La primera vez que Valeria Montemayor Ríos firmó el contrato, no dudó ni un segundo.
—Solo es trabajo —dijo, sin levantar la mirada.
Mateo Ibarra Cruz, sentado frente a ella, giró la pluma entre sus dedos con una sonrisa ladeada.
—Claro… trabajo —repitió, como si probara el sabor de la mentira.
Ese fue el inicio.
8 meses después
—Esto ya no es legal —murmuró Adrián, dejando caer una carpeta sobre el escritorio de Valeria—. Esto es emocionalmente irresponsable.
Valeria ni siquiera se inmutó.
—¿Está firmado?
—Sí.
—Entonces es legal.
Adrián suspiró, pasándose la mano por el rostro.
—Van ocho meses, Valeria. OCHO. Este contrato debía durar treinta días, no una temporada completa de drama romántico.
—Necesito mantener una imagen estable.
—¿Y eso incluye mirarlo como si fuera el último café del mundo?
Silencio.
Valeria levantó la vista lentamente.
—Cuida tu lenguaje, Adrián.
Pero no lo negó.
Esa misma noche
El evento estaba lleno de luces, cámaras… y gente que no importaba.
Mateo ya estaba ahí cuando Valeria llegó.
Traje negro. Corbata perfectamente ajustada. Sonrisa peligrosa.
Y esos ojos… siempre atentos a ella.
—Llegas tarde —dijo él.
—Llegué cuando debía.
Mateo sonrió apenas.
—Siempre dices eso.
Valeria no respondió. Solo extendió su brazo, y él, como si fuera parte de un ritual perfectamente ensayado, lo tomó.
Pero esta vez…
No fue actuación.
Flash
Bruno, desde lejos, capturó el momento exacto en que sus manos se encontraron.
No fue elegante.
No fue calculado.
Fue… real.
En medio del evento
—¿Sabes qué es lo peor de esto? —susurró Mateo, inclinándose apenas hacia ella.
—¿Qué?
—Que ya no sé cuándo estás actuando.
Valeria sostuvo su mirada.
Y por un segundo…
Se rompió.
—Yo tampoco —admitió, en voz baja.
Horas después
El contrato estaba sobre la mesa.
Otra vez.
—Renovación automática —leyó Adrián, sin poder creerlo—. Otra vez la cláusula 47.
Mateo soltó una risa suave.
—Qué curioso… ¿no?
Valeria lo miró.
—¿Curioso?
—Sí. Porque para que esto pase… alguien tuvo que enamorarse.
Silencio.
Pesado.
Peligroso.
Final del capítulo
—Entonces termina el contrato —dijo Valeria de repente.
Mateo la miró fijamente.
—¿Eso quieres?
Valeria apretó la pluma entre sus dedos.
Por primera vez…
Dudó.
—No lo sé.
Mateo se acercó un paso.
—Yo sí.
Ella levantó la mirada.
—¿Y qué quieres?
Él sonrió, pero no como siempre.
Esta vez dolía.
—Otros 30 días.
Y así, sin admitirlo… volvieron a elegir quedarse.