Contrato de Amor prohibido enamorarse

Caminos de espinas y miradas verdes

Siempre tenemos nosotros la opción de desertar o continuar. Siempre somos libres de estar en un lugar por nuestra propia voluntad; nunca somos obligados a hacer nada, ni nunca podemos nosotros decir que se nos obligó a hacer algo. Siempre nosotros somos libres de escoger. Si tú algún día dices que te sientes obligado a estar en un lugar, que te obligaron, siempre hay una opción y siempre tú tienes la opción de decir: «No puedo ir, no voy a ir, no quiero ir», así de simple.
Obviamente, siempre hay una lección que aprender, escojas el camino que escojas, sea el camino de espinas o el camino de flores. Es muy simple, lo dice en mi Biblia: ¿cuál camino escogerías? Te dan dos caminos a escoger, el de espinas o el de rosas. ¿Cuál te lleva al cielo, así de simple? ¿Te lleva el de espinas al cielo o el de rosas? Uno se iría por el cómodo, pasas por el camino de rosas, pero realmente así no es, realmente no es tan fácil. Hubo un santo, un cristero, un niño cristero que dijo: «Nunca fue tan fácil llegar al cielo», pero pasó un verdadero calvario: torturado y colgado.
Moraleja: nunca nada es fácil y el camino más difícil es el que te va a llevar al cielo. La moraleja va a ser infinita. El dinero es el principal que nos llega, una gran moraleja cuando uno pierde piso y luego luego se va por la avaricia, por querer más y más y más; es el principal. Siempre vamos a tener una moraleja, estemos en el lugar en el que estemos. La decisión de qué tan fuerte sea el trancazo al momento de tocar tierra y tocarnos y poner los pies en la tierra, esa depende de ti: de qué tan fuerte quieres que te den el trancazo para despertar y ver la realidad.
Es por eso que Marcos sabía perfectamente cómo era la mente de Frank. No lo conocía a detalle tras tantos años de haberse separado para estar en la escuela —no en el mismo nivel académico—, pero obviamente supo mucho él por lo que se sabía, conocido este: era muy inteligente, vendía todos los celulares que se proponía porque verdaderamente tenía una mente maestra para hacerlos. Prácticamente pensaba: «¿Y qué tal si hago un celular igual a los de la marca popular Ifenix, pero más económicos, más accesibles y con más capacidad y más cosas para que yo pueda tener mis ganancias?». Pero como que le faltaba algo, siempre le fallaban y no duraban los celulares activos mucho tiempo; a lo mucho dos, tres meses, cuando se les apagaban a todos sus compradores, empezaban a pedir reembolsos, empezaban a pedir pagos, devoluciones, y es ahí en donde se empezó a meter en problemas.
En uno de sus celulares cayó en manos de un hijo de un empresario, entonces se corrió la voz de que cierta persona —o sea, Frank— estaba vendiendo celulares clones de la marca Ifenix a un precio mucho más accesible y eran exactamente iguales a los de la marca, nada más que tenían la diferencia de que obviamente no eran los originales de la foto; podías hacer lo que quisieras con ellos, podías meterle la cantidad de juegos porque ya sea expandir la memoria con simple conexión a internet, parecido a lo que quería Etel en su empresa actual. Es verdaderamente increíble cómo Frank ya tenía una idea no tan clara como la tiene Etel en su empresa actualmente, pero Frank ya tenía como que más o menos le llegaba la idea y era años atrás, y ella tenía la idea que apenas tenía ella. Es por eso que era una pieza clave.
Todo eso se le vino a la cabeza a Marcos cuando decidió expresarle a su jefa su sentir; tenía que ayudarla, no podía dejar de ayudarla y perder su empleo ni perder esa jugosa promesa de un aumento de sueldo y un nuevo puesto de trabajo.
—Señorita, yo sé que podemos hacer para que el joven Frank no nos diga que no —dice Marcos.
Etel contesta:
—Mira, lo que podemos hacer es simplemente presionarlo, obligarlo y sobornarlo con dinero.
Marcos interrumpe y dice:
—Señorita, perdón que la interrumpa, pero no creo verdaderamente que esa sea una técnica tan favorable para usarla con él. Pienso que él viene de un barrio bajo y, dado su historial que ya sabemos de su pasado y de su familia, no creo que sea lo más viable, porque pues ya sabemos cómo es él, este, sus costumbres, sus cosas, y sinceramente no creo que sea lo más viable para él. Creo que debemos de darle por su lado, pensar como él.
—Entonces, ¿qué propones? —dice Etel.
—Es muy simple, señorita: cuando usted se le acerque a él, aláguelo en el oído como ya le había dicho yo a usted, dígale que conoce de su trabajo, que sabe sus antecedentes, que sabe todo de él, pero con esta frase que le voy a dar y no se va a poder rehusar, porque él tiene la avaricia y a él le interesa el dinero: es muy simple y muy sencillo, señorita, si usted le dice que le va a dar cierto porcentaje de las ganancias a cambio de que él le ayude, créame que va a aceptar.
Es ahí donde a Etel no le parece y dice:
—Simplemente me rehúso a darle una pequeña parte de mis acciones a cambio de que él me ayude. Él me debe de ayudar, pero yo no tengo por qué darle ningún porcentaje de mis acciones de mi empresa para que me ayude a mí; para eso está el dinero, para solucionar problemas. Él me va a ayudar o se queda en la cárcel y consigo alguien más, así de simple.
Marcos dice:
—Señorita, sinceramente en el punto en el que está usted en este momento, no creo sinceramente que tenga la opción ni el ego de poder decir eso. Simplemente, señorita, esta vez no podemos nosotros ponernos nuestros moños y decir que conseguiremos a alguien más, porque la empresa está pendiente de un hilo. Entonces, simplemente lo que debemos de hacer es eso, señorita; yo sé que es algo muy difícil, pero es lo que debe de hacer y es lo justo. Póngase a pensar, sea usted honesta y franca como lo fueron sus padres: le va a dar ganancias y merece cierto porcentaje de sus ganancias también, porque le va a aportar la chispa que le hace falta a usted para que sus celulares sean todo un éxito. Por ende, señorita, necesita usted de él y por ende es justo que le dé un porcentaje de su empresa de Chopo. Es muy importante, ¿quiere lanzar ese nuevo modelo de celular?
Etel contesta:
—Sí, así es.
—Entonces, señorita —dice Marcos—, es lo que necesita usted hacer, simple y sencillamente.
—Me rehúso —dice Etel—, no pienso hacerlo, prefiero regresarme a Los Ángeles.
—Vuelta para atrás, señorita —dice Marcos—, de verdad piénselo, tiene pocas horas, son las 8 de la mañana, en realidad tiene una hora. Fíjese bien lo que va a hacer, piénselo bien porque ya vamos en camino rumbo a hacer eso. Entonces usted tiene la última palabra: o nos regresamos o avanzamos y nos la jugamos. Yo le soy bien franca, tengo muchos años trabajando para usted, puedo conseguir otro empleo sin ningún problema, y no digo que lo quiero hacer, estoy muy a gusto trabajando con usted, pero usted tiene la opción de continuar o echar a la barranca toda su empresa, así de simple, señorita.
Etel se queda pensando y decide:
—Sí, Marcos tiene razón, definitivamente no hay de otra. Pienso darle un porcentaje, pero pienso que será mejor descubrir qué porcentaje quiere en nuestra conversación, ya que pienso que no va a ser nada fácil, él no me la va a hacer nada fácil. Entonces sí, prefiero esperarme a ver qué me dice, siento que sería lo ideal ya que, ahí estando en el momento frente a él, junto a él, veré cómo se mueve, mire cómo se expresa, veré qué es lo que él quiere y veré cómo lo vamos manejando, pero obviamente ya la idea principal ya la sé y ya la tengo, ahora lo demás tendrá que venir cuando lo conozca a él.
Marcos y Etel van llegando a hacer eso. Les van pidiendo sus datos personales, se van registrando, van poniendo su nombre, su fecha del día de hoy, a qué van a hacer, y pues ponen que van a visitar a Frank, ponen los apellidos de Frank, todos los trámites necesarios para entrar a visitar a Frank en la entrada. A dar a hacer eso, entraron a la sala de espera, a la sala de visitas; a ella le dieron una sala, decidieron dar una un poco más privada por el tema que iba a tratar, ya que pues no deja de haber represalias entre los reos, entonces para evitar de todas maneras que le pase algo, que lo vayan a intentar atacar, lo que hicieron fue darle un cuarto privado a ella para que entrara y ahí lo entrevistaran y platicaran.
Estaba muy nerviosa, nomás que obviamente, cual mujer de hierro que era, simulaba perfectamente sus nervios, ¿verdad? Obviamente, teniendo una empresa como la que tiene, pues no estás en ella por tu debilidad, sino por tu rudeza, por tu fortaleza y por no dejarte vencer ante ninguna circunstancia.
Están esperando, pasan diez minutos, cuando abre la puerta el cuarto donde están y entra Frank.
Es verdaderamente increíble cómo es el destino, cómo es la vida, cómo es Cupido de cruel a veces, que nos enamoramos del diablo: la oveja se enamora del león, la empresaria se enamora del reo. Sus miradas se entrelazan. Ella está nerviosa, él se le queda mirando a ella, inmediatamente después se le queda viendo a ella. Nunca había tenido ella la oportunidad de sentir amor por nadie más que por sus padres, por los cuales los tuvo ella un instante, un breve instante; y al momento de conocerlo a él, todo se detuvo, todo paró, fue como si hubiera habido un silencio en el mundo, nadie hubiera hablado y solamente estuvieran él y ella entrelazando sus miradas. Se le quedó mirando sus ojos de él, grandes, verdes. No puedo evitar pensar: «¿Con qué demonios me estoy metiendo? ¡En un problema muy grande! No puedo creerlo».




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