Nunca imaginé estar presente en un homenaje a mi memoria, pero aquí estoy, escuchando lo querida que era y lo mucho que me van a extrañar.
Sunny evitó que se hiciera un funeral porque dijo que era algo que yo no habría querido. No tenía sentido alargar las cosas cuando, en realidad, yo estoy viva en otro cuerpo. Yo no tuve el valor de ir a ver mi propio cadáver, a diferencia de ella, que sí fue a ver el suyo. Todavía no sé si fue valentía o una forma particularmente cruel de comprobar que aquello estaba ocurriendo de verdad.
Dejé de ser una castaña alta para convertirme en una mujer de un metro sesenta y dos, con cabello rubio que necesita mantenimiento y visitas frecuentes a la peluquería. Odio pasar horas en la peluquería, así que esta nueva vida ya empezó con una desventaja importante.
Sunny, Zion y Jill son los únicos que saben toda la verdad. Los tres tienen que fingir tristeza por mi partida inesperada mientras yo estoy aquí, sentada entre personas que lloran a una mujer que ya no existe.
El que está desconsolado es Ryan. Es mi mejor amigo gay y fue quien quiso organizar esto para despedirme.
Cuando lo vi entrar, tuve que apretar las manos sobre el regazo para no levantarme y correr hacia él. Estaba demacrado, con los ojos hinchados y la expresión de alguien que llevaba varios días durmiendo poco. Quise abrazarlo, decirle que estaba viva, que todo estaba bien y que dejara de llorar de una vez, pero no sabía cómo se lo iba a tomar. Podía creerme o pensar que la muerte de su mejor amiga le había provocado una crisis nerviosa. También existía la posibilidad de que me llevara a bañarme en agua bendita.
Ryan es muy sensible y no sé si soportaría descubrir que su mejor amiga murió y, al mismo tiempo, sigue viva en el cuerpo de otra mujer. Lo último que deseo es que le dé un paro cardiaco y su alma termine en otro cuerpo. Ya tenemos suficientes problemas sin añadir otro cambio de identidad a la familia, así que me contuve y permanecí sentada, intentando no mirarlo demasiado.
Él preguntó quién era yo y por qué había venido, y Sunny me salvó diciendo que había hecho amistad conmigo porque estaba a punto de empezar a trabajar en el mismo rubro que Lana. Ryan aceptó la explicación sin insistir demasiado, aunque me observó durante unos segundos antes de volver a prestar atención a las personas que hablaban de mí. Eso fue peor, así que preferí mirar hacia otro lado.
—¿Te sientes mal por estar en el cuerpo de otra persona? —murmura Jill.
La miro y niego con la cabeza.
—Me siento mal por no estar en mi cuerpo —hago una mueca—. Amaba mi cuerpo.
Jill ríe bajito y se tapa la boca para que nadie la escuche. Después mira alrededor, comprueba que nadie nos está prestando atención y vuelve a acercarse.
—¿No sientes que le robaste la vida a otra persona?
—No.
Jill arquea una ceja.
—¿Así de fácil?
—Entiendo que eso te pasó a ti y también a Sunny, lo cual es comprensible porque tanto tú como la Jill de ese cuerpo parecían buenas personas que no merecían morir. Bueno, tú no moriste, pero entiendes lo que quiero decir.
—Entiendo.
—La cuestión es que la Lana de este cuerpo era una pésima madre, tenía un esposo solo para que se viera bien en su currículum e ignoraba a su madre, que solo se preocupaba por ella. Su vida era el trabajo y murió por no hacerle caso al médico cuando le dijo que cuidara su salud, así que no es mi culpa que muriera. No es que diga que se merezca estar muerta, sino que fue consecuencia de sus propias decisiones. Yo no pedí entrar en su cuerpo, así que tampoco acepto reclamos ajenos.
Jill asiente lentamente y sonríe.
—Eso es bueno. Sunny pasó mucho tiempo con un lío mental.
—Yo no. No tengo recuerdos de la otra Lana, por lo que para mí es seguir siendo yo misma en otro cuerpo, con un esposo y un hijo añadidos que, hasta ahora, no están nada mal.
—¿De verdad?
—Atlas es algo distante y poco hablador, pero se interesa. He visto que quiere acercarse a Oliver, solo que no sabe cómo. Oliver es bastante travieso y algo engreído, pero es buen niño. Solo quiere atención y eso se puede corregir.
Jill me observa durante unos segundos, todavía con esa sonrisa que intenta ocultar.
—Es bueno verte tranquila. Yo estaba histérica y estuve confundida por un buen tiempo.
Me encojo de hombros.
—Estresarme no soluciona nada. Solo produce arrugas y las odio, así que voy a aprovechar esta vida para evitar que el niño se convierta en un mal hombre. No sé por qué, pero siento una conexión con él y quiero hacer las cosas bien.
—¿Usarás el dinero de tu esposo?
Sonrío.
—Ella tiene su propio dinero. Una buena cuenta bancaria que puedo unir con la mía. Además, pretendo seguir trabajando. Atlas no le daba dinero a Lana porque ambos tenían lo suyo y firmaron un contrato prenupcial donde establecieron que, ante un divorcio, cada uno conservaría sus bienes. O sea, que si me divorcio de él, no saco nada más que la casa donde vivimos ahora.
—Al menos no te niegas a usar el dinero de la otra Lana. Sunny se sentía incómoda usando el dinero que supuestamente era mío.