Contrato con letra chica

Capitulo 2: Herencia, padrastros y el Excel de Diego

Maëlys

10:30 a.m. En mi puesto. Tengo 24 años, una taza que confiesa “No soy de mañana” y una nota de Clarisse que dice: ¿Comemos? 1:00. Tema: La jerarquía de verdad.

Abro el documento “ComoNoHacerElDesastre.docx”. Va por la versión 9. Si no saco todo esto de mi cabeza, voy a terminar googleando si es legal demandar a alguien por tener el mismo nombre que t

Crónica de cómo aterricé en Garnier & Co:2002-2020: La familia Donzel-paris

Nací en 2002. De mi papá biológico no tengo ni rastro. Ni nombre, ni cara, ni si sé si le gustaba la letra M. Mi mamá, Marianne Donzel, nunca quiso hablar del tema. Solo dijo una vez: “Algunas personas vienen para enseñarte, no para quedarse”.

A los 4 años apareció Esteban París. Mi padrastro. Contador de profesión, experto en hacer hotcakes con forma de dinosaurio y el hombre que me enseñó a cambiar una llanta a los 14: “Por si alguna vez sales con un inútil”. Para el gobierno soy Donzel, pero para la vida soy paris. Y para Esteban, soy su “mija” desde el primer día.

La familia creció: Gael (22), mi hermano, estudia mecatrónica y me arregla la laptop gratis. Y las pequeñas, Mara (17) que quiere volar aviones, y Mina (15) que quiere ser abogada “para demandar a quien te haga sentir mal”. Todas con nombre de M. Menos Rocco, el perro, que se quedó sin letra pero con mucho carácter.

2020-2023: Universidad y la agencia

Entré a Mercadotecnia a los 18 y salí a los 21, lista y con ojeras permanentes. Conseguí trabajo en Vértice Creativo y duré hasta los 23. Renuncié un martes a las 11:23 p.m., justo cuando me pidieron hacer un post de seguros que fuera “viral pero con clase”. Ese día mi úlcera cumplió un año.

2024: Freelance y la oportunidad

Sofía me pasó el dato: “Buscan estratega en Garnier & Co. El director es Maël Garnier, hijo de Octavio, el dueño. Pagan puntual el día 30. Parece que no muerde”.

Leí “pagan el 30” y ya me convencí. Lo de “hijo del dueño” sonó a drama de herencia y yo no tengo tiempo para eso. Envié el CV igual.

La entrevista: Marzo, 4:00 p.m., diluvio universal

Llegué chorreando agua. Maël tiene 35, usa reloj Casio y cero empatía por el clima.

—Llegas 4 minutos tarde —sentencia.—

Casi necesito una lancha para llegar —le suelto.

Sobreviví 20 minutos de preguntas técnicas. Al final:

—¿Algo más que deba saber, Donzel?

Pensé en decirle todo: que no conozco a mi papá, que Esteban es mi verdadero padre, que tengo tres hermanos y que si me gritan lloro, pero contesto bien. Pero solo dije:

—Solo que odio que me digan Maë.

Me contrató. “Bienvenida. Mañana 9:00 a.m. Puntual”.

Día 1: 9:00:12 a.m.

Diego, el de sistemas, nos mira: ¿Son hermanos?

Yo: No.

Maël: Empecemos.

A las 9:40 me da las reglas y me señala la cláusula 8.2.

A las 11:00 entra el patrón, Octavio Garnier.

—Diego hizo un Excel —dice señalándome—. Hijo, explícame por qué RRHH piensa que la adoptaste.

Hijo. Lo dijo en mi cara. Con Clarisse apuntando cada sílaba.

Ahí me enteré: no solo trabajo para él, trabajo para el heredero de 35 años cuya mamá es abogada.

A la 1:00 p.m. llega Clarisse con comida y chisme.

—Dato importante: La mamá de Maël es Renata Villalobos. Se divorciaron en 2015. Ella no viene a la oficina, pero ella escribió el reglamento, incluida la cláusula 8.2.

—Obvio —le digo—. Solo una mamá abogada escribe “prohibidas las relaciones” con subíndices y todo.

Ahora mismo:

Estado civil: Soltera.

Estado laboral: Trabajando para la realeza corporativa y con suegra letrada antes de tiempo.

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Maël:

10:32 a.m. Desde mi oficina. Tengo la puerta abierta porque Clarisse insiste en que “la transparencia evita chismes”. Ojalá evitara los míos.

Tengo 35 años. Mi padre es Octavio Garnier, fundador y dueño. Mi madre es Renata Villalobos, la abogada que redactó la cláusula que me amarra las manos. Se separaron en 2015. Él se quedó con la empresa; ella se quedó con la razón absoluta en todas las discusiones desde 1990.

Cómo terminé aquí:

1989-2011: Creciendo bajo expectativa

Casa Garnier-Villalobos: Desayuno 7:00, cena 8:00 y el amor se demostraba en listas de pendientes. Papá decía: “Un Garnier no llega tarde”. Mamá sentenciaba: “Un Villalobos no firma sin leer”. Resultado: Llevo reloj digital y leo contratos como si fueran novelas.

Estudié y trabajé en otra empresa para demostrar que valgo por mí mismo. A los 26 me ascendieron y me soltaron: “Claro, con el padrino que tienes”. Renuncié esa misma semana. Si voy a cargar con el apellido, que sea por mis aciertos o errores, no por sangre.

2016: El regreso

Papá me llamó cuando vio los resultados.

—Ven a Garnier & Co. Te doy el área de Estrategia.

—¿Y si fallo?

—Te echo. Tu mamá redactó la cláusula, léete la 11.4.

La cláusula decía: Ser hijo del dueño no exime de evaluación ni otorga privilegios. Gracias, mamá.

Llevé 8 años siendo estricto, serio y demostrando que no me regalaron el puesto. Por eso no sonrío en juntas. Por eso no contratos amigos. Y por eso debí pensármelo dos veces antes de contratar a Maëlys Donzel, 24 años, con un currículum impecable y una vida que me hace cuestionar la mía.

Marzo 2024: El día que llegó

Revisé 43 CVs. 42 mediocres. 1 bueno: Donzel, Maëlys.

Llegó mojada, 4 minutos tarde y no preguntó si era “el hijo de”. Nadie hace eso. Eso me llamó la atención.

—¿Algo más que deba saber?

—Solo que no me llamen Maë.

Debí advertirle: “Oye, mi papá es el dueño, mi mamá hace las leyes y si esto sale mal, me investigan hasta la infancia”. Pero no lo hice. La contraté por mérito. Y porque estaba harto de ser “el hijo de” y quería ser solo “el jefe”.



#5106 en Novela romántica

En el texto hay: romance de oficina

Editado: 11.04.2026

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