—¿Qué tal si negociamos? —pregunto, gruñendo de dolor cuando hace que doble a la derecha—Puedo darte mucho dinero si simplemente no me llevas a ese lugar y me dejas escapar. Puedes decir que te golpeé o alguna mierda inteligente. Pareces un chico muy inteligente, ¿no lo consideras? —me da una mirada narda amigable y abre la celda. Inmediatamente me deja dentro y me regala una sonrisa burlona.
Hijo de perra.
—No acepto esa clase de ofertas. Que tenga un agradable día... señorita —y por cosas locas de la vida me llega el Shawn y la Camila cantando esa jodida canción que me tiene adicta a ellos.
—Maldición —murmuro, sujetando los barrotes con fuerza.
—¿Qué tal? —doy la vuelta y veo a una chica algo extraña aquí. Su ropa es rosa, en realidad todos sus accesorios son rosas. Y mechones de su cabello también. Ok, alguien aquí o vio demasiado las películas de Barbie o simplemente es una fanática loca del rosa.
—Hola —ella mastica el chicle de manera asquerosa. Hace una burbuja que estalla en su rostro, eso la hace reír como maniaca.
—Eres de la alta sociedad, ¿cierto? —suspiro. Bien, se dice que hay que tener contactos en todos lados, nadie sabe si la rarita amante del rosa me ayude a escapar de este lugar.
—Algo así, ¿cómo terminaste aquí? —ella vuelve a hacer una burbuja y la explota. Bien, si sigue haciendo eso en esta comisaria tendrán razones válidas para mantenerme aquí.
—Por lo cotidiano —se sienta en el suelo y sube las piernas en la "cama", luego deja caer su espalda contra el suelo—Soy heredera de una empresa, ¿sabes? —no lo sabía, ahora lo sé, cada día aprendo nuevas cosas, eso es muy tierno—Resulta que el secretario de mi padre tenía no muy buenas intenciones conmigo, eso no lo sabía —su voz detona aburrimiento, como si la historia ya le cansara contarla—Siempre tuve un flechazo por él, era realmente hermoso. Un chico muy guapo. La cosa es que él se enteró de que yo iba a heredar la empresa y no mi hermana. Él trazó un plan muy simple: enamorarme. Estábamos comprometidos —decido tomar asiento porque ella parece muy concentrada en relatarme su vida. ¿Acaso mi rostro le grita al mundo que soy amigable y que quiero que me cuenten su vida? ¡No! No quiero escuchar de sus vidas cuando la mía es un caos desde que cierto estúpido perro caca de cerdos apareció en mi vida nuevamente. Ese bastardo traidor come mocos, de solo recordarlo, me enojo—Cuando ya estaba que daba asco de amor, lo encontré entonces con su secretaria, montándose una escena digna de un porno. Por cierto, lo subí de puesto, ya sabes, cosas del amor. Se acostaba con su secretaria en el departamento que le regalé —enarco una ceja.
—Odio a los bastardos traidores —comento, suspirando.
—Y yo, casi lo mato —la miro y ella sonríe—Creo que en mi ataque de locura clavé un cuchillo —saca un cigarrillo y se lo lleva a la boca.
—Por eso estás aquí —ella asiente y prende el cigarro.
—Ya sabes, lo cotidiano —claro, es muy cotidiano apuñalar a tu prometido. Por supuesto—¿Y tú, por qué estás aquí? —acomodo mi espalda en los barrotes.
—Casi mato a mi esposo, incendié sin querer un equipo de producción de un actor, confundiéndolo con un equipo de un cantante gay, pero que trata de fingir no serlo. No lo logra, se nota que lo es —ella ríe.
—Me cuentas con detalle, algo me dice que pasaremos un rato aquí —suspiro.
—Bueno, todo el desastre comenzó con un reto —comento.
—Me encanta el juego de verdad o reto, ya sabes, una vez a mi primo muy lejano que estaba súper bueno casi se la chup...
—Mucha información, ya entendí que te encanta el juego —ella deja salir el humo de sus labios.
—Todavía no entiendo por qué razón los primos lejanos siempre están tan buenos. Recuerdo que mi primo estaba para hacerlo él y yo, hacer trío, orgía, lo que ese bombón quisiera —río un poco.
—No pareces una chica de alta sociedad común —ella ríe.
—Mi padre no sabía si dejarle la gerencia al cerdo que tenía de mascota o a mí, ¿tú qué crees? —le regalo una sonrisa que no muestra mis dientes.
—¿Al final la conseguiste? —ella me mira y deja salir el humo nuevamente.
—Sí, maté al cerdo. Él siempre me odió —lentamente me alejo de la chica rosa—Ahora, cuéntame cómo terminaste aquí —suspiro.
—Como dije, comenzó con un juego donde me retaron...
—También una vez casi lo hago en un baño público y...
—Te callas o no cuento nada —ella levanta las manos.
—No te enojes, solo que me gusta la adrenalina de hacerlo en...
—¡Joder, cállate! —grito— Pensé que Olivia hablaba mucho, pero la superas, amiga —ella se incorpora.
—¿Somos amigas? —pregunta con sorpresa.
—Es un decir —contesto.
—¿Quién es Olivia? —golpeo mi frente.
—Si me dejas contar la historia, entonces creo que comprenderás —murmuro—, y para eso debes hacer silencio.
—Y para eso debes hacer silencio —giro, viendo al mismo policía que me encerró aquí.
—¿Te burlas de mí, maldito idiota? —él me sonríe.
—¿Qué pasa, fierecita? —pregunta—¿Sin tus millones no eres nadie? —miro mis uñas.
—¿Qué pasa, imbécil? —pregunto de vuelta—¿Sin tu arrogancia no eres hombre? —la chica de rosa choca mi mano.
—Me gustó esa respuesta —él la mira.
—¿Cómo es que tienes un cigarrillo? —ella vuelve a sacar el humo, terminándolo, se lo lanza para que caiga a sus pies.
—¡Sorpresa! Ya no lo tengo —y vuelve a tomar la misma posición de antes— Chica de buenas respuestas, continúa la historia. Ese tipejo es tan idiota que ni un polvo se ganará en esta vida —casi río al ver la cara del policía ponerse roja. Este murmura algo y se aleja.
—Bien, ahora sí —junto mis manos y suspiro.
Flashback
Estando en el camerino, Ethan se acerca hasta mí. Sin pensarlo mucho, él besa mis labios y me siento tan extraña al ser besada por este idiota. Sin soportarlo, golpeo su entrepierna, haciendo que caiga al suelo.
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Editado: 27.08.2026