Contrato con letra chica

Prólogo: Sala de juntas, 9.00 a.m.

Maëlys

9.00 a.m. Mi primer día. Llegó dos minutos antes porque Google Maps decidió cooperar y la lluvia de ayer no me arruinó el único blazer decente que tengo.

RRHH me avienta a la sala de juntas con un : Pasa, te presentamos al equipo ”.

No me dice que el equipo son seis personas + un tipo trajeado que parece que desayuna despidos y tiene mi nombre mal escrito en ta frente.

Entro. Él está de juntó al proyector. Placa en la mesa: Maël Garnier, Director de Estrategia.

Maëlys. Maël.

Donzel. Garnier.

Entiendo el problema antes de que nadie hable.

Clariscce de RRHH aplaude como si esto fuera revelación de género

—Chicos, ella es maëlys Donzel, nueva estratega senior. Le reporta directo a Maël Garnier.

Silenció del tipo que solo pasa cuando alguien se tira un pedo en el elevador o cuando anuncias que se cancela la posada.

Diego de contabilidad, con gemelos color mostaza, levanta la mano:

—Perdón la indiscreción... pero maëlys Donzel, Maël Garnier. ¿Ustedes son hermanos y nadie nos dijo? ¿Es como... reveló generacional?

Me trago la risa. Me trago el café. Me trago las ganas de decir ”Si, soy la oveja negra ”.

Miró al tal Maël. Espero que lo desmienta él, por qué si lo hago yo va a sonar a qué me lo tomé personal.

Él no me mira. Mira su reloj.

—Empezamos—dice.

Y así sin más, me gano el rumor de parentesco, una junta de 40 minutos donde nadie oye los KPIs, y una cita a su oficina cuando termine.

Bienvenida a Garnier & Co.

Ya odio la cláusula 8.2 y ni siquiera la he leído.

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Maël

8:58 a.m. Reviso la lista de pendientes.

1. Junta de inducción.

2.Evitar que RRHH haga presentaciones con tambor.

3.No contratar a nadie con mi nombre.

8.59 a.m. Fracaso en el punto 3.

Entra ella. Maëlys Donzel. El CV decía “puntual, proactiva, analítica ”. El CV no decía “tiene mi nombre con una letra de más y va a incendiar en piso uno.

Clarisse la presenta usando mi nombre completo. Dos veces. Cómo si estuviera subastándome.

—Le reporta directo a Maël Garnier.

Cuanto tres segundos antes de que Diego, haga la pregunta que ya vi venir desde que leí “Donzel” el miércoles:

—¿Ustedes son hermanos?

La miro medio segundo. Tiempo suficiente para notar que aprieta el termo contra el pecho como escudo. Tiempo suficiente para cometer el error de pensar que se ve menos nerviosa de lo que estoy yo

—No —digo.

Cortó. Quirúrgico. Si explicó, pierdo.

—No. Coincidencia —repite ella, y luego añade algo de sus papás, la letra M y un perro llamado Manuel.

Dos personas se ríen. Clarisse escribe. Yo abro el deck en la página 3: Transparencia.

La junta es un desastre. Nadie apunta números. Todos apuntan mentalmente nuestro parecido. No lo hay. Ella mide 1.70 con botas. Yo 1.90 descalzo. Ella es castaña . Yo... no importa.

9:40 a.m. Cierro la laptop.

—Donzel, mi oficina.

Lo digo alto. Lo oyen todos.

Error de novato. Acabo de alimentar el rumor que intentaba matar.

Se va la gente. Clarisse se queda atrás y me deja una carpeta sobre el escritorio sin decir nada. La abro.

Contrato de maëlys Donzel. Página 6. Cláusula 8.2 subrayada tres veces. Con amarillo.

Se prohíben las relaciones efectivas entre empleados con vínculo jerárquico directo.

No la subrayé yo.

La subrayó clarisse.

Y todavía no sé si es advertencia para ella, para mí, o para los dos.



#5106 en Novela romántica

En el texto hay: romance de oficina

Editado: 11.04.2026

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