Contrato de Amor prohibido enamorarse

Soledad entre circuitos.

Orígenes y Cimientos (Capítulo de Antecedentes)

Creo que toda historia tiene un comienzo y tiene un final, para adentrarnos en lo que es la mente de Ethel y de dónde ella inició, de dónde empezó sus cimientos. Cómo provino la idea de la marca Chopo, cómo es ella: familia, gustos, motivación, decepción. Es muy simple, verdaderamente muy simple y muy sencillo, y a la vez muy devastador.

Su padre, el señor Eleazar Roosevelt, cuya descendencia es judía; su esposa fue de un matrimonio arreglado, un acuerdo entre padres bajo la religión que ellos veneraban, los casaron por conveniencia de ambos padres para hacer crecer más la fortuna familiar. Los padres, tanto de Eleazar como de la señora Isadora Menéndez Chuls, se dedicaban a la compraventa de celulares de la época. En aquel entonces, los celulares eran unos aparatos, pues, grandísimos, estorbosos, que tenías que cargar; estamos hablando de una época mucho muy por los 50. Entonces, nada que ver con la actualidad.

Empezaron a pensar simplemente en un teléfono que fuera pequeño; empezaron a crear tanto los padres de ambos. Era muy inteligente el señor Eleazar y la señora Isadora eran unos genios en la tecnología y la informática. Entonces, se les hizo muy difícil, empezaron a planearlo, empezaron a dejarse guiar por amigos de su carrera de la universidad que los podían apoyar a hacer crecer el proyecto, mismos genios que ellos, y fueron los que les ayudaron a crecer el imperio. Empezaron a decir: «¿Y qué tal si juntamos nuestras ideas y creamos un imperio?». Y dijo el señor Eleazar: «No es mala idea». La señora Isadora, por supuesto: «Es una excelente idea, ¿cómo le llamaríamos?». «No lo sé, tiene que ser un nombre que sea fácil de pronunciar y que sea fácil de recordar».

La historia es muy tierna y muy inocente, pero surge de un momento en ese entonces. Ethel era una bebé, su mamá le decía de cariño «Chopito» por pequeñita y gordita. «Ven, Chopito». En ese momento venía gateando en el área donde se estaban juntando a platicar. «¿Qué dijiste?», dijo un amigo colaborador de ellos. «Así le digo de cariño —dijo la mamá—, está chiquita y está gordita y le digo Chopito». «Chopo», y así surge Chopo, y así se quedó. Y así fue creciendo más y más y más; se fueron a un lugar donde vendían, la gente los empezó a comprar, después estaban en un local, después en uno más grande. La gente seguía creciendo y creciendo, y de ahí salió heredera Ethel, de ese gran imperio cuyos padres habían iniciado con la esperanza de que avanzara la tecnología y no tener que cargar con un aparato tan incómodo, que hubiera más tecnología.

Los padres, lamentablemente, fallecieron en un accidente. Ellos estaban planeando unas vacaciones a California; en aquel entonces ellos en Boston, tenían muchos años ahí, Ethel había nacido ahí, era su hogar. Tras muchos años de haber crecido el imperio, al fin podían darse el gusto de viajar al lugar que ellos quisieran, tener una casa enorme de muchas hectáreas, estaban planeando en comprar un rancho. Estaban muy felices y dijeron: «¿Por qué no? ¿Por qué no nos vamos de vacaciones a California? Es una idea perfecta». Isadora, madre de Ethel, contesta: «Me parece perfecto».

El señor y la señora van a comprar los boletos y, ¿qué pasa? Ethel se queda con uno de los amigos colaboradores de la empresa, el único sobreviviente allá, que los demás, parecía como una tipo maldición, habían fallecido también en un accidente automovilístico. Se les atravesaba a uno un carro, a otro tuvo un intento de suicidio tras el rompimiento de un amorío, y quedaba uno, cuyo era especial en ese grupo, ya que él se había fijado en el nombre porque preguntó que por qué le decía «Chopito». Eran nada más cinco con los padres de Ethel: eran el señor que había fallecido en un accidente, Marcos, el otro que se suicidó, Caleb, y el señor Alexander, que era él que se había fijado en el nombre de Chopo y que le había llamado la atención y cuyo nombre le gustaba para la empresa, cuyo socio mayoritario compartía la gran parte de la fortuna junto con Isadora y el señor Eleazar.

Estaban encantados de que pudiera cuidar a su hija, ya que era primo del señor Eleazar, se sentía muy tranquilo y muy feliz. Y entonces, en ese transcurso se atraviesa un tráiler, todo el carro se desmoronó, no queda nada y, obviamente, los padres de Ethel fallecieron. ¿Qué edad tenía Ethel cuando fallecieron sus padres? Tenía 18 años, una edad muy complicada, muy difícil. El señor Alexander se hizo cargo de Ethel; fue muy difícil para él, ya que tuvo que hacerse cargo de ella al 100%, dejar sus propios planes para continuar y para seguir el imperio que habían iniciado sus padres y sus fallecidos compañeros, para ser víctima de todos sus problemas personales y de la vida diaria. Lo que es el dolor, él también había quedado destrozado. Él sacó a flote lo que pudo del imperio, pero el alcohol no lo dejaba ser lo que hubiera podido necesitar Ethel para que siguiera a su lado por muchos años más. Falleció de intoxicación.

Ethel quedó sola, desolada, perdida en un imperio gigantesco; cuya solvencia económica sí, ya la tenía, económicamente ya no tenía ningún problema, pero el vacío por dentro, ¿Ethel estaba vacía por dentro? Estaba totalmente sola, sentía que algo le faltaba, sentía que no podía continuar. Es como si le faltara lo más importante; sus padres no estaban, se sentía sin amor paternal. Su corazón se hizo de piedra, se amargó y, por ende, tuvo que pasar lo que a muchas personas les pasa: tuvo que madurar a una edad muy temprana para poder salvar el imperio de su familia.

Durante muchos años ella vio cómo sus padres crearon más celulares con más tecnología. Ella tenía un don excepcional para la tecnología. Entonces, ella se graduó en ingeniería en tecnología; estuvo en toda su generación en el cuadro de honor, nunca obtuvo una calificación menor que no fuera 10 en toda su carrera, que duró tres años; estuvo en 10 con mención honorífica. Verdaderamente fue una cosa excepcional, era un genio. Concursos, se la llevaban en diferentes concursos de robótica, de electrónica, tecnología avanzada, ideas que ella empezó a crear. Ella empezó a crear prototipos de celulares más avanzados que a ella se le ocurrían, en simples, a veces en sueños, a veces en ideas, y los intentaba plasmar, pero siempre le faltó un «algo más» para poder crear algo. Ella tenía las ideas, tenía la capacidad de crearlos, pero desgraciadamente no podía echar a andar el teléfono; no es que no funcionara el teléfono o que no prendiera, prendía, pero se apagaba. Y la idea era grandiosa, pero le decían sus maestros: «Su idea es grandiosa, pero le falta algo más». Y ella siempre preguntó que qué es lo que falta. «Es que eso usted debe de averiguar, porque usted es la que se está metiendo en este problema, usted es la del imperio, usted es la de este imperio de Chopo, la marca de celulares más importante».




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