Muy bien, no pensé que nuestros padres se tomarían muy en serio lo de «la comunicación entre Perrothan y yo».
Estamos en silencio, ignorándonos, ya que no estoy de tan buenos ánimos como para insultarlo y no perderé mi orgullo. Nosotros podríamos salir por la ventana y escaparnos de este lugar, pero eso sería si trabajamos en equipo, lo cual, al parecer, ninguno hará. En cuatro días me caso y sé que esa boda marcará el épico desastre en la historia de la humanidad, y en la de los caninos como Ethan también.
Suspiro, aburrida de permanecer en este lugar. Bien, las puertas de metal no parecen un materal fácil de romper. Pero la maldita ventana se ve tan jugosa que me causa que quiera correr a ella y saltar, importándome nada que estamos en un tercer piso.
—Tengo hambre —la voz de Ethan rompe el silencio. Lo miro con cara de «¿en serio?».
—Come —digo cortante. Si él tiene alguna neurona que sirva, por favor que haga su aparición ahora. No tengo tiempo libre con un neandertal, aunque creo que insulto a los neandertales al compararlos con Ethan.
Perdón, neandertales, no era mi intención ofenderlos de una manera tan cruel.
—Wao, no lo había pensado antes. ¿Cómo no se me ocurrió? Eres una genio sinteros —lo miro confusa.
—¿Sinteros? —pregunto y él sonríe.
—Sin tetas ni trasero —no lo pienso bien cuando ya me encuentro arañándole el rostro.
—Idiota —él solo sonríe.
—Hagamos algo, sinteros. Vamos a hacer nuestro matrimonio más interesante —lo miro aburrida.
—No tendré sexo contigo —un chillido sorprendido se escapa de sus labios, sobresaltándome.
—Yo no iba a mencionar nada referente al sexo —ahora eso capta mi atención.
—¿Y de qué manera sería? —pregunto, sentándome en forma de indio.
—Hagamos tres retos. El que pierda hace lo que el otro quiera —sonrío.
—Yo sé qué quiero si gano —digo de manera rápida.
—¿Qué quieres? —mi sonrisa incrementa.
—Quiero que en «nuestra boda» seas tú quien lleve el vestido de novia. Yo llevaré el traje —él parece sorprendido.
—Y si yo gano, saldrás en ropa interior a la calle sin cubrirte —arqueo una ceja.
—Hecho —él me da la mano y la estrecho—¿Con qué comenzamos? —pregunto con una sonrisa diabólica en los labios.
—Tú eliges el primer reto —lameo mis labios.
—Primero hay que salir de aquí. El tener que respirar tu mismo oxígeno me está afectando. Luego me convierto en una neandertal con síndrome de idiotismo extremo —él me regala la sonrisa más falsa que he visto, una más falsa que los saludos que recibo de su novia. Qué pareja más encantadora, ambos me adoran.
—Bien —con un suspiro me levanto del suelo. Ya mi pobre trasero duele.
¿Cómo bajamos? Bueno, no sé muy bien, pero Ethan terminó en el suelo y mis piernas en su cabeza. No fue intencional, creo, pero ahora él tiene un lindo chichón que causa gracia, ya que se ve un tanto sexual, eso depende de quién lo mire. Creo que visitaré la iglesia este domingo.
—Ethan, te reto a hacerle un striptease a la primera mujer que toques en la calle. Antes hay que pasar a comprar una silla. La sentarás y le bailarás —él pone una cara de ser la persona que está más buena en este mundo, a lo que ruedo los ojos.
Como soy una persona que no piensa gastar ni una hoja que arranque de un árbol, Ethan es quien termina pagando la silla y, por cosa del diablo, o tal vez de Dios, encuentro una tienda donde, con el dinero que le robé sin que lo notara, compro ropa sexy talla Ethan. Me río tan fuerte que la chica que me está cobrando hace su trabajo rápido para que me largue. Pobre, cree que estoy loca.
—Aquí tengo la silla —dice Ethan con una sonrisa en su rostro.
—Bien, aquí está el vestuario que llevarás —él deja la silla en el suelo y toma la bolsa. Poco o, más bien, de una manera muy rápida, su sonrisa se desvanece para que sus ojos verdes se posen en mí. Ahora soy yo quien va levantando las comisuras de mis labios y dejo mis dientes al aire, una sonrisa real de que yo tengo la victoria en este estúpido juego.
—No lo haré —dice rápidamente.
—¡Oh! —mi sonrisa crece—¿El gran Ethan tiene miedo? ¿Qué es eso que huelo? —olfateo el lugar y luego alrededor de Ethan—Sí, hay un mal olor. Uno a miedo. No sé, creo que cobardía. Como que ambos juntos, es que no los identifico —los labios de Ethan se aprietan y muerdo la punta de mi lengua.
—Eres una tramposa, esto no iba en el trato —dice, apretando los labios en una fina línea.
—¿Crees que me importa? Cumple con el reto —mi sonrisa ni podría ser más reluciente.
—Bien —acepta con una mirada arrogante—, pero que no te sorprenda que añada algunas cosas más a tu reto, cariño —él me sonríe y, sin avisar, besa mi mejilla—No sabes cuánto voy a disfrutar —dice en mi oído y mi piel se eriza por su aliento en mi oreja. Mi ceño se frunce y lo veo alejarse. Él es un idiota, un idiota sexy, pero idiota al fin.
Lo veo entrar a un baño público y abro la silla en medio de la calle. Los autos se detienen a mirarme y el pitido de sus autos, pidiendo que me quite, no logra su cometido. Varias personas se detienen a mirarme con curiosidad, pero qué chismosos. Cuando veo a Ethan venir, sonrío. Una mujer se baja de su auto y se acerca a mí.
—Señorita, necesito pasar, así que despeje el área —me dice. Debe tener unos veinticinco años y es bonita. Ethan la toma de la mano y la sienta en la silla. Los ojos de ella se agrandan.
Yo me acerco a un auto y abro la puerta del piloto.
—Necesito conectar mi teléfono a su radio —el chico me mira las tetas y asiente. Ruedo los ojos.
Y eso, Perrothan, que yo soy una tabla de surf. Pues este chico está babeando por estas nenas que tengo siempre firmes.
Lo hago y pongo en play la canción «SexyBack» de Justin Timberlake. Mi sonrisa crece cuando Ethan quita su bata y solo queda el bóxer extremadamente ajustado, con un lazo en el cuello. Los jadeos de las personas hacen que mi sonrisa incremente más, si eso puede ser posible.
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Editado: 23.07.2026