Maëlys
8:57 a.m. Me planto frente a la puerta de la Sala de Juntas 3.
En mi mano: un termo de café, mi carpeta con 5 copias de mi CV porque soy esa persona, y un nudo en el estómago que dice “renuncia mientras puedas ”
Repaso mentalmente mi discurso: “Hola, soy Maëlys Donzel, feliz de unirme al equipo, traje galletas”.
Adentro: seis caras desconocidas, una mesa demasiado larga, y él.
Maël Garnier. No se parece a la foto de LinkedIn. En LinkedIn no se ve que mide 1.90, que usa un Casio que probablemente sincroniza satélites, ni que tiene esa forma de arquear una ceja que dice “llegaste 12 segundos tarde” aunque llegaste temprano.
La placa en la mesa confirma mis sospechas: _Maël Garnier, Director de Estrategia_.
Maëlys. Maël.
Donzel. Garnier
Si esto fuera una película, aquí pondrían música de suspenso. Clarisse de RRHH aparece detrás de mí como si me hubiera teletransportado. Lleva tacones que no suenan y una carpeta que sí da miedo.
—Perfecto, ya están todos —dice con voz de animadora de crucero—. Ella es Maëlys Donzel, nueva estratega senior. Le reporta directo a Maël Garnier.
Lo dice así. Remarcado. “Le reporta directo a Maël Garnier”. No dice “se une al equipo”. No dice “bienvenida”. Me acaba de poner un blanco en la frente con su nombre.
El silencio que sigue es de esos que hacen que escuches el aire acondicionado.
Diego, de Contabilidad, lleva gemelos color mostaza y el tacto de un martillo. Levanta la mano como si esto fuera clase de primaria:
—Oigan, perdón, pero… Maëlys Donzel, Maël Garnier. ¿Ustedes qué son? ¿Hermanos? ¿Primos? ¿Es plan de sucesión y no nos invitaron al bautizo?
Se me atora el café. No me lo tomé, se me atora igual.
Miro a Maël buscando que diga algo. Cualquier cosa. “No” sería suficiente. “Jajaja qué ocurrencia” también me sirve.
Él consulta su reloj. No me mira.
—Empezamos —dice.
Una palabra. Me acaba de dejar sola frente a seis personas que ya están diseñando el árbol genealógico en sus cabezas.
Decido salvarme sola. Mal plan.
—No —digo, y me sale un gallo—. Coincidencia. Mis papás son muy fans de la M. Tengo una prima Maïwenn, casi le pongo Manuel a mi perro, y en Starbucks siempre escriben “Mel” en mi vaso. Es un tema.
Creativo se ríe. Medios también. Maël abre el deck en la página 3 como si quisiera taparme con un gráfico de barras.
Página 3: _Valores de Garnier & Co: Transparencia, Respeto, Compromiso_.
Transparencia: cero, porque Diego ya está escribiendo en Slack. Lo veo desde aquí.
Respeto: Maël no me ha mirado desde el “Empezamos”.
Compromiso: el mío con no salir corriendo.
La junta dura 40 minutos con 12 segundos. Los conté. Maël dice “siguiente slide” cada que alguien hace contacto visual conmigo. Yo me dedico a memorizar cuántas veces Clarisse subraya cosas en su libreta. Van 17.
9:38 a.m. Maël cierra la laptop. No la azota, pero el sonido dice “se acabó la fiesta”.
—Dudas, a mi correo. Donzel, mi oficina. Ahora.
No es pregunta. No es sugerencia. Es una orden con mi apellido.
Me paro. Me tiemblan las rodillas pero finjo que es el aire acondicionado. Olvido mi termo en la mesa. _No soy de mañana_, dice la calcomanía. Hoy tampoco soy de rumores ni de juntas de inducción.
Clarisse me alcanza en la puerta. Mágica. Aterradora. Me pone mi contrato en las manos.
—Página 6 —susurra—. Cláusula 8.2. Léela. En serio.
La miro. Por primera vez me sonríe. Siento que acabo de firmar mi sentencia de muerte.
Camino por el pasillo. Diez pasos hasta su oficina. Seis pares de ojos en mi espalda. Diego ya tiene el celular afuera “por si las dudas”.
9:40 a.m. Día uno.
Estado civil: soltera.
Estado laboral: citada por el director.
Estado con Maël Garnier: oficialmente no somos familia, extraoficialmente soy la trama del grupo de WhatsApp “Chisme Co”.
Toco su puerta. Está abierta.
Él ya tiene mi contrato en su escritorio.Y un resaltador amarillo en la mano.
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Maël
8:55 a.m. Reviso la agenda por tercera vez.
9:00 a.m: Presentación de nueva estratega senior.
9:01 a.m: Arrepentirme de no haber vetado nombres que empiecen con M.
8:57 a.m. La veo por el cristal de la sala. Está afuera, cuadrando los hombros, hablando sola. Trae un termo y una carpeta con demasiadas copias de su CV. Nerviosa. Bien. Nerviosa significa que lee los contratos.
8:59 a.m. Clarisse aparece de la nada. Es su don.
9:00:12 a.m. Maëlys Donzel abre la puerta.
Doce segundos tarde según mi reloj. Según el de ella, puntual. Según RRHH, irrelevante, porque Clarisse ya está hablando:
—Ella es Maëlys Donzel, nueva estratega senior. Le reporta directo a Maël Garnier.
Cometí tres errores al contratarla:
1. No pedirle a RRHH que omita mi nombre en la presentación.
2. No instalar vidrios polarizados en la sala de juntas.
3. Asumir que “Maëlys” no iba a sonar a “Maël” en voz alta.
El silencio que sigue es tan espeso que podría firmar un contrato sobre él.
Diego, de Contabilidad, hace lo que mejor sabe hacer: incendiar reuniones.
—¿Ustedes qué son? ¿Hermanos? ¿Primos? ¿Esto es Herencias Garnier S.A.?
La miro medio segundo. Error. Medio segundo basta para notar que aprieta el termo como si fuera un salvavidas y que tiene tinta de lápiz en la muñeca. Dejó el pelo recogido con un lápiz. Punto para ella. Punto menos para mi concentración.
No puedo dejar que conteste. Si contesta ella, mañana hay memes. Si contesto yo, solo hay miedo. Elijo miedo.
—Empezamos —digo.
No es la respuesta a la pregunta, pero es una orden. Funciona. Todos abren libretas.