La mañana en Monterrey llegó… incómoda.
Demasiado silenciosa.
Valeria ya estaba lista, impecable como siempre.
Mateo no había dormido.
Antes del evento
—Tenemos que actuar normal —dijo Valeria, ajustándose el blazer.
Mateo soltó una risa seca.
—¿Normal? ¿Como si anoche no casi nos besamos?
—Exacto.
—Claro… fácil.
Pero no lo era.
Nada lo era.
Evento
Luces.
Gente importante.
Sonrisas falsas.
Valeria estaba perfecta.
Mateo también.
Pero esta vez… había algo más.
Distancia.
La aparición
—Valeria.
Una voz masculina.
Segura.
Con historia.
Ambos voltearon.
Era Emiliano Rivas.
Elegante. Frío. Peligroso.
—Tiempo sin verte —dijo él, besando su mano.
Mateo observó.
En silencio.
—Emiliano —respondió Valeria, tensa—. No sabía que vendrías.
—Hay cosas que uno no se pierde.
Sus ojos se deslizaron hacia Mateo.
—¿Y él?
Valeria dudó.
Un error mínimo… pero suficiente.
—Mi pareja —respondió finalmente.
Mateo sintió el peso de esa palabra.
Más de lo que debía.
Celos
—Interesante elección —dijo Emiliano, con una sonrisa apenas visible—. No es tu tipo.
Mateo dio un paso al frente.
—¿Y tú sí lo eras?
Silencio.
Valeria cerró los ojos un segundo.
Esto se estaba saliendo de control.
—Mateo…
Pero él no se detuvo.
—Porque si lo eras… claramente perdiste.
Emiliano sonrió.
Pero sus ojos no.
—Cuidado —murmuró—. Hay contratos que se rompen fácil.
Mateo sostuvo su mirada.
—Y hay cosas que no se pueden recuperar.
Después
Valeria jaló a Mateo hacia un pasillo vacío.
—¿Qué te pasa?
—¿Quién es él?
—Eso no importa.
—Claro que importa. Lo miras distinto.
—No.
—Sí.
Silencio.
Mateo la miró con algo nuevo.
Dolor.
—¿Todavía lo quieres?
La pregunta quedó suspendida.
Valeria no respondió.
Y esa fue la respuesta.
Ruptura
—Entonces esto sí es un contrato para ti —dijo Mateo, retrocediendo.
—Siempre lo fue.
Mentira.
Pero la dijo.
Porque era más fácil que admitir la verdad.
Mateo asintió lentamente.
—Perfecto.
Sacó el documento.
Lo dejó sobre una mesa cercana.
—Terminemos esto.
El aire se rompió.
El momento
Valeria sintió el golpe.
Real.
Frío.
Definitivo.
—Mateo…
Pero él ya estaba caminando hacia la salida.
Y algo dentro de ella…
se rompió.
La elección
—¡Espera!
Él se detuvo.
Lento.
Sin girarse.
—No te vayas —dijo ella.
Silencio.
—¿Por qué?
La pregunta más peligrosa de todas.
Valeria apretó los puños.
El orgullo.
El miedo.
El contrato.
Todo gritaba que se callara.
Pero no lo hizo.
—Porque no es solo un contrato.
Mateo giró.
Sus ojos…
esperando.
El primer beso
Valeria caminó hacia él.
Rápido.
Decidida.
Como nunca.
Y lo besó.
No fue perfecto.
No fue planeado.
No fue “profesional”.
Fue intenso.
Torpe.
Real.
Todo lo que habían estado evitando.
Todo lo que ya no podían negar.
Final del capítulo
Cuando se separaron, el silencio era distinto.
Más honesto.
Más peligroso.
—Ahora sí rompimos algo —susurró Mateo.
Valeria lo miró.
Sin máscaras.
—Sí…
Hizo una pausa.
Y por primera vez…
sonrió de verdad.
—El contrato.
Y también sus reglas.