Bebo un vaso de agua mientras intento asimilar todo lo que está pasando. Lo que mi supuesto esposo me contó, la conversación con Sunny y el hecho de que mi vida acaba de desaparecer para convertirse en la de otra mujer.
Sunny tampoco entiende cómo pudo ocurrir algo así ni por qué yo no tengo los recuerdos de la otra Lana.
Y lo peor de todo es que mi verdadero cuerpo está muerto. Supuestamente sufrí un paro cardíaco al volver de la fiesta de cumpleaños.
Qué trágico morir así. Uno bebe esperando tener resaca, no morir de un paro cardiaco.
En este momento mi familia debe de estar llorando mi muerte y organizando mi entierro. Hasta Sunny lloraba desconsolada cuando la llamé.
De momento solo ella y Zion conocen la verdad.
—Estoy metida en el cuerpo de una mujer sin recuerdos y mi cuerpo está en la morgue.
Sunny me acaricia el brazo y luego me da unas palmaditas suaves.
—Te entiendo mejor que nadie.
Bajo la vista hacia las manos que ahora son mías. Son más delgadas, de dedos largos y uñas perfectamente cuidadas. Todavía me resulta extraño verlas.
—Dejé de ser una morena guapa para convertirme en una rubia flaca de clase alta. Me encantaba mi aspecto y morí a los treinta años.
—Al menos sigues aquí. —Me rodea con los brazos durante un instante y luego se aparta—. Yo me desmayé cuando Ryan me llamó. Menos mal que Harry estaba en su cuna y Zion estaba conmigo para atenderme.
Le devuelvo una sonrisa triste.
—Lo peor es que no sé nada de esta vida porque no tengo ningún recuerdo. Solo sé que esta Lana lleva cinco años casada con el guapote que viste cuando llegaste. Tienen un hijo de cuatro años y murió de un paro cardíaco provocado por el estrés. Eso es todo lo que sé.
Sunny frunce el ceño.
—¿De qué trabaja?
—Trabajaba, recuerda que está muerta. Yo no pienso ocupar su puesto. Era una ejecutiva importante en una empresa y no tengo idea de cómo dirigir un negocio. Sin sus recuerdos sería imposible fingir que soy ella.
Sunny sonríe.
—No puedes dejarme sin mi especialista en marketing.
Le tomo la mano.
—No lo haré. Diremos que me contrataste como la nueva encargada de marketing porque yo Lana morí.
Ella asiente enseguida.
—Me parece un buen plan. ¿Entonces vas a renunciar?
—Por supuesto. Casi se mata trabajando, así que nadie verá raro que decida descansar un tiempo. Además, no puedo quedarme sin hacer nada. Trabajaré contigo. Yo sí sé disfrutar de un fin de semana y dormir ocho horas sin sentir culpa—me encojo de hombros y una idea vuelve a cruzarme la cabeza—. Aunque sigo sin entender por qué mi propio cuerpo decidió abandonarme.
Sunny suspira.
—Te lo has tomado mucho mejor que yo.
—Porque viví todo esto contigo. Si no fuera por eso, ahora mismo estaría convencida de que me volví loca.
Ella suelta una risa.
—Mira el lado bueno. Tu esposo parece amable y realmente está preocupado por ti. Yo desperté al lado de un témpano de hielo que además tenía una falsa amante.
No puedo evitar sonreír.
—Ese témpano terminó derritiéndose. Ahora hace todo lo que le pides sin rechistar y hasta se levanta de madrugada para cuidar a Harry mientras tú duermes.
Sunny resopla con una sonrisa.
—Es verdad. A veces todavía me sorprende—después vuelve a mirarme—. Quizá tú también tengas suerte con tu esposo.
Niego con la cabeza.
—No es mi esposo. Era el de la otra Lana. No se casaron por amor. Una noche bebieron demasiado, ella quedó embarazada y terminaron casándose. Por lo que entendí, llevan años haciendo cada uno su vida.
Sunny levanta una ceja.
—¿Y qué piensas hacer?
—Sobrevivir. Por muy guapo que sea, no tengo ganas de lidiar con el marido de otra mujer—me acomodo contra el respaldo de la cama y dejo escapar el aire lentamente—. Ni siquiera puedo convertirme en una divorciada millonaria dentro de un año. Tengo que esperar ocho años más.
—Lana debía tener dinero.
—Todavía no tuve tiempo de averiguarlo. Espero que sí. Yo tengo mis propios ahorros, pero considero que merezco algún tipo de compensación por mantener este cuerpo funcionando y tener que hacerme cargo de un esposo y un hijo que ni siquiera conozco.
Sunny se ríe.
—Conociéndote, seguro encuentras la manera de cobrar esa compensación.
—Disculpen.
Las dos giramos la cabeza al mismo tiempo, esperando que él no haya escuchado nuestra conversación, sino definitivamente me pondrán camisa de fuerza.
Mi nuevo esposo permanece junto a la puerta con el teléfono en la mano.
—Debo volver a la oficina. Tu madre llegará dentro de un rato.
Parpadeo.