Decidido a tomar un descanso y relajarse, el joven Marcos caminaba por las calles de Alemania dispuesto a visitar todos los lugares turísticos y tan góticos y hermosos de Alemania, pero no pudo evitar que viniera a su mente una sensación de angustia, miedo, ansiedad, desesperación, pero mucha preocupación, porque tenía que ir muy lento y cautelosamente con esta situación de Frank; no podía fallarle a la señorita Ethel. Simplemente no podía hacerlo, no después de lo difícil que fue llegar hasta donde llegó tras llegar a Estados Unidos. Él era un latino, uno más que cruzaba el charco para comenzar una nueva vida, un nuevo comienzo, una mejor vida, la esperanza de un lugar mejor, de un lugar más próspero, de una vida libre de peligro y libre de violencia, donde hay trabajo, donde hay más oportunidades.
Tras quedar huérfano, tras su padre, sus hermanos y toda su familia haber muerto en un atentado, en ese mismo momento, inmediatamente, no lo pensó; sabía que no podía quedarse ahí, sabía que era cuestión de tiempo en el cual —no porque lo persiguieran a él por algún motivo personal, sino simple y sencillamente porque tenía que caminar, tenía que seguir y tenía que continuar y dejar el pasado atrás— sabía que si seguía ahí viviendo en ese hermoso estado de Oaxaca, en esa hermosa ciudad, no podía quedarse ahí, tenía que seguir. Era cuestión de tiempo en el cual algún problema más se suscitaba, aunque no fuera con él, y algo le pudiera pasar sumamente peligrosa en la ciudad.
Entonces, decidido, continuó. Se fue con un pollero —son los famosos polleros que te ayudan a pasar a Estados Unidos— entre miedo y angustia. Pasaron muchos días para que llegara a su destino. Y así fue; tras llegar a California, su primer trabajo por muchos, muchos años fue piscando tomate en los campos. Tras estar trabajando de 7:00 a 6:00 de la mañana a sol y a sombra, sin descanso, ni sábados ni domingos, le llegó a oídos que había una oportunidad laboral en Los Ángeles, California, que ya había una mejor vida y que se iba a ir un compañero de ahí mismo de la pizca para allá, que con mucho gusto si le interesaba se lo llevaba. Y así fue.
Decidido a tener un mejor salario —ya que lo que pagaban eran veintinueve centavos por llenar un bote, ya que no te pagan por hora, te pagan por bote, y veintinueve centavos era verdaderamente una porquería que no alcanzaba prácticamente para nada—, así fue como poco a poco con el tiempo, al momento de llegar ahí, empezó como mesero, como repartidor de periódicos, empezó de lo más bajo, hasta que un día, caminando por las calles de Los Ángeles, caminando por todas esas bellas ciudades, explanadas, visitando Hollywood —aunque fuera de lejos y no pudiera entrar a la zona más privada, pero podía pasar y visitar todas esas zonas—, decidió algún día tener esa vida que tanto anhelaba.
Le llegó un volante en un poste en el cual solicitaban un ayudante general y secretario. Y decidió, porque no sabía que no tenía estudios, pero tenía las ganas y el entusiasmo de salir adelante, ir a la entrevista. Y ahí fue donde conoció a Ethel. Ella sabía que no tenía estudios ni la preparación que ella necesitaba hablando académicamente, pero había algo que desgraciadamente muchas personas, aunque tengan los estudios, todos los niveles académicos, desgraciadamente las ganas no las tenían, y él las tenía. Con eso ella se daba por bien servida; no le importaba que no tuviera licenciaturas, pero teniendo el entusiasmo y las ganas de salir adelante, era dedicado, entregado, fiel, todo lo que ella necesitaba.
Es por eso que Marcos tenía miedo de perder su trabajo, pero no quería pensar ya ni preocuparse ni estresarse, ni que su mente maquinara más ideas que solamente lo ponían más nervioso y ansioso. Simplemente tenía que desconectarse de todos esos pensamientos, aventarlos por un lado y empezar a distraerse visitando los puntos más icónicos de Alemania, disfrutando de estas pequeñas horas que tenía, aunque fueran tan pocas. Y sí, estaba cansado, pero no le importaba; quería disfrutar un poco de Alemania, ya que para él era muy importante haber llegado a este punto, aunque no fuera con sus propios medios, pero sí por su esfuerzo.
Pensó en lugares como la Selva Negra: lagos cristalinos y pueblos de tradición relojera, y todas sus leyendas que hay ahí de brujería, fantasmas. Era fascinante, pero decidió solo pasar por un lado, ya que sabía que iba a morir algún día, pero no quería que fuera hoy ese día. Tan miedoso y supersticioso, decidió mejor no entrar y mejor ir a visitar el Valle del Mosela, cuyos viñedos en terrazas que serpentean junto a castillos medievales como el de Eltz.
Le faltaba tiempo, le faltaba días. Desgraciadamente no pudo visitar todos los lugares tan hermosos que le hubiera gustado visitar. Definitivamente las horas no le alcanzaban; quedaban muchos lugares, todos los museos dedicados a tanta gente fallecida, tanto judío muerto de unas maneras atroces en el holocausto, pero decidió en algún momento volver.
Había decidido que ya era tarde, que ya tenía que ir a descansar porque le esperaba mañana el encuentro con Frank, y tenía que estar fuerte, muy activo y para nada cansado. La señorita Ethel lo esperaba a las 9:00 de la mañana, así que no podía fallarle. Así que decidió tomar un café en el restaurante del hotel, ese hermoso hotel de Alemania: el A-ROSA Gothisches Haus Wernigerode. Se ubica en la histórica plaza del mercado de Wernigerode, un destino de ensueño medieval.
¿Quién iba a pensar que ahí mismo vería a su jefa? Ella se acerca y le dice:
—Marcos, ¿buenas noches, listo para mañana?
—Así es, señorita, listo. Solo fui un rato a turistear Alemania.
—¿Visitaste el museo en honor a tanta gente muerta en el holocausto?
Marcos dice:
—No, lamentablemente no. Me faltó tiempo y horas.
Ethel:
—No te preocupes, Marcos, vas muy bien y estás aprendiendo rápido. Sé que pronto tendrás un ascenso.
Marcos:
—Gracias, señorita, muchas gracias.
Ethel:
—No agradezcas, solo sigue así haciendo tu trabajo y llegará, ya verás que sí.
Marcos:
—Así será.
Ethel:
—¿Por qué no me acompañas a cenar?
Marcos:
—Claro, señorita, un gusto.
Ethel:
—¿Sabes, Marcos? Verdaderamente tengo mucho que perder si todo esto sale mal: la empresa, mi patrimonio. Me siento muy insegura, más de lo que aparento. Verdaderamente me siento caminando en la cuerda floja todo el tiempo, y esta entrevista de mañana con este joven depende de todo mi futuro: del nuevo lanzamiento del teléfono, de las nuevas características que necesito de nuevo software, de la nueva capacidad de regeneración de la batería, de almacenamiento autorregenerable autoexpandible. Todo eso depende de mi visita con él, no te lo voy a negar. Siento mucha ansiedad y verdaderamente agradezco mucho tu compañía, porque eres una excelente mano derecha, un excelente secretario y un excelente ayudante general. Verdaderamente haces un trabajo excelente.
Mientras tanto, mientras Marcos escuchaba a la señorita, pensaba en todo lo que decían de ella afuera. Brevemente pensaba que todo el mundo la tenía como la mujer de hierro, y verdaderamente era todo lo contrario; él descubrió a la mujer tan sensible, tímida y vulnerable, que simplemente estaba protegida por ese caparazón para protegerse de los golpes de los rivales y de la caída de su imperio que con tanto esfuerzo sus padres habían venido a construir.
En ese momento, Marcos le dice a Ethel:
—Señorita, yo tengo un plan para que mañana no salga nada mal, para que el joven Frank no le pueda decir que no.
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Editado: 07.08.2026