Contrato floral con el Ceo

10. La criatura que no entiende

Callie

—Yo no era tan mala como para que Derek me hiciera algo así… y apuesto a que tú tampoco —confieso.

El restaurante sigue su ritmo a nuestro alrededor mientras abro un poco más mi corazón ante mi cómplice de venganza.

Rowan encoge los hombros.

—Nunca la engañé, si a eso te refieres, y cumplí todos sus caprichos porque quería hacerla feliz. Pero… realmente, mi trabajo a veces es complicado y paso mucho tiempo en viajes de negocios.

—Esa no es excusa para una infidelidad, Rowan. Las cosas se hablan.

—Supongo que sí —admite, relajándose contra el respaldo de la silla—. Pero antes de ella fui… cuestionable. Aunque en ese entonces, veía como algo muy lejano llegar a ser CEO de KAVAN.

—¿Eras el mujeriego cliché y borracho que sale en las películas?

Él dibuja una sonrisa… ¿apenada? Luego ríe por lo bajo.

»¡Eso eras! —lo acuso, divertida.

—Sí, culpable —confiesa con un gesto de rendición—. También era más joven, inmaduro y con tarjetas de crédito ilimitadas… ¿quién no sería así a esa edad?

—Yo —respondo sin pensarlo.

Rowan amplía su sonrisa, y sus hoyuelos se marcan.

Madre mía, es realmente guapo.

—Tú eres una criatura exótica, no cuenta.

La magia se rompe.

—¿Por qué se empeñan en llamarme «criatura»? Soy una persona.

—Es un halago —asegura—. Estás por encima de las personas promedio.

El sonrojo vuelve, pero intento dominarlo.

—No entiendo.

—Y ese es el encanto —agrega, justo cuando desvía la mirada hacia el pasillo por donde viene el mesero con los aperitivos—. Nunca comprenderás lo especial que eres, Callie… y por eso eres una criatura exótica que está por encima del promedio.

El mesero llega.

Y yo… estoy muda.

Es el halago más extraño que me han hecho, pero también el más significativo.

Ningún hombre me había dicho algo tan bonito, ni siquiera cuando querían llevarme a la cama. Y, además, lo ha dicho con una sinceridad abrumadora.

De repente, me siento… ¿guapa?

Ya no me percibo como alguien fuera de lugar en este ambiente de lujo y elegancia, sino como si tuviera permiso de estar aquí. De moverme libremente.

—El paparazzi debe estar tomando millones de fotos de esa sonrisa —murmura Rowan cuando el mesero se ha marchado y ya tenemos los aperitivos y el vino frente a nosotros.

—¿Perdón?

—Tu sonrisa —aclara, con naturalidad—. Es muy bonita.

Y esa sonrisa —bonita— se amplía aún más.

—Gracias por los halagos, has sido muy amable.

—Fui honesto —dice mientras echa un vistazo a los aperitivos—. Tu exnovio es un imbécil. Me alegra saber que se revolcará de dolor cuando te vea con un tipo que te regaló una bolsa que probablemente cuesta más que su automóvil.

—Él tiene un BMW.

—¿Modelo? ¿Año?

Puedo responder porque Derek estaba orgulloso de ese auto, como si fuera parte de su personalidad.

—Lo compró el año pasado. Es un Serie 2.

Rowan asiente con calma.

—Sí, tu bolso es más caro que su BMW.

—¿Qué? —Mi mirada se dispara hacia la bolsa junto a mí—. ¿Es en serio?

—Es una edición limitada —dice, señalándola con la copa en la mano—. Te lo dije, la magia de los asistentes.

Aún observo mi bolso como si fuera un objeto sagrado. Lo señalo y pregunto:

—¿No deberíamos preguntarle si quiere vino o algo?

Rowan suelta una carcajada y sacude la cabeza.

—Si quieres, en el automóvil le ponemos cinturón de seguridad y le preguntamos si quiere ir al cine.

Y ahora soy yo quien ríe.

—Yo creo que sí, quizá hasta deberíamos ir pensando en su universidad.

—Definitivamente —ríe él también, y bebe un poco de su vino—. Es importante asegurar el futuro de un bolso Prada.

Tomo mi copa y bebo con lentitud ese vino blanco que tantas veces me dijeron que «no sabría apreciar».

Es delicioso.

—Le diré al paparazzi que agregue la comparación del bolso y el BMW.

Una sonrisa maliciosa se forma en mis labios.

—¿Puede hacer eso?

—Oh, sí —responde Rowan, con esa sonrisa peligrosa suya—. Sufrirá. No te preocupes.

No resisto las ganas de aplaudir en silencio. Rowan se divierte.

—Este es el momento perfecto para darte de comer en la boca —dice de pronto—. Delaney amaba que nos fotografiaran así. Sufrirá un retortijón si me ve haciéndolo con alguien más.




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