Siento cómo lentamente Ethan me besa. Despacio, midiendo el tiempo, sin prisas. Me besa con delicadeza, delicadeza que, pasando los minutos, se torna en fuego. Ahora es desenfreno y mi corazón late más y más rápido. Hace tiempo que nadie me besaba así y mi cuerpo se eriza. Necesito tocarlo. Mi espalda choca con la cama y ahora tengo a Ethan sobre mí. Él chupa mis labios y luego los muerde suavemente para lamerlos. Jadeo y aprovecha esto para adentrar su lengua en busca de la mía. No lo torturo en su búsqueda porque mi lengua sale al encuentro.
Cuando nuestras lenguas se encuentran gimo, gimo suave, pero lo hago y eso me sorprende. Mi mano, que pica por tocar su piel, acaricia su ancha espalda y mis piernas se enredan en sus caderas. La lengua de Ethan y la mía pelean en busca de quién es el ganador, pero ninguno de los dos cedemos, ambos luchamos sin miedo. Mis curiosas manos llegan a su culo y gimo cuando él se mueve y siento su dureza en mi entrepierna. Vuelve y hace ese movimiento y cierro los ojos disfrutándolo mucho. Maldición. Quizás solo debería follar con él, es mi esposo después de todo.
Ethan no se quiere quedar atrás y sus manos tocan por debajo de la blusa de mi pijama. Sus manos están frías y mi cuerpo muy caliente. Mi piel reacciona erizándose. Sus manos suben un poco más y rozan débilmente mis pechos. Suspiro en sus labios y su boca va a mi cuello. Siento cómo sus besos húmedos causan estragos en mi cuerpo. Ethan toca mis piernas, pero no va más allá. Lamo mis labios y él levanta la mirada, ambos dejando de tocarnos para mirarnos a los ojos.
—¿Por qué desapareciste, Ethan?—la pregunta deja mis labios sin poder evitarla y toda esa pasión es reemplazada por frialdad. Se quita de encima de mi cuerpo y trago en seco al ver la molestia en sus ojos al mirarme.
—Creo que tú lo sabes perfectamente—y con esas palabras se encierra en el baño dejándome confundida. Cierro los ojos, todavía puedo sentir sus manos en mi cuerpo. Agito mi cabeza y salgo de esos pensamientos. Ethan es un jodido microondas que calienta para luego no resolver. Idiota.
Ethan no vuelve a salir del baño, por lo que me encojo de hombros y me acuesto en la cama para dormir, estoy agotada.
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Miro confundida cuando el chófer se detiene frente a una casa de dos pisos que no es mía ni de Ethan tampoco. Ambos bajamos del auto un poco confundidos y me encojo de hombros cuando me dedica una mirada interrogante. Hace días pasó ese acercamiento entre ambos que solo sirvió para alejarnos más. No quiero tenerlo cerca, es un idiota.
Entramos a la casa y me aturdo un poco cuando todos gritan al mismo tiempo: ¡Sorpresa! Mis hermanas, padres y los de Ethan también están aquí. Suspiro. Ayer dejamos Las Vegas para volver a casa. Hago una mueca con los labios en forma de sonrisa.
—¡Qué felicidad, hermanita, no estás en prisión!—chilla Olivia mirándome con una sonrisa.
—Olivia, se supone que debemos de ser dulces con ella. Recuerda que arruinamos su luna de miel—comenta con una sonrisa en los labios.
—Idiotas—murmuro.
—¡Mamá!—chilla Olivia—¡Adeline es cruel conmigo!—mi madre coloca sus manos en forma de jarra.
—¡Adeline Andreina Tereza del monte Ashford!—la miro con horror al ella inventarse tantos nombres que, combinados con el mío, quedan horrible.
—¡Mamá!—ella sonríe.
—No seas cruel con tu hermana, cariño—y con eso se aleja de nosotras para darle cariñitos a papá.
—¿Follaron?—me sobresalto cuando la mano de Nathan cae en mis hombros y su susurro fue muy fuerte.
—¿Qué?—giro un poco encontrándome con su enorme sonrisa.
—Si mi hermano y tú follaron—rueda los ojos.
—No, ¿por qué crees que follamos?—él besa mi mejilla.
—Porque no lo has insultado en todo este tiempo, no le has dedicado miradas de odio y porque ahora no parecen odiarse, más bien es como si por seguridad ambos quisieran estar alejados el uno del otro. Entonces, ¿follaron?—suspiro cansada, realmente estoy muy agotada, pero como mi familia no puede vivir sin joderme un poco los ovarios, aquí estamos.
—No follamos, solo nos dimos una tregua, estamos agotados—él me mira fijamente.
—Cuando quieras mentir, que no sea a mí, Adeline—me mira negando con una rara sonrisa en su rostro.
—Te digo la verdad, Nathan, no follamos—él me mira detenidamente.
—Algo pasó, ¿cierto?—muerdo mi labio inferior y desvío la mirada—. Lo supuse, estoy por creer que se declararon amor eterno, pero como acabas de llegar de un viaje muy agotador, te dejaré descansar de mis preguntas, pero pronto me tienes que dar respuestas, Adeline—lo veo alejarse.
—Vamos a celebrar que están de regreso—mamá dice, pero salgo corriendo a la segunda planta en busca de una habitación, estoy agotada.
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Cuando despierto me aturdo al no saber dónde me encuentro, pero luego grito cuando veo el rostro de Ethan cerca del mío, él también grita chillando de manera horrible.
—¡Oh, Dios!—chillo mirándolo—. ¡La mierda cobró forma humana!—chillo más alto y sus chillidos se detienen para darme una mala mirada.
—Ya le quitas todo el chiste al asunto—gruñe dejándose caer en la cama.
—Bueno, ¿qué esperabas? Despierto y te veo siendo un jodido acosador—él bufa para luego sentarse.
Lo veo suspirar y para luego pasarse las manos por el rostro y luego el cabello. Me da una sonrisa avergonzada que no entiendo a qué viene. Se levanta y me doy cuenta de que Ethan anda en camisa y pantalón de vestir. ¿Tiene alguna reunión?
Frunzo el ceño analizando la manera en que me sonríe porque es justo de las miradas que yo suelo darle cuando le hago alguna maldad al idiota ese. Miro mi cuerpo y no veo nada diferente. La ropa sigue intacta.
—Creo que mejor me voy...
Murmura y quiero clavar un lapicero en su cuello para que deje esa cara de burla hacia mí. Paso mis manos por mi cabello para desenredarlo, pero este queda pegado y siento algo viscoso en él.
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Editado: 27.08.2026