Convaleciendo al corazón

Capítulo 21

Savannah

—¿Haber si entendí? Quieren que convenza a Jareth de ir a la fiesta en lugar de dejarlo estudiar para los exámenes —afirmo confundida, con los brazos cruzados y descansando mi peso sobre la puerta—. Ahora díganme, ¿cómo se supone que voy a hacerlo?

—Podrías decirle que quieres ir a la fiesta —responde Connor con simpleza.

—O invítalo a salir, seguro que te deja manejar su coche —secunda Ian—. Y lo llevas a la fiesta en la casa de Evan.

—¿Sí recuerdan que odio las fiestas?

—Ahora sí les tienes miedo.

Se burla el rubio, haciendo alusión a nuestra conversación previa a la última fiesta que fui.

Le observo con los ojos entrecerrados, haciendo mi mayor esfuerzo por no tomarme todo ésto como un reto y cometer una tontería, después de todo, ya les había dicho que mi hermana murió en una fiesta, aunque no saben toda la historia detrás, lo que me hace ser cien por ciento consiente de que solo busca provocarme.

—No les tengo miedo, simplemente no me gustan —sentencio manteniendo una expresión dura en el rostro.

—Savannah, no tengo una idea clara de qué fue lo que te pasó para que no quisieras saber nada de fiestas y te encerraras tanto en ti misma, tampoco te voy a pedir que me lo cuentes. Pero si sé que Jareth ha hecho mucho por apoyarte, y te pido que, por favor, ahora que él te necesita, le brindes el mismo apoyo.

La expresión en el rostro de Connor, pero en especial la veracidad de sus palabras, me hacen reconsiderar su petición.

—Yo... no estoy segura.

Aunque ya estaba más susceptible al cambio, no quería forzarme mucho, y ya el hecho de volver a jugar me había alterado. No quiero tener otra crisis por seguir exponiéndome de ese modo, y quién podía afirmarme que en la fiesta no pasaría nada que mandara al carajo todo mi autocontrol.

—Solo piénsalo —pide a la vez que aprieta ligeramente mi hombro en signo de apoyo—. La fiesta comienza en una hora, y ya conoces la dirección.

Con esas últimas palabras se dan la vuelta y comienzan a andar, dejándome sola en el pasillo.

Mantengo mi posición por unos cuantos minutos más, en los cuales me trato de decidir entre ayudar a un amigo a no perder su esencia o mantener estables mis pensamientos y emociones con respecto a la muerte de mi hermana.

Tras unos 10 minutos y seguir indecisa dejo caer los brazos a mis costados, sintiéndome frustrada. Luego de soltar un suspiro me decanto por entrar a mi habitación, donde me encuentro nuevamente con esa imagen que tanto detesto de Jareth, porque me hace recordar todos los cambios en mi actitud; está completamente rodeado de libros y apuntes, tratando de devorar la mayor cantidad de información posible.

Cierro la puerta a mis espaldas haciendo el menor ruido posible. Después de pensarlo un poco me encamino hacia la cama del chico y muevo algunos de los libros para sentarme en posición de indio a su lado.

—Mmm, ¿Jareth?

—¿Si? —cuestiona llevando finalmente su vista en mi dirección.

—Si te lo pidiera, ¿me dejarías manejar tu coche? —Jareth, extrañado con mi solicitud, asiente con la cabeza—. Y si quisiera que fueses conmigo pero no te dijera a dónde y te vendara los ojos, ¿me acompañarías?

Continúa viéndome con la misma expresión confundida, sin embargo, esta vez sí que se toma su tiempo para responder. Hasta que finalmente dibuja una sonrisa juguetona en su rostro.

—¿Acaso planeas secuestrarme, O’Niell?

Entorno mis ojos divertida y lo empujo ligeramente del hombro —¿Si o no Jareth?

—Sí, por qué no —responde encogiéndose de hombros como si fuera de lo más normal que le pidiera prestado el coche.

—Perfecto —exclamo poniéndome de pie en un movimiento rápido, técnicamente saltando sobre la cama—. Nos vamos en 40 minutos.

Una vez con los pies en el suelo me dirijo a mi cama, dispuesta a estudiar unos cuantos minutos, así como aprovechar para fotografiar algunos apuntes, después de todo, sigue sin atraerme la idea de la fiesta.

Cuando faltan unos 15 minutos me pongo de pie y me dirijo al armario que compartimos para sacar un cambio de ropa, un pantalón de mezclilla negro de tiro alto y acampanado, una blusa azul rey de manga larga y con los hombros descubiertos y unos tenis blancos. Me encierro en el baño para cambiarme y al finalizar sujeto mi cabello en una coleta alta y me aplico un poco de maquillaje.

Al salir veo a Jareth terminado de colocarse su playera. Está vestido de una manera sencilla, una playera blanca acompañada por una chaqueta de mezclilla, un jean negro y uno tenis blancos; cosa que me hace preguntarme si debería decirle a dónde vamos porque, a decir verdad, no recuerdo cómo suele vestirse para ir de fiesta, y tampoco sé si es de esos chicos que no les importa qué traen puesto o eligen su atuendo según la ocasión.

—¿Listo?

Asiente e inmediatamente salimos de la habitación para encaminarnos al estacionamiento del internado, donde me tiende las llaves del coche. Una vez dentro del mismo, lo enciendo y siento una oleada de nervios apoderarse de mi cuerpo. Aferro con fuerza el volante a la par que miro perdida al frente y tomo respiraciones profundas en un intento por recuperar la calma.

—¿Savannah? —Escucho a Jareth llamarme, pero no le presto mucha atención—. ¿Estás bien? ¿Segura que puedes manejar?

Sacudo mi cabeza con la intención de despejar mi mente y volteo en su dirección—. ¿Te molesta si vamos a un lugar antes? —pregunto tratando de mostrarle una sonrisa pero, para mi pesar, ésta sale más parecida a una mueca.

Después de unos 10 minutos estaciono en un parque. Con un movimiento de cabeza le indico a Jareth que baje del coche, y en completo silencio nos dirigimos a uno de los kioscos.

—Un vaso de nieve de chicle, por favor —pido a la vendedora—. Vamos, pide algo —le digo a Jareth, volteando a verlo en el momento en que la chica se va a por mi pedido.




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