Contrato con la esposa equivocada

Capítulo 10: Lana

—¿Por qué no le preguntas a Atlas directamente? —me dice Sunny.

—Porque pensará que estoy celosa. No quiero que piense que me estoy enamorando de él o algo parecido. Yo quiero su cuerpo, no su corazón.

Ella ríe.

—Aun así, sería más simple que estar haciendo de detectives sin saber por dónde comenzar.

—Solo quiero saber qué papel cumple esa Karen en la vida de Atlas. No espero que la deje, solo que no acapare toda la atención, aunque la idea de compartirlo no me gusta para nada.

—Tal vez no sea una amante, sino una amiga o conocida.

Enarco una ceja porque también lo he pensado. Ayer se fue por la tarde, dijo que cenaría fuera, pero volvió apenas unas horas después. O se saltaron la cena o la ronda después de comer no fue muy larga.

Estuve tentada de preguntarle a dónde fue y usar a Oliver como excusa, pero me mordí la lengua porque no estaba segura de que Oliver dijera algo que me hiciera quedar como tonta. Dicen que quien no arriesga no gana, pues yo creo que quien arriesga a veces puede meter la pata y quedar mal, así que no siempre hay que arriesgar.

—¿Le dirías cariño a Kai en un mensaje?

—Por supuesto que no. Es mi amigo y el esposo de una amiga.

—Exacto. Aunque esa Karen no sea mi amiga, Atlas es casado y yo no lo llamaría «cariño» a menos que hubiera una relación íntima.

—¿Cómo planeas averiguar quién es? ¿Revisarás su teléfono?

—No averiguaré quién es. Solo seguiré con mi plan de seducción. Una vez que consiga llamar su atención, se olvidará de esa Karen.

—¿Tanta fe te tienes?

Asiento.

—Tendría más fe en mi propio cuerpo, pero puedo manejar este. Aunque solo debo hacer que él dé el primer paso, pues así estoy segura de que no me rechazará.

—¿Y ya tienes algo planeado?

Sonrío con picardía.

—La casa tiene cinco habitaciones. Si puedo inhabilitar dos de ellas, podremos compartir habitación.

Sunny ríe.

—Amiga, tú y tus planes. ¿Recuerdas lo que pasó con el chico guapo de la pensión en la que vivimos antes de ser adultas trabajadoras?

Desvío la mirada.

—Eso fue un error técnico. Ahora soy diez años más madura y tengo experiencia.

Ella niega con la cabeza.

—¿Y cómo planeas inhabilitar esas dos habitaciones?

Suspiro.

—No lo sé. He pensado hasta ahí. No me presiones. Todo tiene su tiempo.

Se ríe y se pone de pie.

—Muero por saber cuál es tu plan.

—Yo también —digo mientras me pongo de pie—. Ya debería irme. Tengo que regresar a pensar cómo hacer que mi esposo me seduzca y piense que fue su idea.

Sunny, como buena amiga, dice que intentará pensar en algo para ayudarme. Yo sabía que, aunque se casó y es madre, no me abandonaría en mis locuras.

Agarro mi bolso y salimos juntas, pero ella me detiene tomándome del brazo.

—Espera, te olvidas…

—¿Qué? —Miro hacia el interior—. ¿Me olvidé a Oliver de nuevo? —Alzo la mano para impedirle hablar—. No, no lo traje. ¿Verdad?

Sunny se echa a reír.

—Estás traumada con olvidar a tu nuevo hijo.

—Decidí quedarme para que tenga una buena madre y ahí fui a olvidarlo en una tienda. Al final terminaré siendo peor que su madre biológica.

—Ya, cosas que pasan. Zion dejó caer a nuestro hijo y ahora lo agarra con miedo y le pide perdón con cada movimiento. —Niega con la cabeza—. Apenas cayó encima de la cama, ni lo sintió.

—No puedo juzgarlo.

—Tranquila, te estás olvidando tu computadora. Tienes que terminar el nuevo plan de marketing para mi nueva línea de ropa.

—Genial. No es mi hijo, así que da igual.

Entro en la pequeña oficina, agarro la laptop y vuelvo a salir. Me despido de Sunny con un abrazo y subo a mi nuevo auto de último modelo. Aunque gracias al trabajo que me ha dado Sunny pude comprarme un auto decente, definitivamente manejar un deportivo que no podría pagar ni vendiendo alguno de mis órganos es mucho mejor. Al menos la otra Lana se fue sin llevárselo, porque de haberlo hecho se lo habría reclamado.

No solo me dejó un niño con miedo al abandono, sino un esposo guapo con el que todavía no sé qué hacer, así que lo menos que podía hacer era compensarme.

Mientras conduzco de regreso a casa, pienso en cómo hacer que Atlas comparta habitación conmigo sin parecer sospechosa.

Parezco una mujer obsesionada con el asunto pensando así, y es tan injusto, porque si estuviera en mi cuerpo habría ido a tomar algo con Ryan para pasar el rato y olvidarme de todo, tal vez beber un poco, aunque no suelo beber en días laborales salvo que sean ocasiones especiales.

También podría estar conociendo a alguien en un bar para pasar el rato, pero no, estoy aquí pensando en cómo acercarme a mi esposo y competir con una posible amante que seguro tiene curvas y sabe como llamar la atención.




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