Contrato con el Rey de las Sombras

Capítulo 8 — Bajo la mirada del enemigo

Silencio absoluto

Ella no se movió.

El aire parecía haberse detenido dentro de aquella sala de control.

Pantallas encendidas.

Mapas marcados.

Su nombre todavía visible en el sistema.

Y detrás de ella… su voz.

Él aparece

—Te dije que no entraras.

No había grito.

No había furia evidente.

Solo esa calma peligrosa que siempre significaba lo peor.

Ella por fin se giró.

Lo vio.

Y entendió algo de inmediato:

no era la misma persona que conocía en el resto de la casa.

Dos mundos, una sola persona

—Explícame esto —dijo ella, señalando la pantalla.

Él no respondió al instante.

Cerró la puerta.

Con seguro.

Luego avanzó un paso.

—No era para que lo vieras.

—Ya lo vi.

Silencio.

La verdad sin filtros

Él la observó como si midiera cada palabra.

—No estás aquí por casualidad.

Ella frunció el ceño.

—Eso ya lo sé.

—No.

Pausa.

—No lo sabes todo.

El nombre en la pantalla

Ella volvió a mirar el sistema.

Su expediente.

Su vida resumida como un archivo.

—¿Qué significa “protección directa”? —preguntó.

Él no apartó la mirada.

—Significa que hay gente que quiere matarte.

El impacto

El aire se volvió pesado.

Ella retrocedió un paso.

—Eso no tiene sentido…

—Sí lo tiene.

Él caminó lentamente hacia el panel.

—Porque no te eligieron a ti.

Pausa.

—Me eligieron a mí.

El verdadero problema

Ella lo miró, confundida.

—¿Qué estás diciendo?

Él la observó por unos segundos largos.

Y entonces lo dijo.

—Eres el punto de presión.

Silencio.

—Si te rompen a ti… me rompen a mí.

Algo cambia dentro de ella

No era miedo lo que sintió primero.

Era rabia.

—Entonces todo esto… —su voz tembló— ¿es por ti?

Él no lo negó.

Eso fue suficiente.

Distancia peligrosa

Ella dio un paso hacia él.

—Me usaste.

Él no retrocedió.

—Te protegí.

—Eso no es lo mismo.

Silencio.

El ambiente entre ambos se volvió tenso otra vez.

La grieta se abre

Por primera vez, él pareció dudar.

No en lo que decía.

Sino en cómo decirlo.

—Si no hubieras firmado ese contrato… ya no estarías aquí.

Ella lo miró fijo.

—¿Y si prefiero no estar protegida?

Pausa.

—¿Qué harías?

El silencio fue la respuesta más peligrosa.

Porque él no contestó.

Solo la observó.

Y por primera vez, la línea entre protección y control dejó de ser clara.

Y ella entendió algo aún peor:

salir de ese mundo no dependía de firmar un papel…

sino de sobrevivir lo suficiente para dejar de ser necesaria.




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