Contrato de Amor prohibido enamorarse

Amor y Amnesia

​¿El amor a primera vista existe? ¿Te ha pasado? ¿Les ha pasado que cruzan la mirada con una persona y ya sienten el flechazo? ¿O te ha tocado tener que imponerte en el negocio y hacer a un lado el amor cuando se encuentra en el mismo ámbito laboral, escondidas en las esquinas donde nadie los vea, donde no los descubran?
​Pero, ¿qué pasa cuando es un amor con un criminal? ¿Cómo una persona que es tan igual a ti puede ser tan mala para ti?
​La directora de la cárcel le habla a Etel para hablarle del estado de salud de Frank. Con el auricular apretado contra la oreja, la directora le dice a Etel:
​— Señorita, lamento mucho lo que le voy a decir.
​Etel aprieta los labios con fuerza, sintiendo el pulso acelerado en las sienes, y dice:
​— A ver, directora, me está poniendo nerviosa. ¿Qué está pasando con la salud de Frank?
​— Lamentamos informarle que Frank despertó del estado de coma —continúa la directora, midiendo cada palabra—. Lo que eso podría ser una señal buena si usted lo ve; lo revisamos con un neurólogo, pero lamentamos informarle que tiene una pérdida total de la memoria. Su memoria, tan compleja como es la mente, puede volver como puede que no.
​Etel siente que el suelo se le despinta bajo los pies y, negando con la cabeza, interrumpe a la directora de golpe:
​— Entonces, quiere decir que puedo yo volver a Alemania y sacarlo.
​La directora responde con severidad, cruzándose de brazos al otro lado de la línea:
​— No, señorita, la situación no es así de simple como usted lo ve. De nada le va a servir, señorita. Creo que no me está usted escuchando; debe de poner atención a lo que le estoy diciendo. Preste atención, por favor: tiene una pérdida total de memoria. Dígame usted, ¿para qué le sirve en este estado? ¿Para qué le sirve una persona que todo el conocimiento de teléfonos, de todo su pasado, ya no lo recuerda?
​El peso de la revelación paraliza los dedos de Etel. En ese momento, deja caer su teléfono al suelo; le tiembla la mano de la impresión y, cuando le vuelve a temblar, el celular se le resbala por completo y golpea el piso. Del aparato tirado se oye la voz de la directora elevándose con preocupación:
​— Señorita, ¿está usted bien? Señorita, ¿me escucha?
​Agachándose de inmediato con las manos temblorosas, Etel levanta el teléfono y lo lleva de vuelta a su oído:
​— Sí, estoy bien. Lo que pasa es que se me resbaló el teléfono de las manos. Yo tengo una pregunta que hacerle a usted, directora: dígame, ¿qué probabilidad hay de que le regrese la memoria?
​La directora suspira al otro lado y le responde:
​— Mire, la probabilidad, como puede ser que vuelva, como puede ser que no le vuelva, como puede ser que devuelva mañana, como puede ser que pase toda la vida. Sí hay casos reales en los cuales la memoria no les vuelve nunca; incluso hay casos en los cuales la personalidad cambia totalmente, es decir, de ser una persona vegana se vuelve una persona carnívora. Toda la personalidad de la persona cambia. Eso pasa cuando hay algún choque o viven alguna experiencia traumática.
​— ¿No, directora? —pregunta Etel, con los ojos muy abiertos por la incredulidad.
​— Sí, así es —afirma la directora—. Pero en este caso, al estar en ese tiempo en coma... y es que lo que pasa aquí es que se cree que en el momento en que recibió los navajazos, obviamente cayó contra el suelo y pensamos que al momento de caer al suelo se golpeó la cabeza, ¿verdad?, o alguno de ellos lo pateó, porque como bien le dijeron, pues no solamente fue uno el que lo navajeó, sino fueron más. Uno de ellos lo pudo haber pateado en la cabeza, y es cuando sospechamos que entró en coma. Y en este caso es como sospechamos que hubo algún daño. Tenemos que hacerle más estudios para revisar que su cerebro esté bien, que no haya habido ningún otro daño neurológico, pero por el momento la amnesia es permanente, señorita. De nada sirve que usted quiera venir, porque verdaderamente no le va a servir de nada el hecho de venir a verlo, ni siquiera la va a reconocer.
​Etel exhala un suspiro profundo, con los hombros caídos bajo el peso del desaliento, y dice:
​— Sí, verdaderamente me encuentro en una encrucijada bastante grande, señorita. Estoy haciendo lo que usted me aconsejó, ¿sabe? Haciendo campaña de publicidad. Empecé... acabo de decirles que vamos a hacer una campaña de publicidad para empezar un prototipo de un teléfono, ¿pero cómo puedo yo decirles si ahora ya no tengo nada? La única esperanza que tenía ya no es segura. Estoy pensando en cancelar esa campaña y decirle la realidad.
​La directora adopta un tono tajante:
​— Pienso yo, señorita, que tiene usted que olvidarse de todo. No puedo decirle más; trate de sacar ese prototipo usted misma. Tiene todo el personal, tiene muchas personas a su alrededor las cuales le pueden ayudar, tiene a su mano derecha, a su secretario, que es increíble y tiene una mente brillante. ¿Por qué no intenta sacarlo con el personal que tienen? Yo la verdad...
​De repente, se escucha estática y alguien interrumpe de forma intempestiva la llamada de la directora:
​— Directora, disculpe interrumpir la llamada, pero es respecto a la salud de Río Frank...
​— Lo siento mucho, señorita Etel, voy a tener que colgar...
​— ¡Directora! ¿Qué está pasando? Dígame cómo está Frank —grita Etel, aferrándose al aparato con desesperación—. ¿Cómo está? ¿Cómo se encuentra?
​La directora cuelga de golpe, dejando un silencio seco en la línea.
​Con el ceño fruncido y el corazón encogido, Etel murmura para sí misma:
​— Dios mío, espero esté bien... Espero se recupere. Eres mi única salvación.
​En ese entonces, la puerta se abre de par en par, entra Marcos con pasos apresurados y le pregunta a Etel:
​— Señorita, ¿está usted bien?
​Etel levanta la vista, con el rostro pálido y la frustración reflejada en cada gesto:
​— Sí, Marcos. Me acaban de llamar de la cárcel; tengo muy malas noticias. Frank tiene amnesia permanente. Y en medio de la llamada, a la directora le interrumpieron y me colgó. Al parecer, lo que alcancé a escuchar es respecto a la salud de Frank. Verdaderamente me encuentro en una encrucijada, no sé si está bien, no sé qué va a pasar con este proyecto. La directora me aconsejó, justo antes de colgar, que desista de esta campaña porque no tiene ya ni pies ni cabeza, pero yo ya no sé sinceramente qué hacer...
​En ese momento, el teléfono vuelve a sonar con insistencia. Marcos señala el aparato con urgencia:
​— Conteste, señorita, tal vez sean buenas noticias. Conteste.
​Etel presiona el botón y se lleva el auricular al oído:
​— Señorita, lamento haberle cortado así la llamada —se disculpa la directora de la cárcel de Alemania, recuperando el aliento—. Mire, me interrumpieron la llamada uno de los guardias de seguridad porque al parecer hubo un cambio en la salud de Frank. Al parecer está empezando a recordar, pero no crea usted... ¿cómo le digo yo a usted? Lo único que la recuerda es a usted. Perdón que se lo diga así tan abruptamente, pero al parecer solo la recuerda a usted; solo repite su nombre una y otra y otra vez. Así que, la verdad, lamento comentarle que la mejor noticia... yo sé que acaba de llegar a Los Ángeles, California, pero creemos que si usted se desplaza a Alemania y habla un poco con él, ya que repite su nombre, tenemos la esperanza de que recupere la memoria. Y si recupera la memoria, pues se lo va a poder llevar con usted. Obviamente no hay nada asegurado, como puede que sí, como puede que no. Y si es así, no va a ser necesario volver a tramitar otra vez todos los trámites, la liberación, la carta y todo, porque va a estar todavía dentro del plazo, todavía no está vencida. Simplemente tendría usted que desplazarse para acá, y le recuerdo que el juez se lo dejó bajo su custodia de usted. Entonces está bajo su cuidado y supervisión, tanto en comportamiento. Pero no le estoy diciendo, señorita, que ya se lo va a llevar; quiero que le quede clara una situación: la estancia aquí, mientras él recupera la memoria, va a ser un poco larga, señorita. Así que va a tener que dejar a alguien allá. Yo no soy quién para decirle, pero me gustaría, para su tranquilidad, a lo que vi y lo que creo... la mejor manera, o la persona más calificada para que se quede en su lugar, es su asistente personal. Creo que es la persona más calificada para que se quede; no le veo el caso de que venga a acompañarla a usted, creo que sí en algunas ocasiones, pero usted puede trasladarse sola y él es la persona perfecta para quedarse en su lugar. Es mi opinión, la decisión es suya. Tiene un lapso de 48 horas para contestarme, regresarme la llamada, si usted va a venirse para acá para Alemania para detener el vencimiento de la orden del juez de la libertad condicional.
​Un destello de esperanza ilumina de inmediato los ojos de Etel. Enderezando la postura con determinación, le responde a la directora:
​— Mire, directora, la verdad no tengo mucho que pensar. Por ahí viene la empresa de mis padres, mi herencia, mi empresa... Así que, más bien, nos vemos en 48 horas allá en Alemania. Definitivamente su opinión es aceptada, creo que es la persona adecuada para dejarlo bajo mi cuidado y mi empresa. Creo que me quedaré tranquila si se queda él, aunque me sentiré sola al viajar sola. Es mi asistente, pero más que nada es mi amigo. Así que sí, ahí estaremos, primeramente Dios... perdón, 48 horas para allá.
​— Perfecto, por aquí le estamos esperando —responde la directora con tono de aprobación—. Cuando llegue a Alemania, le recomiendo que me regrese la llamada para yo estar al pendiente de usted. Ve que si algo se le ofrece, puede regresarme la llamada y decirme.
​— Muchas gracias, directora. Nos vemos.




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