Contrato con el Rey de las Sombras

Capítulo 4 — Sangre bajo el contrato

La mañana después

La luz del amanecer entró sin permiso por las cortinas.

Pero la casa no parecía más tranquila.

Al contrario.

Ahora todo tenía un peso distinto.

Ella no bajó a desayunar.

No porque no pudiera…

sino porque ya no sabía en qué mundo estaba viviendo.

Un golpe en la puerta

—Abre.

La voz de él no era fuerte.

Pero no necesitaba serlo.

Ella dudó unos segundos antes de girar el picaporte.

Cuando abrió, lo encontró igual que siempre:

impecable… pero distinto.

Como si la noche anterior hubiera dejado una sombra invisible en su ropa.

Conversación sin escape

Él entró sin esperar permiso.

—Anoche no debiste ver eso —dijo.

Ella cruzó los brazos.

—No debiste esconderlo.

Silencio.

El aire se volvió más denso.

—No entiendes lo que viste —respondió él.

—Entonces explícamelo.

Pausa.

Demasiado larga.

Demasiado peligrosa.

La verdad parcial

Él caminó hacia la ventana.

—No es una empresa normal.

Ella no respondió.

—Ni una vida normal.

Se giró.

La miró directamente.

—Y tú estás aquí porque alguien decidió que era necesario.

Palabras que pesan

—¿Necesario para quién? —preguntó ella.

Él no contestó de inmediato.

Eso ya era una respuesta.

Ella dio un paso adelante.

—No soy un objeto.

Sus ojos se endurecieron apenas.

—No dije eso.

—Pero me tratas como si lo fuera.

Silencio.

Una alerta inesperada

Un sonido interrumpió todo.

Un teléfono.

El de él.

Solo una palabra en la pantalla:

“Problema”

Su expresión cambió.

No mucho.

Pero suficiente.

El mundo se rompe otra vez

Él guardó el teléfono.

—No salgas de aquí.

Ella lo siguió con la mirada.

—¿Qué pasa?

—No es tu asunto.

—Ahora todo aquí es mi asunto.

Pausa.

Él la miró por un segundo largo.

Luego habló.

—Alguien quiere entrar a esta casa… sin invitación.

El primer ataque

Antes de que pudiera responder, un estruendo se escuchó a lo lejos.

Cristal rompiéndose.

Luces parpadeando.

Pasos rápidos afuera.

Ella retrocedió instintivamente.

—¿Qué está pasando?! —su voz salió más alta de lo que quería.

Él ya estaba en movimiento.

Rápido.

Preciso.

—Quédate detrás de mí.

La verdad sin filtros

La puerta principal se abrió de golpe.

Y el sonido de disparos llenó el aire.

Ella se quedó congelada.

El mundo ya no parecía real.

Solo caos.

Solo peligro.

Solo él… entre ella y todo lo demás.

Él ya no era CEO

Se movía diferente.

Ya no era oficina.

Ya no era contrato.

Era otra cosa.

Una que no necesitaba explicación.

Solo control.

El momento crítico

Uno de los intrusos apareció en el pasillo.

Demasiado cerca.

Ella no tuvo tiempo de reaccionar.

Pero él sí.

Un movimiento rápido.

Un impacto seco.

Y el atacante cayó.

Silencio inmediato.

Ella respiraba rápido.

El corazón golpeándole el pecho.

Lo miró.

Ahora ya no había duda posible.

Ese hombre no solo tenía secretos.

Tenía enemigos.

Y ella… ya no era una espectadora.

Era parte del campo de batalla.




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