Contrato vacio

El contrato vacio Capitulo 2

Capitulo 2 Parte 1

El reloj del vestíbulo de la Agencia marcaba las 19:47 cuando Kael terminó de firmar los últimos papeles complementarios al contrato.

No eran documentos importantes. Solo formalidades burocráticas que el sistema exigía para activar su perfil en la base de datos: declaración de domicilio fiscal, designación de beneficiario en caso de fallecimiento, autorización para que la Agencia retirara automáticamente de su cuenta los gastos de munición y material táctico utilizado en cada misión. Cosas así.

Kael dejó el bolígrafo sobre el mostrador y observó a la funcionaria que recogía los papeles. Era una mujer mayor, de pelo cano recogido en un moño tirante, con gafas de cadena y un aire de cansancio perpetuo. Llevaba un identificador en la solapa que la acreditaba como Oficial de Registro de Cazadores Nivel 2. Su habilidad, si es que tenía alguna, no era visible. Quizás algo administrativo. Quizás algo tan insignificante que ni siquiera merecía la pena mencionarlo.

En este mundo, todo el mundo nacía con una habilidad. Pero la mayoría de las habilidades eran... normales. Olvidables. Cosas como "hacer que las flores se abran más rápido", "silbar sin usar los labios" o "saber siempre dónde está el norte". Utilidades cotidianas que no cambiaban vidas ni ganaban guerras.

La funcionaria le entregó una tarjeta de plástico negro con su nombre grabado en letras plateadas y un chip incrustado en el reverso.

—Tu placa de Cazador en período de prueba —dijo, sin mirarlo a los ojos—. Te da acceso a las zonas comunes de la Agencia, a los archivos de planta doce y a los centros de detención autorizados. No te da autoridad para arrestar por tu cuenta a ciudadanos sin historial criminal confirmado. Si te pasas de listo, te la retiramos y te quedas sin nada. ¿Entendido?

entendido.

el pago por captura se ingresa en la cuenta que has indicado. La primera cuota vence en cinco meses exactos a partir de hoy. Si no has entregado al menos un criminal de Rango C para entonces, tu licencia expira automáticamente y tendrás que devolver la placa. ¿Alguna pregunta?

Kael negó con la cabeza.

Puedes retirarte.

Kael se guardó la placa en el bolsillo interior de la sudadera y salió del edificio
El aire de la calle olía a humedad y a asfalto mojado. Había llovido durante la tarde, aunque Kael no se había dado cuenta desde el interior sin ventanas de la Agencia. Los charcos reflejaban las luces de los faros de los coches y los neones de los locales cercanos. Un puesto callejero de fritanga soltaba humo grasiento al otro lado de la acera. Una pareja de adolescentes reía junto a un portal, compartiendo auriculares y mirando algo en un móvil.

Un mundo normal.

Kael se quedó parado un momento, observando a la gente pasar. Todos ellos tenían una habilidad. Todos. El hombre del puesto de fritanga quizás podía calentar el aceite con solo tocarlo. La chica de los auriculares quizás podía escuchar conversaciones a cien metros de distancia. El niño que correteaba detrás de su madre quizás podía hacer que sus juguetes flotaran unos centímetros.

Pero ninguno de ellos estaba en la Agencia firmando un contrato que básicamente certificaba que su vida valía menos que el próximo criminal que capturara.

Porque ese era el truco del sistema. Todos nacían con una habilidad, sí. Pero todos seguían siendo humanos. Carne y hueso. Órganos frágiles envueltos en piel vulnerable. Un disparo en el pecho mataba igual al usuario más poderoso que al más insignificante. Una caída desde un tercer piso rompía huesos sin importar si podías crear fuego con las manos. Un cuchillo en la garganta segaba vidas sin discriminar si tu habilidad era controlar el clima o hacer pompas de jabón irrompibles.

Esa era la gran igualdad.

Y también era la razón por la que existían los Cazadores. Porque cuando un criminal con una habilidad peligrosa se volvía loco, no hacía falta otro usuario con una habilidad más poderosa para detenerlo. Hacía falta alguien entrenado. Alguien que supiera disparar, pelear, pensar. Alguien dispuesto a arriesgar su frágil cuerpo humano para poner fin a la amenaza.

La Agencia no buscaba dioses. Buscaba soldados.

Kael se ajustó la sudadera y echó a andar calle abajo, alejándose del centro, adentrándose en las tripas del Distrito Sur

parte 2 EL MAPA DE LOS OLVIDADOS

El Distrito Sur era una cicatriz en el mapa de la ciudad.

Originalmente había sido una zona industrial próspera, llena de fábricas textiles y almacenes de distribución. Pero cuando la economía cambió y las grandes empresas se trasladaron al extranjero, el distrito se marchitó. Las naves quedaron vacías. Los trabajadores se fueron. Y en su lugar llegaron los que no tenían otro sitio al que ir.

Ahora el Distrito Sur era un hervidero de pensiones baratas, bares de mala muerte, talleres clandestinos y mercados negros donde se podía comprar desde piezas de coche robadas hasta información sobre Cazadores corruptos. La policía convencional patrullaba de día, en parejas y con chalecos antibalas, pero en cuanto caía el sol se retiraban a las avenidas principales. Las callejuelas interiores quedaban a merced de quienes se atrevían a recorrerlas.

Kael caminaba por una de esas callejuelas ahora mismo.

El alumbrado público parpadeaba con un zumbido eléctrico irritante. Las paredes de ladrillo estaban cubiertas de grafitis superpuestos, capas y capas de pintura que contaban la historia de pandillas que ya no existían, de amores que ya se habían olvidado, de amenazas que nunca se cumplieron. Cubos de basura rebosantes. Un colchón quemado apoyado contra una verja. El esqueleto oxidado de una bicicleta sin ruedas encadenado a una farola desde hacía probablemente una década.

Kael se movía con la soltura de quien conoce el terreno. No porque hubiera crecido aquí, sino porque había estudiado.

Durante los tres años que había pasado en el programa pre-Cazador del instituto, una de las materias obligatorias era Cartografía Urbana y Zonas de Riesgo. Los profesores (todos ellos Cazadores retirados, con cicatrices y miradas gastadas) les enseñaban a leer la ciudad como quien lee un campo de batalla. Cada distrito tenía su ecosistema criminal. Cada barrio, sus reglas no escritas.



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En el texto hay: acción / suspenso

Editado: 26.04.2026

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