… no escritas.
Silencio.
Tensión.
Algo peligroso creciendo entre ellos.
—Mantente alejada de otros hombres.
Sofía levantó la barbilla.
—¿Celoso?
Lucian sonrió apenas.
—No.
Pausa.
—Pero podría serlo.
Continuará...