Coraje reencontrado: El regreso de Freya

El legado de Floyd

Erik, Snorri y ella pasaban cada día entrenando. Espadas chocaban con fuerza, el silbido de las flechas cortaba el aire y la tensión se palpaba en cada movimiento. La guerra era un fantasma que acechaba en cada amanecer, en cada silencio incómodo, en cada despedida que se sentía más pesada que la anterior.

Los jefes de los clanes habían regresado a sus tierras, prometiendo reunirse de nuevo cuando llegara el momento. Pero el tiempo avanzaba como un filo que se afilaba con cada día que pasaba.

Freya no podía evitar revivir las memorias de la última guerra. Recordaba las aldeas devastadas, los gritos ahogados por el rugido del fuego, la sangre oscureciendo la nieve. Su corazón se encogía al pensar en lo que vendría.

Snorri, en cambio, parecía ansioso. Había una chispa en sus ojos, un fervor que le hacía hablar de la batalla como si fuese una historia de gloria. Era un contraste que a veces generaba roces entre ellos.

—No deberíamos desear la guerra —le dijo Freya una tarde, con la voz apagada mientras recogía sus flechas.

Snorri la miró con una media sonrisa.

—No la deseo. Pero si ha de llegar, prefiero estar listo para recibirla con los brazos abiertos en lugar de temerle.

Freya desvió la mirada hacia los campos que comenzaban a teñirse de verde. Su pecho se llenó de una inquietud inexplicable, como si el viento le susurrara que algo estaba a punto de romperse.

El Salón del Consejo se llenó rápidamente con los líderes del clan. Erik, Snorri y Freya fueron convocados con premura. Mientras avanzaban por el largo pasillo de piedra, el sonido de sus pasos resonaba con un eco sombrío.

La luz del sol se filtraba a través de las altas ventanas, proyectando sombras sobre los intrincados grabados en madera del techo. La sala estaba cargada de expectativas. Nadie hablaba, pero en cada mirada se leía lo mismo: la tormenta estaba cerca.

Freya respiró hondo antes de cruzar la puerta. Era consciente de que nada sería igual después de salir de esa reunión.

El aire estaba cargado, no solo por la tensión, sino por el peso de decisiones que definirán el destino de todo su pueblo. Aunque sabía que la reunión sería crucial, no esperaba que el ambiente se sintiera tan denso, tan grave, tan irremediablemente real.

Ulfrik se levantó con solemnidad desde su lugar en la mesa principal, y cuando habló, su voz fue como un tambor en la niebla, marcando el inicio de algo irreversible.

—La guerra se cierne sobre nosotros, y debemos estar preparados —dijo, y el eco de sus palabras pareció aferrarse a las paredes de piedra. Sus manos firmes sobre la madera envejecida parecían sostener no solo la mesa, sino el destino mismo del clan.

—Las mujeres y los niños serán protegidos por una guardia selecta —continuó, y sus palabras, aunque necesarias, arrastraron un silencio tenso entre los presentes.

Freya se irguió, encontrando los ojos de Snorri en un gesto de silenciosa complicidad. Ambos entendían el peso de lo que venía, aunque su forma de encararlo fuera distinta. La mirada de Ulfrik se posó entonces sobre Erik, y en ella, Freya leyó orgullo, pero también temor... como si ya estuviera despidiéndose en silencio.

—Freya, como heredera del trono, y Snorri, que aún debe probarse en el campo, serán una excepción —añadió, y aunque su sonrisa buscaba ser alentadora, su voz contenía una gravedad que no pasaba desapercibida.

Freya sintió una mezcla de honor y temor crecerle en el pecho. La responsabilidad era inmensa. El destino de tantos ahora pendía también de sus hombros.

—Decidiremos nuestro punto de ataque y seleccionaremos exploradores. Necesitamos saber qué movimientos hacen los escoceses —continuó Ulfrik.

Snorri asintió con firmeza, aunque sus ojos no podían ocultar la ansiedad. A su vez, Freya respiró profundamente, manteniéndose firme con la fortaleza que la situación requería. No había más tiempo para dudas. Solo acción.

—Llamaremos a todos los guerreros que estén preparados para luchar. Cada espada cuenta. Nos reuniremos en el norte del bosque. Allí comenzará todo —declaró Ulfrik, y sus palabras cayeron como campanadas de destino en el silencio que le siguió.

Fue entonces que Mara, siempre serena, alzó la voz. Su preocupación fue como una grieta en la armadura de esperanza que todos intentaban sostener.

—Quizás no seamos suficientes —dijo, su tono más grave que nunca.

Freya la miró con el ceño fruncido, la sorpresa asomando en su rostro.

—¿A qué te refieres?

—No hemos recibido noticias del norte. No sabemos si contaremos con su apoyo. Y los escoceses... ellos no están solos. Han sido reforzados.

El susurro de Finn cortó el aire como una hoja afilada.

—Nos superan. Y lo saben.

Sven se encogió de hombros con resignación.

—¿Y qué otra opción tenemos? ¿Huir? ¿Rendirnos?

Mara, con una mirada llena de historia y recuerdos lejanos, ofreció otra salida.

—Podríamos buscar apoyo en mi tierra natal. Ellos también luchan... también sufren.

Pero Ulfrik negó con el rostro sombrío.

—Solo si no queda otra salida —dijo, la dureza en su voz nacida no de desconfianza, sino del temor de que buscar ayuda le costará tiempo... o vidas.

—¿Alguien más desea hablar? —preguntó, aunque nadie respondió.

El silencio fue la respuesta más honesta.

Y así, sin más palabras, los jefes se levantaron, conscientes de que el tiempo corría como un río desbordado.

Al salir del Salón del Consejo, el aire fresco de la tarde golpeó los rostros de los presentes, como si la naturaleza misma intentara calmar los ánimos tras tanta tensión.

Freya, absorta en pensamientos mientras caminaba con Snorri y Erik, se dio cuenta de una figura conocida al mirar hacia arriba. Se encontraba bajo el gran roble que estaba próximo al camino. Thorkell estaba allí, acompañado de una joven de cabello oscuro trenzado hacia un lado, ojos verdes intensos y una postura firme, casi desafiante. Vestía ropa de cuero reforzada con placas de metal ligeras, y su mirada se movía con aguda atención por los alrededores.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.