Sinceramente, no sé cuál demonios es el problema con mi familia y su obsesión por levantarme temprano. ¡Hola! Odio las mañanas, odio que me despierten y odio esos gritos de retrasadas que tienen mis hermanas.
Abro los ojos maldiciendo desde temprano a todo lo maligno que me haya enviado a Olivia y Vivian. La puerta de mi habitación se abre y una melena roja como el fuego aparece en mi campo de visión.
—Adeline, Dios mío, lo siento. —Miro a mi prima Harper Ashford, quien está llorando como la retrasada que es.
Pero mi pregunta es: ¿por qué se disculpa? Mi apestoso mal aliento mañanero me acompaña. Me quito la lagaña mientras bostezo y me estiro. Lo único que tengo a mi alcance es una mini bocina que Olivia dejó anoche luego de acompañarme a escuchar canciones cortavenas. No lo dudo y se la lanzo a Harper, quien se agacha y me mira horrorizada.
—Sabes que odio que me levanten. —La señalo con un dedo y mi voz es asquerosamente ronca.
—Pobrecita, está sufriendo. —La miro raro—. Ya Olivia y Vivian me contaron todo. —Sorbe la nariz—. Siento tanto que Ethan te haya rechazado. —Abro los ojos como platos.
—¿Disculpa? —murmuro sin dar crédito.
—Ay, Dios, el dolor la está volviendo loca. —Rasco mi nuca mientras analizo sus palabras.
—¿Quién me rechazó? —Ella solloza y maldigo para mis adentros por la anormal familia que tengo.
—Ethan. —Sonrío y me levanto como poseída. Tomo dos tacones y camino fuera de la habitación—. ¿Adeline? —Antes de que ella pueda reaccionar, veo a Vivian y Olivia riéndose. Lanzo un tacón a cada una, que esquivan con esfuerzo.
—Así que me rechazaron. —Digo como una loca psicópata.
—¡Mamá, Adeline enloqueció! —El grito de Vivian me sobresalta.
—Esta vez ni mamá te salvará, perra miserable. —Gruño mientras corro escaleras abajo, pero como soy yo, termino rodando por ellas—. ¡Mierda! —Acabo rodando hasta el primer piso—. Joder. —Murmuro al sentir el dolor.
—¿Ya moriste? —pregunta Olivia—. Di que sí para que Vivian y yo podamos compartir tu fortuna. —Vivian la mira mal.
—Si ella te responde es porque sigue viva, Olivia. Mejor que ni responda; así, aunque siga viva, estará bajo tierra y nosotras con su parte de la herencia.
—Eres una genio. —Chocan los puños.
—Lo sé, cariño. Me siento única y especial. —Me siento en el suelo gimiendo de dolor.
—Malditas escaleras que me odian. —Gruño molesta.
—Por cierto, Ade, Stefan está en la cocina hablando con mamá. —Mis ojos se abren—. Al parecer quiere invitarte a salir. —Lo menciona de manera distraída.
El mundo gris que arrastro desde las palabras dedicadas por mi padre y Edward Hawthorne hace días desaparece para darle paso a uno lleno de unicornios, focas retrasadas y arcoíris de felicidad.
—¿De verdad? —pregunto feliz.
—De verdad, de verdad, verdades. —dice Olivia, haciéndome rodar los ojos por las pendejadas que dice.
—Claro, eso es igual a la lógica logística. —Golpeo mi frente al escuchar a Vivian.
—Me iré a quitar la mugre. —Corro más rápido que Flash hasta mi habitación.
Cuando entro, veo un lindo vestido sobre la cama y a Harper buscando zapatos. La ignoro; luego le agradeceré. Entro al baño y hago todo en tiempo récord. Me cambio, me hago una trenza y bajo las escaleras con estilo.
—Adeline. —Miro a Harper de buen humor.
—¿Pasa algo? —pregunto con aires despreocupados. Mi crush está en mi casa, ¿qué puede pasar?
—Tío está con el chico. —Me paro en seco, abriendo los ojos como platos.
—Me lleva quien me trajo. —Murmuro, gimiendo con pesar mientras bajo las escaleras rápidamente.
Cuando entro a la cocina, ninguno está ahí.
—Adeline. —Mamá me regala una sonrisa.
—¿Dónde está tu esposo con mi crush? —pregunto rápidamente.
—En la oficina, pero...
Salgo disparada hacia la oficina de mi padre y abro sin llamar. Veo el rostro serio de Stefan y papá me mira.
—Hija. —Respiro hondo y entro como la puta ama que soy.
—¿Qué le contaste, papá? —¿Acaso eso fue un chillido el que salió de mis labios?
—Te casas. —Es todo lo que dice Stefan y gimo con pesar.
—Papá. —Mi voz es amenazadora.
—Hija. —Llevo una mano a mi cabeza.
—Por Dios, no me caso. —Solo faltaron esas palabras para que el grito adolorido de alguien se escuchara detrás de mí. Me doy la vuelta y abro los ojos al ver a Ethan amarrado con una soga que sé que no podrá desatar él solo. Sus ojos fulminan a su padre, quien tiene un pie sobre su abdomen. —Sé que Ethan es un perro, pero ¿por qué hasta ahora quiso tratarlo como tal? —pregunto cruzándome de brazos.
—Debemos preparar todo. —Le dice a mi padre, ignorándome.
—¿Por qué va amarrado? —pregunta papá mirando a Ethancito tirado en el suelo. Me daría penita si no lo detestara tanto.
—Quiso escapar del país. —Dice Edward Hawthorne con una siniestra sonrisa.
—¡Esto es secuestro, papá! —grita Ethan.
—Si quieren, yo cuido de su cuerpo. —Propongo con una sonrisa. Ethan niega como loco.
—Ni loco dejaría mi cuerpo en tus manos. Definitivamente no. —Le hago ojitos a Edward Hawthorne.
—¿Por favor? —Ok, debo practicar eso de ser amable con las personas. Eso sonó más a una pregunta que a una súplica.
—Edward Hawthorne, será mejor que, por tu propio bien, sueltes a mi hijo en este instante. —La voz de Victoria Hawthorne hace que Edward se estremezca y abra mucho los ojos mientras murmura un:
—Mierda. Cariño...
Victoria Hawthorne no parece nada feliz.
—No tratarás a mi hijo como un animalito. —Se arrodilla frente a ese desecho humano, excremento de simio.
—Pero, cariño...
Ella levanta la mano.
—Nada de "cariño". Tú lo vas a soltar. —Le dice mirando duramente a su esposo—. Y tú, Ethan, no escaparás del país y te casarás con Adeline. —Ahora sus ojos brillan emocionados—. Eleanor y yo estamos arreglando los preparativos. —Abro los ojos sorprendida—. Será una boda espléndida. —Me dice con orgullo.
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Editado: 23.07.2026