Convergence - What Remains

3 - LA QUIETUD DE BELSARRE

[[Mercur 65 de Invierno | 5:01 de la mañana | Cerca de la Hora de las Brasas | Sur de Sköldrheim]]

Despertó en su catre. Un par de gotas de sudor frío le recorrían la frente, las sienes y el cuello. Dio un suspiro, se frotó el rostro. Deslizo la puertilla, la luz comenzó a filtrarse desde abajo. Al asomar la vista desde la escotilla, lo noto desde arriba en su capsula. aquella silueta ancha que proyectaba una sombra desde la cabina. Su figura, alta y ancha de hombros, se recortaba contra la débil luz del exterior con una firmeza que no necesitaba palabras para imponerse.

—¿Eogan...? ¿Pasó algo?

Su voz sonaba arrastrada, aún entre el sueño.

—Qué bien que la encuentro despertando, Capitana. Recibimos un comunicado del Faro —Eogan espero un par de segundos a que Ela procesara la información que le dio. Ela se tallo los ojos, soltando un largo suspiro. — Ya tenemos las coordenadas. Vine a informarla; estoy encendiendo el Bastión para partir.

Dio media vuelta en dirección a la cabina, su rostro contrastando contra la luz de la cabina. Un gesto con el cual Ela había aprendido a familiarizarse, descansaba por defecto en una seriedad tranquila, hacía tiempo que había dejar de serle desconocida y abrasiva. Se retiro en cuanto terminó de hablar.

Ela se sujetó de la entrada de la capsula, aun estirándose mientras bostezaba, tirando y deslizándose fuera de la misma. Sus pies dejando un sonido metálico cuando su peso cayó al suelo del bastión, ropas gruesas y suaves de tonos grisáceos la cubrían de tobillo a cuello, terminando de estirarse finalmente estando de pie, estiro la mano hasta la escotilla, saco una maleta y se puso su uniforme.
—Buenos días, equipo. —Ela hizo una breve pausa mientras terminaba de incorporarse—. Me alegra ver que ya están listos para la misión.

Una cabeza se giró desde los asientos de la cabina, sus ojos apenas asomándose desde el respaldo, soltando una risilla antes de girarse derecha nuevamente.

Maeve era la más pequeña del grupo, tanto en estatura como en edad, pero difícilmente la menos notoria. Había una energía inquieta en su forma de estar presente, como si nunca terminara de quedarse quieta del todo.

—¡Buenos días, dormilona! Capitana, je. —dijo con una sonrisa—. Me sorprende no haberte visto ya pegada al radio.

Ela forzó una leve sonrisa, tallándose los ojos mientras se acostumbraba a la tenue iluminación del Bastión. Aún sentía el sueño adherido a la piel.

— Hola Maeve… ¿Informe?

—Villa Belsarre, a menos de sesenta kilómetros al sur, pasando el distrito industrial de Sköldrheim —respondió Eogan desde la cabina de mando, sin apartar la vista del camino—. Llegaremos en aproximadamente media hora. Fue una buena idea quedarnos cerca a la espera de instrucciones, Capitana.

La luz del Bastión dibujaba líneas doradas sobre su piel clara, tostada solo en las zonas expuestas por el uniforme: pómulos, sienes, antebrazos. Su cabello, corto y quebrado, parecía resistirse al orden con la misma terquedad que mostraba en el campo.

Desde la cabina, su perfil era una mezcla de crudeza y precisión: la barba, cerrada y bien recortada, hablaba de disciplina incluso en los pequeños hábitos. Todo en él parecía responder a una lógica interna de eficiencia. Ni más, ni menos.

El zumbido grave del motor acompañaba el ambiente, interrumpido solo por el ritmo metálico del vehículo avanzando por caminos irregulares.

—Buen trabajo teniendo todo listo para que estemos en marcha —afirmó ella—. ¿Sabemos algo más sobre el objetivo?

—Muy poco —respondió Amara, su voz más apagada de lo habitual—. Hubo heridos… pero los habitantes no habían querido reportar nada. Al parecer, fue necesario un incidente mayor para que alguien...

Amara contrastaba la figura de Maeve, en parte por su estatura —casi igual a la de Eogan—, y en parte por la firmeza tranquila con la que se mantenía erguida, sin que eso le robara ni un gramo de suavidad. El cabello corto, peinado en un corte sobrio y funcional, enmarcaba unos rasgos serenos que rara vez parecían alterarse.

—...un vecino, según dicen, tomara el riesgo de alertar a las autoridades.

Ela giró de inmediato. La expresión en su rostro era clara: sorpresa, pero también una pizca de indignación.

—¿Qué...? ¿Por qué ocultar algo así? ¿Y si alguien murió…?

La tensión en su voz se reflejaba también en las miradas que cruzó con Kaido.

Él era delgado, esbelto, con una musculatura más marcada de lo que a primera vista se notaba. Su estatura —ligeramente por debajo de la media del escuadrón— le daba cierta agilidad felina, reforzada por la forma despreocupada con la que solía moverse por el Bastión.

El silencio se instaló por un segundo, hasta que Maeve lo rompió.
—Recibimos algo más de información. Sobre el objetivo.

Las miradas se redireccionaron hacia ella. Hojeaba los documentos del folder entre manos: algunas anotaciones impresas, otras escritas apresuradamente a mano. Sus ojos recorrían los bordes de las hojas con rapidez, concentrados.

El cabello crespo y alborotado que normalmente parecía imposible de domesticar caía alrededor de su rostro en mechones desordenados, encendiéndose en tonos rosas, rojos y violetas cerca de las puntas. No había forma de saber si aquello era intencional o el resultado de algún experimento mágico mal cerrado… pero le quedaba perfecto.

—Según reportes antiguos, los habitantes de Villa Belsarre cuentan con una suerte de milicia comunitaria. Usan armamento rudimentario… fusiles antiguos, de baja capacidad. Aun así, si han logrado mantener a la criatura a raya, quizá no estamos frente a un espécimen extremadamente agresivo… o quizá algo cambió recientemente.

Cerró el folder y lo dejó sobre su regazo, apoyando distraídamente el índice entre el mentón y el labio inferior mientras desviaba la mirada hacia arriba.
—Umm… El informante mencionó algo en particular... “Temía que empezara a comérselos. Que, cuando eso pasara, ya no habría vuelta atrás.”
Maeve se inclinó apenas para dejar los papeles sobre la mesita al centro de la cabina. Su rostro quedó sumido en un tenue fulgor, apenas alcanzado por las luces del Bastión.



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En el texto hay: fantasia, horror, fantasia aventura magia

Editado: 18.05.2026

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