Grito como loca y salto de la cama al abrir los ojos y ver a una niña mirándome fijamente. Ella mantiene sus ojos puestos en mi persona sin siquiera pestañear. Rodeo la cama para alejarme de ese demonio que ha tomado cuerpo y forma humana. Ningún demonio me llevará al infierno, ni de juego. Yo merezco el cielo, mira que he hecho obras de caridad; un claro ejemplo es Ethan. La mayor obra de caridad se la lleva ese bastardo infeliz. Cumplí, de seguro, su deseo prohibido y corrompido por mí; uní mi vida a ese idiota para ver si así toda la mierda almacenada en su cerebro sale.
Pero ese no es el caso, me voy alejando mucho del punto inicial y es la niña que lleva dos coletas y unos ojos muy grandes para mi gusto. Son esa clase de ojos que, al mirarte, parecen ver todos tus pecados. Casi puedo escuchar su voz en mi cabeza gritando:
Anja, puerca cochina, así que estos son todos tus secretos. Ve con urgencia a una misa porque te hace falta.
Trago y casi río de lo absurdo que suena eso, soy un alma pura sin maldad. La niña no aparta esos ojos negros de mí y yo la miro con temor. ¿De dónde demonios salió esa cosa y qué hace en mi casa?
¿Ya aceptas que es tu casa y de Ethan?
Alejo esos pensamientos y me concentro en calmarme. Voy a hablar, pero la niña me sonríe y sus perfectos y pequeños dientes blancos quedan en mi vista y grito esta vez más alto y fuerte. De hecho, mi corazón late fuerte dentro de mi pecho y mi respiración es rápida. Me llevará con ella al infierno.
—¡Eres cruel, Dios! Yo me he portado como toda una dama decente y dejarás que me arrastren al infierno de esta forma! —lloriqueo mirando a la niña—. ¡Llevo un año sin probar sexo! Eso no es justo, así que dile a tu enemigo o colega de allá abajo que los cupos míos en el infierno puede dárselos a alguien más. Todavía mi alma no es tan oscura para ir al infierno. —La niña no tiene ninguna expresión en su rostro.
—Mamá —dice con una voz dulce y una sonrisa demasiado acusadora.
Al final sí puede ver el pecado dentro de mí.
—¡Ah! —chillo con horror—. ¡Aléjate, espíritu maligno, te quiero lejos de mí! —Me subo a la cama cuando ella se acerca a mí.
—Mami —hace un puchero.
—Maldición, no recuerdo tener una hija. No, no sufrí de dolores de espalda ni de parto, no soy tu madre, niña. —Su puchero incrementa.
—Mami —murmura nuevamente corriendo hacia mí. Corro alejándome de ella.
—¡No! —la señalo subiéndome encima del tocador—. No tuve sexo con el diablo para tener un demonio. ¡Oh, por Dios! No me digan que en el infierno le asignan cosas como estas a la gente. —Gimo de dolor cuando caigo al suelo y salgo de la habitación corriendo escaleras abajo, pero, siendo tan fabulosa, me caigo en los últimos escalones—. Mierda —gimo de dolor.
—¿Adeline? —pregunta Ethan apareciendo. Su cabello va desordenado y mantiene su ceño fruncido. Me levanto al ver a la cosa esa mirarme desde el final de las escaleras.
—Mierda, Ethan, me quieren llevar al infierno. —Trepo en su cuerpo y termino con las piernas envueltas en su cintura. Mis brazos le abrazan con fuerza y mi cabeza se entierra en su cuello para ocultarme. Por mi impulso, Ethan casi termina en el suelo y la única manera que tuvo para no dejarme caer fue sostenerme por el culo. Quiero creer que esa era la única opción, pero como estoy en mi estado de horror por la niña diabólica, lo dejo pasar.
—¿Adeline? —vuelve a preguntar Ethan. Mi cara permanece en su cuello y lo siento tensarse cuando suspiro con fuerza y me muevo para acomodarme—. No te muevas —murmura, pero estoy incómoda, por lo que busco la manera de no soltarlo para que el diablo no me lleve al infierno y trato de acomodarme.
—No dejes que me lleve —susurro bajito para que el demonio rubio que me niego a saber dónde está aparezca.
—¿De qué mierda hablas, Adeline? —las manos de Ethan sujetan mi culo para que deje de removerme, pero estoy inquieta por el demonio rubio con ojos juzgadores.
—El diablo mandó a buscarme, me llegó la hora —le susurro como si fuese el secreto más peligroso del mundo. Me remuevo nuevamente.
—Adeli... ¡Mierda! —ladra y yo jadeo al sentirlo. Ethan y yo estamos estáticos, pero con partes exactas de nuestros cuerpos muy unidos a través de la ropa.
—Tú... ¿estás duro? —sueno ridícula, pero no puedo evitarlo. ¡Ethan no tenía una erección cuando trepé sobre él! O, por lo menos, mi inspección de segundos no lo notó.
—Has estado removiéndote encima de mí, no soy de piedra —gruñe tratando de bajarme, pero me niego a hacerlo—. Adeline, baja, no sé por qué actúas como una loca —saco mi cabeza de su cuello y lo miro a los ojos. Sus pupilas están dilatadas.
—Hay una niña que apareció frente a mi cama al abrir los ojos, me llamó mami y sus ojos me juzgan y parecen ver todos mis pecados —una sonrisa va apareciendo en el rostro de Ethan y se le ve divertido.
—¿De casualidad esa niña tiene pelo rubio y ojos negros? —trago al sentir una caricia en mis mejillas por parte de sus dedos.
—¿Cómo lo sabes? —pregunto confundida. ¿También se lo llevan a él al infierno? ¡Mierda! Ethan y yo hemos hecho un desmadre desde que nos reencontramos. Ya veo, Diosito debe estar harto de nuestras idioteces, mierda. ¿También tengo que compartir el infierno con él?
—Pero qué lindo se llevan ustedes dos —giro mi rostro dejando de mirar a Ethan para centrarla en Nathan, quien parece muy entretenido mirándonos.
—No pensé que llegaría el día en donde ustedes estén de esa manera —comenta Landon apareciendo.
—Ya ven, todo ese odio solo es una pantalla, mira qué hermoso son —comenta Luca.
—Ellos quieren tener sexo —dice Jeremy encogiéndose de hombros.
—¿Adeline? —pregunta Ethan y bajo de su cuerpo solo por mantener mi dignidad. Aclaro mi garganta y levanto mi frente aunque me sienta avergonzada.
Tú lo que estás es acalorada por Ethan...
Alejo esos pensamientos y cuando siento una pequeña mano sujetando la mía grito más fuerte que la vez anterior y vuelvo a trepar sobre Ethan, importándome poco que Nathan se burle. Ethan se tambalea y me sujeta otra vez por el culo.
#1573 en Novela romántica
#573 en Chick lit
mejoresamigos romance aventuras, matrimonio falso amorodio, boda humor y locura
Editado: 27.08.2026