Un gruñido cansado brota desde lo más profundo del pecho de Ethanidiota. Su cabeza está agachada, mirando con aburrimiento los barrotes que nos impiden nuestra libertad. Han pasado aproximadamente cinco horas desde que estamos aquí y ya tengo tanta hambre que podría comenzar a cocinar barrotes. Muero por comer algo cocinado por mamá, ella es excelente en la cocina, todo lo contrario a mí.
En momentos como este agradezco que mi familia posea dinero y, gracias a eso, yo posea dinero, porque el futuro de mi pobre esposo sería trágico, pero todo esto se me pasa al recordar que mi tragedia es mayor al tener que casarme con Ethanbastardo.
¡Yo no quiero casarme con un traidor! A ver, si me traicionó siendo solamente su amiga, ahora seré la mayor cornuda del mundo entero, este tipo no sabe lo que es la lealtad y fidelidad. Él es un idiota sin remedio.
—¿Por qué te hice caso? —pregunta cansado, levantando la cabeza.
Por lo menos ahora viste ropa decente que muy «amablemente» los oficiales le prestaron.
—Porque soy genial, dah —hago mi cara de mayor aburrimiento al él preguntar algo con una respuesta tan obvia.
—Claro, y tú estás buena —murmura.
—Gracias por el halago —él rueda los ojos a la vez que se pone de pie.
—Tenemos que salir de aquí —dice y asiento.
—Creo que empezamos a estar de acuerdo, no puedo pasar mis últimos días de libertad encerrada contigo —murmuro horrorizada.
—Adeline —lo miro.
—¿Qué? —pregunto, acomodando mi ropa.
—Actuemos, cariño —no sé a qué se refiere hasta que mis piernas se encuentran enredadas en sus caderas cuando me toma de los muslos y me alza.
—¿Qué cojo...?
—Shhh —pone su mano en mi boca—¿Has visto porno, cierto? —asiento confundida—Gime, eso alertará a algún oficial, ellos vendrán, entrarán para cambiarnos de celda y espero que tus malditas clases de autodefensa nos ayuden —trago en seco.
—Bájame, no pienso hacer eso —digo, intentando bajarme.
—No, es nuestra única salida. Si nuestros padres saben esto, nos sacan de aquí y te aseguro que nos veremos la cara hasta durmiendo, sabes cómo son —aunque no lo quiero aceptar, tiene razón. Esos dos seres portadores de espermatozoides potentes que hicieron a Ethan y a mí estar aquí están dementes. Y lo último que quiero es a Ethanestúpido cerca de mí todo este tiempo. De solo pensarlo, mi cabeza duele. No, no quiero a ese traidor más cerca de lo establecido. Definitivamente no.
—Bien —mis mejillas se tiñen—Esto es tan vergonzoso —murmuro con cierto malestar en mi estómago.
—No eres la única avergonzada, recuerda que no te soporto tampoco —dice y ruedo los ojos.
Despacio tomo aire y cierro los ojos. Si no veo a Ethan es más fácil hacer esto. Sí, he visto innumerables películas porno. De hecho, mi primer porno fue con este idiota y fue súper vergonzoso. Casi muero de un infarto al ver a Ethan concentrado en el porno y diciendo lo que a los hombres les gusta. Sí, él llegó a darme consejos muy útiles hoy en día.
Gimo alto y claro, tan real que abro los ojos y esos pozos verdosos me miran gratamente sorprendidos. ¿Qué? Puedo ser muy realista cuando me propongo las cosas, por lo mismo, gimo de nuevo.
—Ah, Adeline —gruñe Ethan, divertido con la situación. Maldito, apuesto a que debe estar burlándose de mí en su maldita mente, ese bastardo.
—¡Oh, Dios, sí! —luego Ethan me impacta contra la pared de manera violenta, robándome un jadeo de mi parte. Este no es fingido, ya que la sorpresa me hizo soltarlo. Escucho pasos cerca.
—¿Lista para tu mejor actuación? —pregunta y hace movimientos no aptos para niños.
—¡Oh, sí! —gimo con fingida satisfacción.
—¿Qué ocurre a...?
La chica se queda con la boca abierta. Ethan fue muy inteligente al aflojar su pantalón y hacerme parecer como si estuviéramos teniendo sexo.
—¡Oh, Adeline! —casi me río al ver la cara de horror de la chica.
—¡Así, bebé! —gimo, agarrando su cuello. La chica abre la puerta y llama a alguien. Un chico entra y jadea al vernos.
—Us...te...des no pue...den ha...cer eso —gimo como si fuese alguna actriz porno y cuando Ethan aprieta mi muslo en la señal...
Tan rápido que por poco no lo veo venir, Ethan me baja y golpea al policía y, antes de que la chica reaccione, ya la tengo inconsciente. Miro a Ethan, a quien le toma un poco de tiempo dejar inconsciente al oficial.
—Vamos —digo y, como Vivian me enseñó, en cualquier situación, por muy mala que sea, no debo perder el glamour. Es por eso que, a pesar de estar prácticamente corriendo, mis movimientos son hipnóticos y muy seguros de sí mismos.
Antes de que nos demos cuenta, ya estamos fuera de la comisaría. Ethan me guiña un ojo y eso me hace reír.
—¡Corre! —grito al ver cómo nos buscan con la mirada.
—Joder, ni que fuésemos criminales —murmura furioso.
—No sé si criminales, pero rompimos la ley —murmuro agitada al correr.
—¡Alto! —una señora pasa a mi lado con un pastel.
—Espero no irme al infierno por hacer llorar a una señora —digo antes de tomar el pastel y lanzárselo a los oficiales, quienes quedan embarrados de rosa gracias al bizcocho. Veo que se desorientan y arrastro a Ethan a un bar de mala muerte. Por el espejo veo cómo se alejan y suspiro.
—Eres cruel —murmura Ethan, mirándome de reojo. Me encojo de hombros.
—No lo soy y además...
Mi voz se apaga al mirar al frente. Robustos hombres nos miran con cara poco amigable, chicas con vestimentas muy insinuantes me dan una sonrisa extraña.
—Tenemos invitados —veo cómo, de manera discreta, hacen ver que poseen armas de fuego.
—Bien, creo que nos equivocamos de lugar —digo con una sonrisa nerviosa.
Miro a Ethan y es una suerte que ni deba decirle que tenemos que salir de este lugar. Algo en la mirada de estas personas no me gusta para nada.
Cuando doy la vuelta, casi caigo de bruces al suelo por el grandulón que está interrumpiendo la entrada. Muerdo mis labios y miro al debilucho de Ethan. Si por él es, estamos perdidos. Creo que yo misma tengo más fuerza que ese idiota.
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Editado: 23.07.2026