Contrato Matrimonial

11. Prófugos

—¡Que nadie mire hacia atrás!—grito sintiendo que mis pulmones me exigen con urgencia que les dé descanso. Los ignoro y continúo corriendo como si mi vida dependiera de ello, bueno, literalmente mi vida justo ahora está dependiendo de que corra más rápido que algún atleta. Pero estos hombres robustos que nos siguen no se ven nada amigables como para querer entablar una conversación sin disparos y sin matarnos en algún punto de nuestra charla civilizada, así que nuestra única opción es correr. Porque nuestras jodidas vidas dependen de eso ahora.

—¡Que no escapen!—escucho al jefe gritar y los otros que lo acompañan gritan como si fuese algún ladrido que más bien lo veo como: «Cuando los alcance será su final». Bueno, es mejor no pensar en mi muerte ahora.

Ethan sujeta mi mano y me hace señas de que hay que enfrentarlos, lo miro horrorizada. No puedo pensar en una pelea ahora. Sigo corriendo y salto un contenedor de basura que alguien dejó caer, hasta parezco bailarina de ballet.

—No creo que aguante mucho a este ritmo, Adeline—miro furiosa a Charlotte, quien es sujetada por Luca para que no detenga el paso, ellos son 10 personas como nosotros somos 10 personas. ¿El problema? Bueno, ellos son diez personas robustas, llenas de músculos y que apuesto saben pelear muy bien. En cambio nosotros tenemos a cuatro chicos que tal vez sepan defendernos, ah, y Ethan. Luego tenemos a Olivia, quien no sé qué hará cuando solo trata de evitar el contacto con Nathan. Vivian, bueno, ella al menos puede que pelee con uno de sus tacones.

Quiero saber qué tipo de pacto satánico Vivian hizo para correr en unos malditos tacones y seguirnos el ritmo y que ellos no se rompan, eso tiene que ser algo sobrenatural, no hay poder humano que pueda con algo así. Harper, bueno, ella está muy entretenida en contar el dinero que lleva en la mano mientras corre. Y yo, creo que podría detenerme, pero por llevar unas copitas encima me siento algo tonta.

Aunque, nada de esto estuviese pasando si Charlotte y Harper me hubiesen hecho caso en el momento en que les advertí que dejaran la jugada, pero como ellas no pueden ir a un casino como las personas normales todo terminó siendo un desastre. Bien, estar de luna de miel con Ethan apestaba, estar con este zoológico de monos y monas está peor, solo han causado problemas desde el momento en que pusieron un pie en Las Vegas. Qué bonita familia tengo, quiero que todos se vayan al infierno.

—¡La perra castaña es mía, nadie se meta cuando la atrape!—escucho el grito de uno de ellos y Charlotte sigue con la vista al frente y sin detener el maratón que tenemos.

—¡Perra porque no quise nada contigo, poco hombre!—tengo ganas de aplaudirle y veo a Luca mirarla con sorpresa.

—Tengo gas pimienta, ¿ayuda eso en algo?—pregunta Harper y no sé por qué todos ellos son atléticos y corren tanto, si no fuese porque Ethan me arrastra a correr ya hubiese desistido desde hace tiempo.

—Por esta causa, sacrificaré mis tacones—anuncia Vivian.

—Adeline, de nada nos va a servir seguir corriendo sin un punto fijo—Ethan me mira y yo muerdo mis labios. ¿Desde cuándo todos me han hecho la capitana de esta huida fugaz?

—Bien, los vamos a enfrentar—anunció y detengo mi paso. Todos copian mi acción, los grandulones también lo hacen y me miran con los dientes afuera, ellos tienen más raza de perro callejero que Ethan—Escuchen, estamos en son de paz, así que...—el jefe de ellos da un paso adelante y me mira. Las cicatrices en su cara podrían parecer aterradoras para cualquier otra persona, pero ahora me aterra más que la policía nos encuentre, estamos siendo prófugos de la justicia. ¡Yo pensaba serle infiel al bastardo de Ethan en la luna de miel! Al parecer todos pensaron que lo haría y vinieron a evitarlo, pero de una manera no muy convencional, todos ellos están de atar, pero de atar urgentemente.

Resulta que Vivian le advirtió a Landon que no jugara con fuego dentro del hotel y él no le hizo caso, jugando con un encendedor. Bueno, la cosa es que Nathan y Olivia estaban peleando y golpearon a Landon, haciendo que dejara caer el encendedor en unas telas finas que había. El fuego se propagó en segundos, la policía ahora nos busca a mí y a Ethan por ser responsables de todos los monos. Desde entonces estamos huyendo porque el dinero que hay que pagar en el hotel no es nada barato, ya saben, es mejor correr cuando no tienes la culpa. En realidad me sorprende que yo no haya hecho ningún desmadre y estos idiotas sí.

Resulta que como estábamos huyendo decidimos hacer una parada y cambiar de ropa y de aires, eso terminó en uno de los mejores casinos de Las Vegas. Claro que había olvidado un pequeño detalle; Harper y Charlotte no deben ir a casinos. ¿La razón? Bueno, ellas son unas apostadoras de calidad, lo que siempre las lleva a tener problemas. Este tipo perdió contra ellas, ahora mismo hay algunos millones en las cuentas bancarias de estas dos mujeres con cara de ángel, pero que están loquitas, pero loquitas. El hombre, al parecer, se quedó sin dinero y ya saben lo de más, todos a huir por nuestras vidas porque este tipo está sediento de venganza.

—Así que nada—su voz es tan odiosa—, ellas dos—señala a Charlotte y a Harper—me tienen que devolver todo mi dinero—termina gruñendo.

—Veamos, en primer lugar, es su dinero; en segundo, nadie te dijo que jugaras el dinero; tercero, era un juego donde ellas, de manera limpia, patearon tu trasero, no seas un jodido llorón resentido—miro a Olivia para que haga silencio y le sonrío al hombre, que parece más molesto ahora.

—Bien, ya no quiero el dinero—dice de repente y suelto el aire que contenía.

—Qué bien, me estaba llevando un susto de...

—Quiero la cabeza de todos ustedes—anuncia con una sonrisa. Todos nos miramos y veo algo que me paraliza. Vivian no lleva sus tacones, Vivian está descalza y con sus tacones en mano, Vivian no se ve para nada feliz, de hecho, está cabreada y su cara se torna roja y más roja a cada segundo que pasa. La última vez que vi a Vivian dejar su glamour y bajar de esas trampas mortales, cosas no muy bonitas pasaron y creo que este tipo de mucho músculo y cicatrices de terror ha despertado al demonio que nadie quiere enfrentar. A Vivian con uno de sus tacones rotos.




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