El señor Edward Hawthorne sonríe mirando la sala vacía mientras el señor William Ashford se acerca con dos vasos de ron en las manos. Ambos esperan pacientemente a que pasen unos minutos para no ser observados o acosados por sus hijos e hijas. Los conocen bastante bien como para no saber que podrían estar espiándolos justo ahora.
Ambos se llevan el vaso a los labios y le dan un trago fuerte a su bebida. Cuando han pasado cinco minutos en un silencio sepulcral, ambos se sientan a reírse como maníacos.
—Casi lo logramos —dice el señor Ashford con una sonrisa perversa en los labios.
—Ellos jamás sabrán que todo es una farsa y que ese concurso está patrocinado por nosotros. —Ambos sonríen y chocan sus puños.
—Yo decidí que mi hija se casaría con el tuyo. —Se miran con un aura maligna, sintiéndose los dos como villanos de películas animadas.
—Se peleaban demasiado cuando eran niños. Luego se volvieron muy amigos. Pensé que ahí nacería el amor, pero esos dos idiotas solo fueron muy lentos y ahora se odian —dice Edward frunciendo el ceño.
—Pero ahora sí lograremos nuestro objetivo. No entiendo cómo soportabas a esa niña que dice ser novia de Ethan. —Él rueda los ojos. —No es por ser malo, pero ella no puede estar con él. Cuando Ethan y Adeline nacieron, decidimos que ellos se casarían. —Ambos se ríen.
—Ya lo lograremos. —Chocan sus puños.
—Ya verán. Estamos muy cerca de lograr nuestro propósito.
Los dos amigos asienten y ya que en el momento en que se dieron cuenta de que tenían hijos e hijas que podrían formar familia, querían que sus lazos de unan más. Ambos se miran riendo y continúan tomando de sus vasos. Esos dos amigos, aunque el mundo se hiciera pedazos, conseguirían lo que se propusieran.
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Editado: 23.07.2026