Contrato de Sombras

Capitulo 2: Los acuerdos

↢ Valerio Marchetti ↣

Tras revisar línea por línea el documento que la señorita Dupont me había enviado, hice un par de llamadas a mis contactos ejecutivos hasta obtener su número telefónico privado. Redacté un mensaje seco, formal y directo al punto:

Señorita Dupont, si dispone de tiempo más tarde, sería conveniente reunirnos en un punto neutral para discutir los términos del contrato que me hizo llegar.

Presioné enviar y dejé el teléfono sobre la caoba de mi escritorio. Volví a fijar la mirada en sus páginas. Había puntos en los que podía ceder; al fin y me cabo, el dinero no era un problema para ninguno de los dos. Sin embargo, su obstinación en la Cláusula II, Punto 2 era una declaración de guerra abierta. Exigir la marginación absoluta de Selene en nuestra residencia y eventos era un golpe directo a mi autoridad. Selene había estado a mi lado durante nueve años; no iba a desplazarla solo porque la joven empresaria quisiera salvaguardar su orgullo.

Ella estaba en su derecho de proteger su imagen pública, pero en mi territorio y en este posible matrimonio, las reglas las dictaba yo. Tenía que hacérselo entender, costara lo que costara.

Me acerqué al ventanal de mi despacho y serví dos dedos de whisky en un vaso de cristal cortado mientras esperaba su respuesta.

—Señor —interrumpió una voz en la puerta.

Giré la cabeza y vi a Albert, el mayordomo principal de la residencia, sosteniendo una caja de madera oscura barnizada con acabados dorados.

—Le acaban de entregar esto en recepción, señor Marchetti.

Hice un leve gesto con la mano para que la dejara sobre el escritorio.

—Gracias, Albert. Puedes retirarte.

En cuanto la puerta se cerró, me acerqué a examinar el empaque. En la tapa superior destacaba una tarjeta con el relieve dorado del sello distintivo de Dupont Construction. La tomé y leí el grabado:

Dupont Construction tiene el agrado de invitarlo a su Gala Anual de Beneficencia.

Abrí la caja. En su interior, sobre un lecho de terciopelo negro salpicado por delicados pétalos de rosa secos, reposaba una tarjeta de invitación formal de gramaje pesado.

Dupont Construction reafirma su compromiso con el desarrollo y el futuro de las nuevas generaciones. En esta nueva edición de nuestra Gala Anual, nos complace presentar la Beca "Futuros Prometedores". Se solicita a cada socio e invitado asistir con una mente abierta a la innovación.

Giré la tarjeta para observar el reverso. Grabado con pan de oro, se alzaba el imponente boceto del rascacielos sede de Dupont Construction, el símbolo de un imperio que había cambiado el rumbo del sector inmobiliario en solo tres años.

Javs Dupont había dedicado seis años de su vida a cimentar esa empresa desde el barro. En los últimos tres, construyó su propio edificio inteligente y consolidó un equipo operativo de un nivel extraordinario. Su modelo de liderazgo se basaba en una lealtad ciega y un crecimiento mutuo. Grandes corporaciones —incluida la mía— habían intentado cazar a sus ingenieros y directores de obra con ofertas millonarias durante años. La respuesta de sus empleados siempre era la misma: negativas rotundas y correos formales expresando su fidelidad absoluta a la señorita Dupont.

Nosotros mismos intentamos fichar a su director de infraestructura hace un año. La oferta quedó en el aire tras un escueto mensaje: "Agradezco el interés del Grupo Marchetti, pero mi compromiso está firmemente vinculado a Dupont Construction".

Guardé la tarjeta en la caja y volví a mirar por el ventanal. Iría a esa gala. Necesitaba presenciar de cerca el poder de convocatoria de Javs Dupont y entender qué la hacía tan intocable para su gente.

El teléfono sobre la mesa vibró. La pantalla mostraba la respuesta de Javs:

En mi penthouse. Piso 12. Un guardia de seguridad le dará acceso directo al ascensor privado. Si va a traer a alguien, que sea a su abogado; el mío ya está en camino.

Un mensaje corto, helado y preciso. Sonreí con cierta ironía, apuré el trago de whisky, tomé mi saco y salí del despacho. En la entrada de la residencia ya me esperaba mi chófer con la puerta del vehículo abierta.

—Al penthouse de la señorita Dupont —ordené mientras subía al asiento trasero, llamando a mi representante legal en el trayecto.

↢ Javs Dupont ↣

El sol apenas comenzaba a despuntar sobre el horizonte de la ciudad, tiñendo el cielo de tonos dorados y violetas. Sostenía una copa de vino fino mientras observaba la vista panorámica desde el gran ventanal de mi penthouse.

Sabía que Valerio ya había leído mi contrapropuesta. Su mensaje de texto pidiendo una reunión era la prueba de que el golpe había dado en el blanco. Pedirle que trajera a su abogado no era una casualidad; quería medir sus límites, ver hasta dónde estaba dispuesto a ceder y demostrarle desde el primer minuto que yo no negociaba con miedo.

A las nueve en punto, el timbre del ascensor privado anunció su llegada.

Lincoln, mi abogado, ya estaba sentado en el comedor de cristal con su maletín abierto y los borradores listos. La puerta del ascensor se abrió y por ella emergieron Valerio Marchetti y su asesor legal. Valerio vestía un traje a medida de tres piezas, imponente, con esa aura oscura y calculadora que infundía respeto en cualquiera.

—Señorita Dupont —saludó Valerio con una inclinación de cabeza casi imperceptible, recorriendo mi departamento con la mirada antes de fijarla en mí.

—Señor Marchetti. Veo que recibió mi indicación —respondí con serenidad, señalando la mesa de reuniones—. Tomen asiento. Creo que ninguno de los dos tiene tiempo que perder.

Nos acomodamos frente a frente. La tensión en la sala era casi palpable; era un choque de trenes entre dos personas acostumbradas a mandar y nunca a obedecer.




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