Al llegar a Alemania, varios pensamientos cruzaron por su mente. Se sentía desolada, triste y melancólica, pero por fuera no dejaba que se notara; tenía mucha fuerza, no podía dejarse caer. Se sentía también mal por haber hecho venir a su fiel compañero y secretario, Marcos, pero lo necesitaba porque él era su mano derecha en todos los asuntos de la empresa. Simplemente sentía que estaba sola, pero obviamente no podía demostrárselo a nadie: en ese tipo de empresas, el que no cae, resbala. Tenía ella que demostrar mucha fuerza y mucha valentía para que no le vieran su debilidad. Ella tenía que demostrar que era mala, que era fuerte, que era fría para ser respetada y ser temida. Ella tenía un dicho: *«Prefiero ser temida a ser amada»*. Esa era su frase, tan comprensible, tan perfeccionista, tan fuerte como lo eran sus padres.
Estaba a punto de abordar el avión cuando la azafata anunció:
—Damas y caballeros, estamos a punto de llegar a su destino, favor de abrocharse el cinturón.
Todos se prepararon, el avión ya iba a aterrizar. Se abrocharon los cinturones, se sentía la tensión en el aire y ese golpeteo cuando el avión va a aterrizando. Se sentía como un golpe a la realidad, como un golpe tan fuerte que ella no estaba dispuesta a dejarse caer ni a dejarse vencer por nada ni por nadie.
En ese momento, Marcos le dice:
—Señorita, para que lleguemos, ahorita son las 10 de la mañana, tiempo de Alemania.
Ella, lidiando con sus miedos y su ansiedad, pero dispuesta a enfrentarlo todo tal cual valiente guerrera, le responde:
—Perdón, Marcos, ¿a dónde desea que...?, bueno, son las 10 de la mañana y pienso yo que deberíamos de ir a conocer a Frank a la cárcel.
Marcos la mira con cautela y objeta:
—Señorita, no creo que sea prudente que por el momento usted llegue así como así a conocer a Frank. Creo que debe conocer su historia, saber quién es, sus miedos y sus inseguridades para así poder tener una buena charla con él, poderle decir el porqué lo están buscando y qué quiere obtener, una buena manera de llegar hacia él.
Ella asiente y reflexiona:
—Sí, tienes razón... Debilidades, tus sentimientos, la razón por la cual él terminó haciendo esto, aparte de que era lo que hacía el papá... Pero necesito saber más de su forma de ser, su lado emocional. ¿Qué pasa, Marcos? Siento que me estás ocultando muchas cosas, que no me estás diciendo todo.
—Así es, soy muy inteligente, una perfecta alemana —se ríe él ligeramente—. Sí, no es la primera vez que me lo dicen.
—Entonces, ¿qué me estás ocultando, Marcos? Porque necesitamos avanzar, ya estamos aquí, no podemos dar marcha atrás ni regresar, y necesito que me digas toda la verdad.
Marcos suspira y comienza a relatar:
—Yo lo conocí ahí, fuimos vecinos, crecimos juntos, fuimos compañeros de juego. Nuestras madres se juntaban para platicar mientras nuestros padres salían al trabajo en una misma empresa de mercadotecnia. Desde niño fue muy ambicioso, siempre quiso sobresalir en todo. Se le veía la habilidad en la robótica, en la tecnología, en las cosas de la escuela; sobresalía siempre, en los concursos de robótica se llevaba el premio honorífico, siempre se lo llevó en cada concurso que participaba. Fue un niño solitario en la escuela, me contaba que siempre iba solo, se aislaba porque consideraba a todos los demás carentes de inteligencia. Era sobresaliente en todo, bastante egocentrista, sabía que era muy inteligente y no le importaba que los demás lo hicieran a un lado o lo criticaran. Eso sí, nunca se dejó humillar; fue iniciador de varias peleas, incluso golpeó a un maestro por atreverse a insultar a su padre en una clase.
Ella lo mira con atención y le pide detalles:
—¿Cómo fue eso?
—Estábamos en clase de inglés, lo recuerdo perfectamente, y el maestro se atrevió a insultarlo ya que teníamos que entregar una tarea y no la había llevado. El maestro —bueno, sí estuvo mal cómo abordó la situación— le dijo que tenía que ponerse las pilas o iba a terminar como su padre: un vago, ratero y vividor. Y él se le fue encima y lo golpeó. Obviamente estuvo bajo libertad condicional en casa, pero sí, eso manchó su expediente bastante y lo alejó más de la gente, pero no de las oportunidades. Empezaron a buscarlo para proyectos, intentaron contratarlo; de hecho, no sé si usted sepa que lo habían contratado anteriormente, estuvo un mes de prueba en la empresa de nuestra empresa rival, en Phoenix.
Ella parpadea sorprendida:
—¿De verdad? No lo sabía.
Él continúa:
—Sí, dice él... Bueno, realmente lo desconocía.
—Continúa, está muy interesante esta historia, verdaderamente me estás dejando con la boca abierta, yo no sabía, pero sí siento que necesito saber un poco más, tengo que pensar cómo lo voy a abordar.
—Efectivamente —continúa Marcos—. Cuando volvió a la escuela él ya estaba bastante cambiado, igual de triste, pero bastante cambiado, dispuesto a terminar la escuela para ya graduarse y terminar su carrera. Entonces, los puntos claves después de que se graduó fueron que empezó a agarrar celulares, empezó a crear un grupo para que lo ayudaran... lo que ya le conté es ahí donde todo continúa. Pero su estabilidad emocional era bastante egocentrista, empezó a pelearse con todos los compañeros por los cuales se alió para que lo ayudaran, esa es la parte que no le conté. Empezó a pelearse con ellos, se separó de cada uno de ellos quedándose él solo, porque llegó a tal grado de que no confiaba en nadie. Como no confiaba en nadie, él quería solo ser él. Perdió un poco el piso de tanto ego que tenía, lo tengo que reconocer. ¿Y por qué sé todo esto? Porque yo fui compañero en el último año de la universidad, soy mayor que él, y me tocó vivir cómo era y que me contaran cómo era. Llegó a vender muchos celulares, pero eran celulares que jalaban, sin embargo les faltaba algo, fallaban, se saturaban al poco tiempo y se hacían muchos pleitos porque él decía: *"Pero no tiene por qué fallar"*, y verdaderamente fallaban, como que no los completaba y era parte interna de la tarjeta del teléfono, como que faltaba algo que los hiciera conectar... Y él había despedido a todos, pues se había quedado solo. Así que nuestro mayor punto fuerte, señorita, para llegar a él —pienso yo, en mi humilde opinión—, es alabarle el ego, tocarle el oído y reconocer que investigamos sobre él, pero que admiramos mucho de su talento, y etcétera, etcétera.
Ella asiente, visualizando la jugada:
—Sí, verdaderamente pienso que es lo mejor, pienso que es la mejor opción dado el nivel de ego tan alto que tiene. Muy bien, pues ya conocemos su lado emocional, ya conocemos su pasado, ya lo conoceremos en persona, sabemos cómo es físicamente. La parte emocional, que es la más importante, ya la sabemos; ya sabemos que es un hombre solitario, aislado, inhibido, pero con el ego muy alto, muy inteligente, bastante inteligente. Entonces, eso es lo que necesitamos, es lo que necesito. Muy bien, vamos a descansar, nos vamos al hotel. Mañana por la mañana puede tomarse el resto del día libre, vaya a descansar, vaya, distráigase, turistee un rato en Alemania, disfrute, conozca, y mañana lo espero en el restaurante del hotel a las 9 de la mañana, iremos a conocer a Frank.
—Así es, señorita, muchas gracias, que tenga buen día, hasta luego —responde Marcos asintiendo con respeto.
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Editado: 07.08.2026