Pero para Valeria…
era más íntimo que cualquier beso.
Porque esta vez nadie estaba mirando.
No había cámaras.
No había contratos.
Solo ellos.
Dos días después
—¿Me estás invitando a salir? —preguntó Valeria desde la puerta de su oficina.
Mateo estaba sentado frente a Adrián, girando una pluma entre los dedos como siempre.
—Sí.
—¿Una cita real?
—¿Te da miedo?
Valeria entrecerró los ojos.
—No.
Mateo sonrió.
—Entonces deja de actuar como si estuvieras negociando una fusión empresarial.
Adrián levantó la mano.
—Yo solo quiero aclarar que, legalmente, esto ya parece fanfiction corporativo.
Ninguno le hizo caso.
Esa nocheMateo la llevó a un lugar pequeño en Nueva York.
Nada elegante.
Nada exclusivo.
Luces cálidas.
Música suave.
Y mesas de madera llenas de parejas riéndose.
Valeria miró alrededor confundida.
—¿Aquí?
Mateo abrió la puerta para ella.
—¿La señorita CEO esperaba un restaurante en la cima de un edificio?
—Esperaba… algo distinto.
—Ese es el problema, Valeria. Siempre esperas algo complicado.
Ella no supo qué responder.
Lo sencilloPidieron café.
Pan dulce.
Y por primera vez desde que se conocieron…
hablaron de verdad.
No sobre trabajo.
No sobre eventos.
No sobre contratos.
—¿Qué querías ser de niño? —preguntó Mateo.
Valeria soltó una pequeña risa.
—Bailarina.
Él abrió los ojos.
—¿En serio?
—Tomé clases durante años.
—¿Y por qué lo dejaste?
Ella bajó la mirada.
—Porque me dijeron que no era algo “serio”.
Mateo la observó en silencio.
Como si estuviera viendo una parte de ella que nadie más conocía.
—Debiste seguir.
La forma en que lo dijo…
dolió bonito.
Algo cambiaValeria empezó a reír más esa noche.
Más suave.
Más libre.
Mateo no podía dejar de mirarla.
Y ella finalmente dejó de fingir que no lo notaba.
ProblemaPero entonces—
—Vaya… sí era verdad.
Una voz interrumpió todo.
Emiliano.
De pie junto a la mesa.
Con esa sonrisa elegante que ahora solo daba escalofríos.
Valeria se tensó inmediatamente.
—¿Nos estás siguiendo?
—No seas dramática —respondió él—. Aunque admito que esto es… decepcionante.
Sus ojos recorrieron el lugar.
—Pensé que alguien como tú tendría mejores estándares.
Mateo se levantó lentamente.
—Y yo pensé que ya habías entendido cuándo sobras en un lugar.
El ambiente cambió al instante.
El golpeEmiliano sonrió apenas.
—Solo vine a advertirte algo, Valeria.
Ella cruzó los brazos.
—Habla.
—La votación será mañana.
Silencio.
—Y vas a perder.
El corazón de Valeria se detuvo un segundo.
Mateo dio un paso hacia ella.
Instintivo.
Protector.
Emiliano lo notó.
Y eso le molestó
MiedoCuando Emiliano se fue, el silencio quedó pesado sobre la mesa.
—No quiero que estés aquí cuando todo se derrumbe —murmuró Valeria.
Mateo la miró fijo.
—¿Ya vas a empezar otra vez?
—Mateo—
—No. Escúchame tú ahora.
Tomó suavemente su mano sobre la mesa.
—No me importa si sigues siendo CEO o no.
Ella intentó apartar la mirada.
Él no la dejó.
—Me importas tú.
Directo.
Simple.
Real.
Y eso asustaba más que cualquier crisis.
Final del capítuloMateo sacó algo del bolsillo interior de su chaqueta.
Una hoja doblada.
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué es eso?
Él sonrió.
—Una nueva cláusula.
—¿Qué?
La abrió lentamente.
Escrita a mano, decía:
Cláusula 1:
Si uno de los dos tiene miedo… el otro se queda.
Valeria sintió el pecho apretarse.
Y por primera vez en mucho tiempo…
ya no quiso huir.
Porque quizá amar a alguien era eso… quedarse incluso cuando todo empezaba a caer.