Convaleciendo al corazón

Capítulo 8

Savannah

Estoy atónita, y no soy capaz de hacer más que mirarlo con fijeza, mientras, él duerme pacíficamente, ausente del torbellino de emociones que sus palabras generaron en mi interior.

Desde antes siquiera de que termináramos el juego, no esperaba otra cosa que llegar aquí y tener que abrirme por completo a él. Lo veía aprovechándose de la situación para sacarme más información de la que cualquiera se animaría a hablar ni con sus amigos. Creía que serían tantos los recuerdos que me haría rememorar —incluso sin proponérselo—, que terminaría excediéndome de nuevo.

Vaya sorpresa la que me llevé.

Balanceo mis pies descuidadamente, y dejo que la fuerza de gravedad haga de las suyas cuando pasados unos segundos termino cayendo en mi cama, donde hago todo lo posible por conciliar el sueño, sin importarme que la mitad de mi cuerpo está colgando de la misma.

No obstante, los minutos avanzan a una lentitud tortuosa, y es como si la vida misma se estuviera burlando de mí por desear dormir sin más complicaciones. Y millones de imágenes del día en que mi vida se destrozó, bombardean mi mente sin intenciones de dar tregua.

Hago todo lo que puedo por desviar mi atención a algún momento —o cosa—, menos conflictivo, pero no logro nada hasta que vuelvo a recaer en las palabras de Jareth, más específicamente en la palabra confiar. Ojalá ese fuese el problema.

Aunque sé perfectamente, por experiencia propia, que no se puede confiar en todos, nunca tuve problemas de confianza, mucho menos con mis amigos. Si querías ser parte de mi círculo de amigos —uno muy grande, por cierto—, cuidado, porque no nos guardábamos nada. Hablábamos sin cuidado y muchas veces se nos soltaba la lengua de más, pero a decir verdad eso era una ventaja entre nosotros, teníamos la seguridad de que nada de lo que dijéramos saldría de ahí.

Aunque eso no quitaba el hecho de que había cosas que preferíamos hablar únicamente con aquellos amigos aun más cercanos, en mi caso, Crisha, Zev y Kara; y lo mejor era que eso nunca fue un problema para cualquiera del grupo.

Así que la confianza está muy lejos de ser el obstáculo que tengo que pasar si quiero volver a ser siquiera un atisbo de la niña sonriente que una vez fui. Y eso me asusta, porque sé que en cualquier momento de vulnerabilidad, podría terminar contándole toda mi vida a Jareth o Kelly, y la lista sería más grande si tratara con más personas.

 

Actúo de forma automática, solo que ahora es porque anoche no pude dormir, o al menos porque tardé mucho en hacerlo. Estoy somnolienta y si no me cuido sé que pescaré un resfriado, maldito sistema inmunológico, cada vez que trasnocho es lo mismo.

Tengo unas bonitas ojeras adornando mi rostro y ni idea de cómo es que he llegado hasta mi casillero sin chocar con alguien, ya que apenas y tengo los ojos abiertos, por lo que casi no veo nada. Abro el candado entre bostezos y saco los libros que ocuparé hoy, esperando no olvidarme de ninguno. Una vez cargo todo lo que necesito, me dirijo, dando trompicones, a mi primera clase, Física, yupi.

Me dejo caer en el asiento sin cuidado y me acurruco en la mesa como si estuviera acomodándome para dormir, importándome poco lo que piensen mis compañeros y esperando no tener que moverme cuando entre Jareth.

No tardo en verlo ingresando en el aula y caminar con el ceño fruncido en mi dirección. Cierro los ojos dejando de prestarle atención y procurando no quedarme dormida, aun así, soy perfectamente consiente de su presencia a mi lado una vez se ha sentado, sintiéndome incómoda con su presencia.

Sigo dándole vueltas a lo que me dijo anoche, cuando sería mucho más simple borrar esa parte de la conversación y hacer cuenta nueva, porque no le encuentro ningún sentido. Yo le di la opción, el juego fue mi idea, una absurda e irracional, he de aclarar, pero a fin de cuentas mía. Siente curiosidad por mi pasado, siempre le saco la vuelta a sus preguntas o me pongo a la defensiva... y tiene oportunidad de preguntarme lo que se le venga en gana, ¿y no lo hace? ¿Por qué?

¿Moral? Porque si es así, tiene más ética que yo.

Y si mi sueño ya había comenzado a disiparse con su presencia, muere totalmente con la entrada del profesor al aula, quien de manera inmediata comienza a escribir en el pintaron. No tardo en caer en cuenta de la ecuación que ha anotado y el problema que añadió para darle uso a la formulilla esa, y nuevamente me veo atormentada por una ola de imágenes que pasan fugazmente frente a mis ojos.

—O’Niell, háganos el favor de resolver el ejercicio.

Mi modo automático vuelve a encenderse, solo que ahora sí es por un motivo muy lejano al cansancio y que me deja más que vulnerable. Me cuesta llegar hasta el pintaron, y la voz del señor Olson exigiéndome que me dé prisa, así como la de Jareth preguntándome si estoy bien y apuntando el hecho de que estoy pálida, me resultan lejanas.

Mi visión parece estar fallando también, porque veo el plumón que me tiende el maestreo acercarse y alejarse en un va y ven interminable. Busco tomarlo con mi mano temblorosa, pero la posición que veo y en la que realmente está, no son las mismas. Hago otro intento, lo mismo, solo que esta vez he terminado tirándolo al suelo.

—Lo siento —susurro a la vez que me agacho para recogerlo. Las risas suenan de fondo, llenando el salón de una sensación que me resulta aún más incómoda.

El incorporarme de golpe hace que comience a sentirme mareada, y a eso se le agrega el hecho de que estoy hiperventilando. Dejo pasar algunos segundos con la esperanza de que eso me haga sentir mejor, pero las sensaciones solo empeoran, y no puedo creer que nadie se percate de ello.

Destapo el plumón con la intención de ignorar mi deplorable estado y darle una respuesta a la incógnita planteada. Pero al comenzar a escribir los datos proporcionados en el problema, el temblor incrementa, y casi me veo en el suelo sin poder respirar correctamente y con más de 30 pares de ojos sobre mí.




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