Contrato de Amor prohibido enamorarse

"El último suspiro de esperanza"

Narrador. El dolor es objetivo, dice; el dolor es mental, lo puedes controlar, las emociones nos restan, tu estado emocional en tu favor, la realidad siempre supera la ficción. Cuando Ethel cayó inconsciente minutos antes de estarlo, no esperaba y ella misma reaccionar de esa manera. Es un simple llamado, es una reacción a gritos de tu cuerpo de que estás sobrecargándote de tantas emociones y que simplemente estás sobrecargando a tu propio cuerpo.
​Marcos dice:
—Señorita, por favor, despierte.
​La azafata estaba verdaderamente asustada, ya que era nueva como azafata, tenía poco tiempo y no le había tocado vivir una situación así, y dice:
—Señorita, por favor, despierte.
​Obviamente no es como en un autobús donde a una persona le pasa eso y pues se detiene el autobús, ¿verdad? En estas ocasiones en avión tiene que continuar y simplemente controlar que no se haga un desorden en pleno vuelo para evitar obviamente que se haga un gran caos y evitar por ende un accidente. Es por eso que la azafata estaba empezando a asustarse, en el caos empezaron a gritar los pasajeros, empezó a ver pánico, se empezaron a levantar de sus asientos, empezaron a gritar las señoras, así, señoras grandes de edad, empezaron a alterarse también, a lo cual empiezan a acercarse y a controlarlos y decir que todo está en orden, preguntar:
​—¿Habrá un médico aquí entre los pasajeros que nos pueda ayudar en esta ocasión?
​Dice la azafata, la que estaba al lado de Marcos. Su pareja joven, Marcos, ríe y dice:
—No, para nada, yo soy su asistente personal.
​—Ah, okay, okay, es que como lo vi muy preocupado...
​Marcos dice:
—Tengo muchos años trabajando con ella en Los Ángeles, California.
​—Okay, joven, no quise entrometerme o parecer entrometida.
—No se preocupe, no necesita usted disculparse. Me tomo el atrevimiento de mostrárselo, se llama Esteban, tenemos dos años juntos.
—Y, seguramente, joven, usted muy afortunado, lo felicito.
—Muchas gracias.
​La azafata sigue preguntando quién de ellos es médico y se levanta un señor.
—Yo.
—¿Cuál es su nombre, señor?
—Juan.
—Muy bien, doctor Juan, acérquese y díganos por qué se desmayó, qué le está pasando.
​El doctor Juan iba a un congreso, en una de sus maletas solamente cargaba un estetoscopio y para tomar la presión ya que él era importante, y eso bastaba para checar los signos vitales. Ethel me toma la presión —la presión está sumamente baja— la presión baja, eso fue lo que le pasó, y tiene suerte, pero en estos casos lo único que se tiene que hacer es que le den algo muy dulce, una coca, y que le den una almohada para que suba los pies y se relaje, y poco a poco va a empezar a reaccionar.
​Las azafatas van, corren para ir por el jugo de fruta, tenían dulces rellenos para que a ella se le fuera subiendo la presión poco a poco, y obviamente siguiendo la indicación del doctor, tenía que tener los pies en alto, las manos.
​Y le dice Marcos:
—Trate de tomárselo con calma, estoy igual que usted, pero tenemos que tener calma.
—Lo siento —dice la azafata—, es que es la primera vez que presencio este tipo de situaciones aquí, soy nueva, tengo poco tiempo y nunca me había tocado vivir este tipo de casos.
—Pues debería usted... —y se fue para eso, porque estas cosas pueden pasar tanto en el aire como en tierra.
—Sí, así es, tiene usted toda la razón, me voy acostumbrando y me voy tomando todo con calma para relajarme, voy a evitar pensar, voy a respirar profundo, inhalar y sacar aire, mantener el control para que no se haga caos adentro del avión, para que los pasajeros no se alteren más de lo que están, porque obviamente eso puede alterar el estado, puede pasar un accidente aéreo y obviamente no queremos eso.
​Y entonces están platicando, Ethel regresa en sí y despierta.
—Alcancé a oír, no creas que no, que presumiste a tu pareja, me da mucho gusto por ti, tengo el placer de conocerlo verdaderamente, es un gran día.
—Muchas gracias, señor, pero ahora lo más importante es que usted se encuentre bien, que usted se relaje.
​Y le temblaba un poco la mano a Ethel, y como toda persona ansiosa, se empezó a querer morder las uñas. Marcos tenía mucho tiempo de conocerla, se toma el atrevimiento y le dice:
—Señorita, todo va a estar bien, tenga usted fe.
—No sé, Marcos, es que...
​Entra la azafata, los interrumpe y le dice a Marcos:
—¿Se encuentra ya bien la señorita?
—Pues sí, el médico la checó por última vez, ya está mejor, ya su presión está en noventa cien, está normal.
—Le recomiendo —dice el médico, el doctor Juan—, mantenga sus pies en alto y se mantenga usted relajada, nada gana poniéndose así, es verdad.
​El doctor se retira, se sienta. La azafata se retira y le dice a ambos:
—Me da mucho gusto que esté bien, señorita, nos pasó un susto y cualquier cosa toque el botón y yo voy a venir para atenderla.
—Muchas gracias.
​Se retira y nos deja platicando, y le dice:
—Le decía usted, señorita, que...
—Sí, te decía que yo sé que tengo que tener calma, pero simplemente en el mercado en el que están las cosas me es imposible tener calma, no le veo la luz al final del túnel, simplemente me siento en un laberinto sin salida en el cual todo se está complicando cada vez más, verdaderamente no sé qué estaba pensando en el momento en el que creí que se me iba a hacer todo fácil y que iba a regresar con Frank al lado mío.
—Al lado suyo —dice Marcos—, es una expresión.
—Dice Ethel que no se te suba a la cabeza, simplemente una manera de decir que pensé que se me iba a hacer más fácil y que no lo iba a navegar.
​Sí ríe Marcos, agacha la cabeza y dice:
—Sí, claro, entiendo, pero mire, señorita, yo sé que no soy quién para decirle esto, pero se lo voy a decir: no está mal sentir algo por él, simplemente lo único que yo le diría, que tengo tiempo conociéndola, es que no mezcle su trabajo con sus emociones.
—Sí, lo sé —dice Ethel—, lo sé, y verdaderamente tendré cuidado, valoro que me estés diciendo esto.
​Suspira, da un suspiro muy profundo.
—No sé con qué cara vamos a regresar a la empresa y no sé qué vamos a decir.
​Pasan las horas de vuelo, están a punto de aterrizar, les dicen las azafatas que se abrochen el cinturón, que están a punto de aterrizar. Ethel se empieza a morder las uñas y empieza a decirse a sí misma:
—Tengo que ser fuerte, tengo que ser valiente, tengo que olvidar lo que está pasando y afrontarlo, y pedirle mucho a Dios que todo salga bien, que Frank se recupere pronto para poder seguir mis planes. Por ahorita es buena la idea que me dio la directora, empezar a hacer la campaña de publicidad, es un riesgo porque aún no hay, el prototipo está pero aún no está terminado, aún no está Frank, entonces necesito hacerlo así para calmarlos, necesito hacerle saber, hacerles creer que va a salir pronto, que voy a volver en cierto tiempo para regresar con él y espero en ese tiempo le den alguna señal positiva de Frank, eso vamos a decir.
—Entiendo, señorita, y yo la apoyo cien por ciento, usted lo sabe.
​Llegan a la empresa, abordan un taxi cuando llegan al aeropuerto, llegan a su empresa. Marcos empieza a apretar su puño con mucha fuerza y Ethel empieza a menear la rodilla de arriba para abajo, pero al momento de llegar a la empresa respiran ambos profundamente, inhalan y sacan aire. Inmediatamente cambia la personalidad de ella y le dice a Marcos como si nada estuviera pasando:
—Diles que vamos a tener una junta en media hora, que los quiero a todos listos en la sala de juntas.
​Sí, señorita. Empieza a mover, a armar la junta y empieza a preparar el área de sala de juntas, a preparar todo, a sentarlos, a acomodarlos y mantener el orden. Ethel se pone enfrente de todos y empieza a hablar:
—Les comunico que todo en Alemania salió bien, tengo el candidato perfecto que va a ser mi socio, que es el que va a ayudarnos a hacer el nuevo prototipo del celular que queremos, uno innovador que va a ser una versión especial para la CIA. Ya conocen las características que va a tener, le faltan algunos detalles, es por eso que mi socio Frank es el candidato perfecto para ayudarnos a que todo salga bien con el celular. Su llegada va a ser de tres a cuatro meses mientras terminan de hacer la directora y el juez el papeleo de aprobación para liberarlo, así que tenemos ese tiempo para empezar a organizar y a preparar la campaña de publicidad respecto al nuevo modelo de celular. Tenemos tiempo para pensar el nombre, tenemos tiempo para el modelo. Ya lo tenemos, mientras vamos a crear... Marcos, que es el encargado del área de organizar a los del área de marketing, van a empezar a trabajar en el nombre para el teléfono, obviamente la marca, pues somos Chopo, pero hay que ver, podemos no sé, "Chopo: uno" o algo así innovador para el teléfono, tenemos ese tiempo bastante bueno para hacer la publicidad del teléfono, que Marcos se va a encargar de pasarles las imágenes con el prototipo, con las ideas más o menos del prototipo. Tienen que recordar que es un prototipo, que no está terminado y que no va a poderse finalizar al cien por ciento porque todavía Frank no está liberado, entonces los detalles finales pueden cambiar, incluso la personalidad o la apariencia del teléfono. Así que más o menos esa es la idea.
​En ese instante Ethel recibe una llamada por teléfono. Dice:
—Directora cárcel Alemania.
Contesta el teléfono y dice:
—¿Señorita Ethel, se encuentra usted bien?
—Sí, directora, muchas gracias.
​Se aleja para poder hablar en privado. Marcos se queda al frente y les dice para finalizar la junta:
—Ya saben, empiecen a organizarse, yo me encargo de pasarles el prototipo, estén todos, váyanse organizando en grupos y vayan preparando la campaña de publicidad.
​Y en ese instante se quedan, sigue contestando Ethel la llamada:
—Este, tengo que dar información respecto a Frank.
—Sí, dígame, directora, me está asustando.
—Lo siento mucho, señorita...




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