Contrato por un día.

Capitulo 14.

 

                Ya habían pasado dos semanas desde que Dani había despertado, dos semanas desde que supe que Alisa Gratton en realidad no era una desconocida para mi hermano, si no que de hecho ella era su primer amor y su primer rechazo. Pero siguieron siendo amigos sin que yo tuviera idea de eso. Aún recuerdo su cara cuando fue descubierta saliendo de la habitación de mi hermano mayor e incluso intento correr cuando le formule la pregunta ¨¿Alis? Tu… ¿De qué conoces a mi hermano?¨ La muy mocosa solo agacho la cabeza y paso junto a mí queriendo huir, pero no fue más rápida que el brazo de Chris, quien la atrapo sujetándola de la capucha de la sudadera que llevaba puesta, sudadera que identifique como la que le había regalado dos años atrás a Daniel.

            Al verse atrapada no le quedo de otra que ingresar con nosotros nuevamente a la habitación, para que tanto ella como mi hermano nos pusieran al tanto del asunto. Resulto que él la había conocido unas semanas luego de que nos mudamos a la gran ciudad, ella tropezó en la vereda y mi hermano como todo caballero la ayudo a ponerse de pie mientras ocultaba el rostro de ella al notar que la gente le tomaba fotos y gravaba videos. Por lo visto la habían reconocido como una Gratton y los chismes de su torpeza se harían viral más rápido que el Sr. Miu comiendo atún. Fue así como nació su amistad, pero a Rick (el idiota novio que dejo plantada a Alis) no le gustaba que ella fuera tan cercana a Daniel ya que su amistad fue creciendo tanto que pasaban mucho tiempo juntos o escribiéndose y llamándose. ¨Eso me explicaba las horas de conversaciones que el mantenía con alguien por el móvil o las horas en las que no trabajaba pero estaba fuera de casa. Y cuando mi hermano se le declaro como fiel enamorado, fue lo último que Rick aguanto y les pidió que dejaran de ser amigos, pero obviamente hicieron caso omiso a su petición.

 

            Dos semana en las que solo regresaba al apartamento para bañarme y cambiarme luego regresaba al hospital y cada comida la tenía ahí, dormía ahí, prácticamente vivía en el cuarto de Dani. Dos semanas desde que había visto a Christopher atender su móvil con una mirada preocupada en su rostro y cuando colgó se disculpo por tener que marcharse. Se había tenido que marchar a un viaje de negocios, mejor dicho viajo para solucionar un problema en una de las fábricas donde la ropa era confeccionada.

 

             Por alguna extraña razón sentía un gran vació en mi pecho, era como si mi corazón se hubiera marchado con Chris en el avión. Lo que para mí, era algo ridículo pero lo quisiera admitir o no, esa sensación de nostalgia y vació se desvanecía cuando revisaba mi móvil para encontrar mensajes de texto de Christopher preguntando si ya había comido, como estaba mi día y todos esos cursis textos que las parejas reales se mandaban. Y cuándo él no escribía, entonces era yo la que lo hacia y me pasaba todo el día revisando la casilla de correos para corroborar si había una respuesta, él siempre me respondía aunque fuera a la noche. Pero hacía tres días que no tenía noticias suyas, la cantidad de mensajes que marcaban sin leer ya había aumentado a 25 y corría el riesgo de continuar aumentando.

 

            Subí las escaleras de mi edifico observando todo cuanto me rodeaba, era la nueva costumbre que había adoptado luego del allanamiento de mi hogar. Cuando estaba parada frente a la puerta lista para abrir, un sentimiento extraño me trepo por la espalda, era como una corriente eléctrica, la sensación de ser observada me agobio y el pánico empezó a aumentar. Entre rápidamente al apartamento y pase el seguro en cuanto la puerta estuvo cerrada. Inmediatamente me sentí a salvo. Con un suspiro camine hacía la cocina encendiendo las luces en mi camino a ella, fui al fregadero para lavarme las manos como acostumbro hacer desde pequeña. Nuestros padres nos habían enseñado que luego de estar en un hospital debíamos lavarnos bien las manos e incluso si era posible bañarnos, ya que esos centros estaban repletos de enfermedades. Cuando estaba enjuagando mis manos, escuche un golpe seguido de un improperio que provenían del pasillo de los cuartos. Mi cuerpo se puso en alerta y con mis manos a tientas ya que no quería quitar los ojos del pasillo por si acaso, sujete lo primero que pude manotear. Me quite las zapatillas ayudándome con los pies, entonces empece a avanzar en modo sigiloso y silenciosamente, algo arrastrándose por el suelo al tiempo que algo más lo golpeaba y la cisterna era tirada, la dirección de los ruidos me decía que estos venían del baño de mi cuarto. Alguien se había vuelto a colar en mi apartamento pero a diferencia de la primera vez, ahora yo estaba dentro, sola, con Daniel durmiendo pacíficamente en el hospital y de seguro Alis estaría con él, Ranjit sin hablarme desde aquel ultimo día e incluso si me llamara o escribiera tampoco podría pedirle ayuda debido a que mi móvil había muerto durante la tarde, por eso estaba de regreso en casa tan temprano, había olvidado el cargador. El Sr. Miu era muy probable que se encontrara cazando en el callejón ya que por suerte se había recuperado velozmente y por último Chris… Christopher estaba lejos y en modo avión junto con Robert. Por lo que solo me tenía a mi y a… mire mi mano para ver cual era el arma capturada por mi ágil movimiento, la cual sería mi defensa mortal y por la cual sentía tanta seguridad y valentía al avanzar por el pasillo. Pero toda esa seguridad y valentía se desvaneció cuando mis ojos conectaron con mi ¨arma mortal¨ . De seguro podría causar una gran contusión craneal con mi súper espumadera de… nada más y nada menos que silicona. Quería golpear mi propia cabeza contra la pared, pero el dejarme inconsciente a mi misma solo le facilitara las cosas al intruso. Mire mejor la espumadera y pensé que si no lograba dejar inconsciente a alguien con un golpe, quizá lograra cegarlo y de paso provocar un trauma con su horrible color naranja flúor. Me habría reído de mi estupidez a la hora de elegir los utensilios de la cocina si no fuera por que en ese momento escuche como la puerta de mi habitación se abría y yo estaba parada justo delante de ella. Con el pánico haciéndose cargo de mis acciones, cerré los ojos fuertemente al tiempo que elevaba mis brazos para asestar mi famoso golpe en seco. Y cuando escuche que la puerta se había abierto del todo, puse todo mi peso e ímpetu y golpe lo que esperaba fuera la cabeza del intruso, pero no sabría decir con seguridad si fue esa la zona que golpee ya que mis ojos permanecieron cerrados. Pero de algo estaba más que segura y era que si había logrado acertarle al sujeto cuando lo golpee, ya que respondió con improperios.




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