Contrato de Amor prohibido enamorarse

Amor Y Ansiedad Latente.

No le quedaba más a ella más que irse sola a Alemania. Le dice lo que está pasando a Marcos, y Marcos se acerca y le dice:
—¿Está segura, señorita?
Y ella dice:
—Sí.
Empieza ella a morderse las uñas, sintiendo una punzada de inquietud en el pecho. Marcos le dice:
—Tranquila, señorita, todo va a estar bien. Usted relájese, todo sea por el proyecto. Véalo como algo positivo; si se acuerda de usted perfectamente, es la oportunidad perfecta para echar adelante el proyecto. Yo aquí voy a estar bien, salvaguardando y echando adelante la empresa.
Etel dice:
—Sí, la verdad, Marcos, empiezo a relajarme un poco. Estoy muy satisfecha de que tú te quedes aquí al frente de mi empresa; sé que va a ser así.
Él empieza a temblar de la mano.
—¿Está dudando de mí, señorita? —dice Marcos.
—Claro que no, no dudo de usted, simplemente nunca he viajado sola y es lo que me está matando los nervios, es todo.
Marcos dice:
—Usted lo hará bien, señorita, lo sé, lo sé. Yo le aconsejo que se vaya a su casa y prepare su viaje; verdaderamente le espera algo muy grandioso, puedo presentirlo, tengo una corazonada y verdaderamente sé que todo va a estar muy, muy bien.
Etel dice:
—Sí, es verdad.
​Etel camina, le empiezan a temblar las manos, empieza a abrir y cerrar el puño con fuerza, sintiendo que el aire le falta por un segundo. A él se le dobla el pie y empieza a quererse caer —un empleado de ahí y un guardia de seguridad, al estar al punto de salir de su empresa, le dicen—:
—¿Se encuentra bien, jefa?
—Sí, sí, estoy muy bien, tranquilos. Creo que me resbalé con algo, deberían de checar el piso y no poner demasiado pulidor, alguien más puede resbalar —dice Etel.
—Sí, tiene toda la razón, jefa, en un momento lo checo con el intendente. Gracias.
​Se sube a su auto y viaja rumbo a su mansión en una villa privada muy cerca de Hollywood. Entra, prepara su maleta mientras el temblor en sus dedos no cesa, sigue ansiosa, con el corazón acelerado, mirando el reloj a cada rato. Compra su boleto en línea por internet y va rumbo al aeropuerto.
​Está en el aeropuerto y decide mandar el mensaje a la directora, nomás para avisarle que ya va para allá rumbo a Alemania:
"Estimada directora del Cereso de Alemania, quisiera comentarle que ya estoy a punto de abordar el avión y que voy para allá. Saludos."
​Ese mensaje se lo mandó Etel a la directora. Minutos después, le regresa el mensaje la directora con una respuesta que dice:
"Claro, estoy al pendiente de usted, va a tardar varias horas en llegar. Igualmente estoy al pendiente; a la hora que llegue a Alemania no dude en mandarme mensaje y, con mucho gusto, si ocupa un lugar donde quedarse no necesita gastar en hotel, puede hospedarse en mi casa."
​Etel le responde a la directora:
"No va a ser necesario, directora. Yo le agradezco muchísimo su oferta, de verdad es mucho muy amable, pero Marcos, mi asistente personal, ya me reservó una suite en un hotel de lujo ahí en Alemania. Entonces ya tengo todo preparado y ya tengo que llegar inmediatamente al hotel a registrarme, de verdad todo va a estar bien, no se preocupe, yo le aviso en cuanto llegue a Alemania."
​Se sube al avión, se sienta, respira hondo buscando aire que parece no llegar, y empieza a sudar frío, con una opresión insoportable en el pecho. La azafata empieza a dar ahí rondines en el pasillo para ver si no se les ofrece nada.
—Señorita, ¿se encuentra bien? —le dice a Etel.
—Estoy bien —pero sigue sudando frío, el temblor de su mano se vuelve más evidente, se empieza a marear y todo le da vueltas en una pesadilla borrosa. Vuelve a pasar la azafata y dice—: Señorita, perdón, pero usted no está bien. Si sigue sintiéndose mal, lo siento mucho, pero va a tener que bajar del avión. Todavía el avión no despega, si seguimos así no podemos; aquí en el avión no podemos hacer mucho por usted, lo lamento mucho, pero usted va a tener que bajar.
—No puedo, señorita, por favor, ¿no puede simplemente checarme la presión? Creo que simplemente se me bajó la presión, eso es todo.
​Le checan la presión la azafata a Etel y efectivamente da 70/80 de presión, sumamente baja, sintiendo el cuerpo pesado y desvaneciéndose. Y le dijo la azafata:
—Trae la presión muy baja, señorita. Creo que en estos casos lo que debe hacer es subir los pies.
​Obviamente iba viajando Etel en un área VIP en primera clase, entonces en su cubículo podía perfectamente subir los pies, estar sumamente cómoda sin necesidad de pasar contratiempos y disgustos. Entonces subió los pies, le trajeron chocolates y un vaso de coca para que de inmediato, en pocos minutos, se le subiera la presión.
​Poco tiempo después, la azafata vuelve a pasar y dice:
—¿Se encuentra usted ya mejor? La presión está normalizándose, siga recostada, quedan muchas horas de vuelo, estamos a punto de despegar. Duérmase y relájese.
​La azafata les empieza a dar indicaciones de que el avión puede despegar, de que se abrochen los cinturones, y el avión despega. En ese mismo instante recibe un mensaje de la directora Gretel del Cereso y le dice:
"Señorita, sé que ya viene rumbo a Alemania y no pretendo que se regrese, sería una incongruencia y una falta de respeto enorme a su trabajo, a su tiempo, a su empresa y a sus planes. Lamentamos decirle que Frank se nos acaba de fugar del Cereso, estamos investigando todavía. Padece de amnesia, no ha recuperado la memoria, no sabe quién es, no sabe nada de su pasado, lo que hacía, solamente recuerda su nombre de usted y no sabemos en dónde está. No se altere, tranquilícese, sé que padece de la presión; llegue a Alemania y cuando llegue platicamos inmediatamente al día siguiente de su instalación, puede venir y yo misma —le diré al guardia de seguridad que la está esperando— yo misma la recibo y platicamos respecto a Frank. Esperemos en el transcurso de estas horas usted tenga la buena noticia y yo la tranquilidad de que haya regresado Frank."
​A Etel le tiembla con más fuerza la mano, siente que el oxígeno le quema el pecho mientras empieza a inhalar y sacar aire, inhalando y exhalando con desesperación tres veces para no desmayarse, se recuesta y se dice a sí misma con la voz temblorosa por dentro:
«No me voy a alterar, no me voy a acelerar, no me voy a preocupar, veremos qué pasa».
​Se voltea, se recuesta intentando calmar los latidos desbocados de su corazón y deja que pasen las horas. La azafata los despierta y le dice:
—Estimados pasajeros, vamos a aterrizar, les aconsejamos acomodar sus asientos, abrocharse el cinturón, estamos a punto de aterrizar.
​Las azafatas sabían de que traían a Etel delicada de salud —no delicada, pero sí se le había bajado la presión— entonces pues tenían la obligación de checar que estuviera ella bien. Y le pregunta:
—¿Se encuentra bien, señorita?
​Etel se levanta, agarra con fuerza una mano contra la otra para intentar frenar el temblor que la delata, disimula y les dice:
—Sí, estoy bastante bien, señorita.
—Muy bien, le vamos a traer un vaso más de coca para que se relaje con bastantes hielos, ¿okey?
—Sí, claro.
​Se lo toma, se relaja y le ayuda un poco a tranquilizarse. Al llegar al aeropuerto y al bajar del avión, está ahí un guardia de seguridad y tienen ahí el nombre de Etel y el nombre de la cárcel: Cereso de Alemania.
​Le manda inmediatamente un mensaje la directora Gretel de la cárcel y le dice:
"Estimada señorita Etel, me tomé el atributo de mandar por usted con un guardia de seguridad, espero usted se encuentre bien. Cuando llegue a la cárcel le daré más noticias de Frank; por ahora le indiqué al guardia de seguridad que la lleve hasta el hotel. Al día siguiente la va a recoger el mismo guardia de seguridad y la va a traer acá, evitando que usted gaste y que se preocupe por sentirse sola e intranquila. Espero no haberme tomado atributos que no me correspondían, gracias y descanse, llegó muy noche, nos vemos mañana a las 9 de la mañana, descanse."
​El guardia de seguridad la deja en el hotel, se espera que entre y se retira. Etel le contesta ya una vez estando en la habitación, en la suite que le había reservado su asistente Marcos:
"Estimada señorita directora Gretel, verdaderamente me da muchísimo gusto que te estés tomando el atributo y no me molesta, no lo veas así, verdaderamente me siento más tranquila, más relajada, y no me siento sola. Su guardia de seguridad me dijo que pasará al día siguiente por mí a las 9 en punto. Estoy más tranquila y con mucho gusto nos vemos, buenas noches."
​Se mete a la tina buscando que el agua caliente relaje sus músculos contracturados por los nervios, inhala y exhala con los ojos cerrados, se acuesta sintiendo aún un ligero temblor en su mano, la ansiedad carcomiéndola por dentro y rascándose un poco los brazos a causa de la tensión acumulada, pero obligándose a respirar tres veces, inhalando profundo y dejando salir el aire para poder conciliar el sueño. Se duerme exhausta.
​Al día siguiente llega el guardia de seguridad, toca a su puerta y le dice:
—¿Está usted lista?
—Sí, así es —dice Etel.
​Entonces se dirigen rumbo al Cereso de Alemania. Estando ahí rumbo al Cereso no había necesidad de esperar al guardia de seguridad, ya que era él mismo y la pasó directamente a la oficina de Gretel. Le dice Gretel a Etel:
—Buenos días, ¿cómo está usted?
—Estoy muy bien, pasé muy buena noche.
​Pero en el fondo Etel sentía que el estómago se le hacía nudo; sabía perfectamente que no era así. Había dormido solo por inercia, pero había despertado sumamente agotada, con la ansiedad a flor de piel, respirando con dificultad, mirándose al espejo con ojeras y echándose agua fría en la cara para intentar recuperar el color y la compostura. Trataba de obligar a sus pulmones a tener respiraciones lentas, pero sentía el pecho oprimiéndosele con rapidez.
​Recordó que cuando se daba el baño, antes de que llegara el guardia de seguridad, estaba sentada en la tina abrazándose las rodillas, respirando profundo con los ojos llorosos, recargándose contra la pared fría y pidiéndole en silencio a Dios que todo saliera bien y que Frank apareciera para poder continuar con su proyecto y salvar su empresa.
​En ese momento vuelve a la realidad y le dice:
—Sí, pasé muy buena noche y estoy bastante bien, no tiene por qué preocuparse, verdaderamente sus atenciones están siendo exquisitas, verdaderamente muchísimas gracias.
—Siéntese, es un placer —dice Gretel—. Mire, no me voy a andar sin rodeos, le voy a decir la situación, no la regresé. Le voy a decir el porqué: sospechamos que uno de los guardias de seguridad —obviamente no es el que la trajo a usted— lo dejó salir a Frank. Y lo que hicimos... no la regresé porque yo le hice saber a todos los guardias de seguridad que usted estaba aquí; yo pienso, o tengo la certeza, de que los guardias de seguridad saben sobre usted por Frank. Verdaderamente quedó fascinado con usted.
​Etel agacha la cabeza sintiendo un calor repentino en las mejillas, se sonroja y sonríe a pesar de la tensión, pero disimula rápidamente, levanta la barbilla y se pone bastante seria y regia, como debe de ser. Entonces dice Etel:
—¿Usted espera que él vuelva por el simple hecho de saber que estoy aquí?
—Sí, verdaderamente así lo creo y así lo espero, no creo que tarde bastante tiempo en aparecer.
—Disculpe, directora, ¿cuántas horas lleva desaparecido? —dice Etel, sintiendo que el aire vuelve a faltarle un poco.
—Lleva 8 horas y no sabe en dónde está.
​Etel suspira profundamente, conteniendo los latidos acelerados de su corazón, y saca el aire. Le dice a la directora Gretel:
—No se preocupe, yo sé que va a aparecer.
​Un guardia de seguridad interrumpe a la directora y le dice:
—¡Señorita, tenemos noticias, apareció Frank!
​Etel se levanta por inercia, con el alma en un hilo —no lo pensó, no pudo reaccionar, no pudo detener el impulso de su propio corazón—, simplemente se le salió y le dijo al guardia:
—¿Cómo está Frank? ¿Está bien? ¿Se encuentra bien?
​Y todos se le quedan viendo fijamente a Etel.




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