Contrato Matrimonial

PRÓLOGO

Miro a Ethan de manera nerviosa mientras juega con un bolígrafo que encontró sobre la mesa. Suspiro con fuerza, algo que llama su atención, porque sus ojos verdes me observan con ese aire de cansancio, aburrimiento y evidente molestia que tan bien conozco.

¡Nada de esto es mi culpa!

Él también es responsable. Sabe perfectamente que, de vez en cuando, me patina el coco y, aun así, decidió seguirme la corriente.

—No me mires de esa manera tan desagradable —murmuro, encogiéndome un poco para evitar darle un golpe.

—Todo esto es tu culpa, Adeline. —Pongo los ojos en blanco y me enderezo en la silla.

—Tú me seguiste, así que cállate. —Él resopla con evidente fastidio.

La puerta se abre antes de que pueda responder. Un hombre entra con una sonrisa demasiado amable para ser sincera. Es una sonrisa de burla, y hasta Ethan, que a veces parece no tener dos neuronas conectadas, es capaz de notarlo. Suspiro, intentando mantener bajo control mis instintos asesinos.

—Buenas tardes. —Se sienta frente a nosotros y abre lo que imagino es nuestro expediente. —Ethan Hawthorne... Adeline Hawthorne. —Odio cómo suena ese maldito apellido cuando sale de la boca de otra persona. —Debo admitir que me sorprende todo lo que acabo de leer. Tienen una cantidad impresionante de cargos y, para rematar, son hijos de dos de las familias más influyentes del país. ¿En qué estaban pensando?

—Claramente, en las consecuencias no —murmuro. —Ethan me pellizca la pierna. —¡Hijo de puta! ¡No me pellizques!

—Entonces deja de comportarte como una niña. Ya tenemos suficientes problemas como para sumar otro más. —Bufo totalmente indignada.

—Diré lo que me dé la gana, maldito pene pequeño. —Ethan abre los ojos de golpe.

—Eso no era lo que decías cuando...

—Claro que lo acabo de decir, porque, por suerte, nunca más he tenido que toparme con semejante y desagradable... cosa. —Le dedico una sonrisa tan falsa que hasta a mí me da vergüenza.

—¿Pene pequeño? —pregunta soltando una carcajada—. ¡Si era por este que suspirabas durante la luna de miel!

—En realidad suspiraba por mi exnovio. ¿Te acuerdas de ese bombón?

—¡Maldita loca! ¡Y encima cocinas horrible! —Jadeo, ofendida.

—¡Te comías todo lo que preparaba, bastardo de mierda!

—Para no herir tus sentimientos. —Alguien se aclara la garganta.

Los dos giramos la cabeza hacia el oficial.

—Señores Hawthorne, están metidos en un problema bastante serio. Así que agradecería que me explicaran cómo terminaron aquí. —Sonrío como angelito.

—Entonces póngase cómodo, porque esta historia va para largo.

—Siempre que no empieces a inventarte cosas —dice Ethan a lo que levanto la mano y el oficial asiente.

—Adelante. —Sonrío triunfadora.

—¿Está preparado para escuchar la historia más absurda, ridícula y divertida de toda su carrera?

—Por algo sigo sentado aquí, señorita...

—Ashford, por favor. Ese apellido todavía me gusta mucho más.

—Hace unos años soñabas con llevar el mío —murmura Ethan.

Le dedico una sonrisa peligrosa.

—Me dieron la palabra a mí, Ethan. Así que cierra esa bonita boca y deja de joderme los ovarios y poner a prueba mi paciencia, porque estoy considerando seriamente romper la silla donde mi trasero está sentado en tu cabeza de mierda. —El oficial nos observa completamente desconcertado y yo vuelvo a sonreír. —Como iba diciendo... esta es una historia bastante peculiar.

—Claro… peculiar—murmura Ethan con sarcasmo.

—Comience—le sonrío analizando nuestra historia desde el principio.

Una que sé que jamás él habría imaginado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.