Coraje reencontrado: El regreso de Freya

Danza de espadas

Mientras el sonido de las gaitas llenaba el aire, la energía vibrante de la música comenzó a envolver el campamento. Freya, sintiendo la urgencia de las instrucciones de Ulfrik, se apresuró a alertar a los guerreros de que el baile estaba a punto de comenzar. Los hombres, ansiosos por participar, comenzaron a reunirse, sus pasos marcando el ritmo de la celebración.

Cuando Freya se aproximó a su tienda, vio una bolsa de lona grande entre sus cosas y se detuvo. Al abrirla, descubrió una falda escocesa con el patrón de la tela Dunholm, junto con una nota arrugada. La leyó en silencio, una sonrisa suavizando sus rasgos:

Querida Freya,

Espero que este vestido te sirva en la celebración que se aproxima. Sabía que necesitarías algo especial para este momento. Lo encontré entre las cosas de tus padres y pensé que te gustaría usarlo esta noche. Siempre me ha hecho recordar el pasado y creo que es el correcto para ti.

Con cariño, Mara.

El gesto de Mara le tocó el corazón. Rápidamente, se cambió de ropa, ajustándose la falda y colocando el vestido junto a sus armas, cerca del árbol donde había dormido. No quería que su ropa de batalla fuera la que la acompañara en ese momento de celebración. Mientras se alistaba, una extraña sensación recorrió sus piernas desnudas, desde la rodilla hacia abajo. Sin embargo, la promesa de la danza y el acto de honrar a sus padres la llenaron de fuerzas, empujándola a seguir adelante.

La música de la gaita seguía vibrando en el aire, un recordatorio del momento que se aproximaba. Freya, con la falda arremangada, avanzó hacia el área del baile. Al llegar, vio a Snorri. Al percatarse de su presencia, él le dedicó una sonrisa amplia, que, por un instante, alivió su tensión.

—¡Freya! —exclamó Snorri, su voz cálida y llena de admiración— Ese vestido es magnífico. No puedo recordar la última vez que alguien lució tan espléndido en nuestra celebración.

Freya le sonrió, agradecida por el cumplido. —Gracias, Snorri. Es un obsequio muy particular que me hizo mi mamá. Me alegra que te guste.

Antes de que pudiera decir algo más, Erik se acercó, mostrando una mezcla de nerviosismo y entusiasmo en su rostro. Sus ojos se posaron en Freya, su mirada llena de admiración.

—Freya —comenzó Erik, su voz temblando ligeramente— debo decirte que el vestido te queda... simplemente radiante. Tienes un aire que ilumina la noche.

Freya, con una cálida sonrisa, le respondió: —Gracias, Erik. Tus palabras significan mucho para mí, especialmente esta noche.

Erik sonrió; sus mejillas se tiñeron de un suave color rojo. Al darse cuenta de la incomodidad de su amigo, Snorri soltó una risa ligera que aligeró el tenso ambiente entre ellos.

Justo en ese momento, Thorkell se acercó, su rostro reflejando entusiasmo y emoción.

—¿Están todos listos para la danza de las espadas? —preguntó con una sonrisa expectante.

Freya frunció el ceño, intrigada por la mención de una tradición desconocida para ella. —¿Danza de las espadas? No sabía que también la practicaban.

Thorkell le lanzó una mirada cómplice antes de responder. —Sí, es una tradición que comenzó con tu padre. Él nos enseñó la danza y nos explicó su profundo significado. La hemos mantenido viva en su honor.

Las palabras de Thorkell sorprendieron a Freya. Su corazón se llenó de una mezcla de gratitud y emoción. —¿Mi padre les habló de esta danza?

—Así es —confirmó Thorkell, su expresión mostrando respeto y una admiración palpable— Nos contó sobre la importancia de la danza antes de las batallas. Para él, era una forma de prepararse para los desafíos y honrar a los guerreros caídos.

En ese momento, la música de las gaitas cesó, y todos los ojos se volvieron hacia Cameron, quien se dirigía al área asignada para la danza. Ulfrik Haddock y los jefes tomaron sus posiciones, alzando sus espadas al sol. Las hojas se cruzaron formando un patrón sobre la hierba fangosa, y la música comenzó nuevamente, marcando el ritmo de la danza.

La danza de las espadas, un antiguo ritual que se llevaba a cabo justo antes de cada guerra o conflicto, era practicada siempre. Se afirmaba que si se tocaba la hoja de una espada, aun con un roce ligero, se aseguraba que el enemigo también danzara sobre ella en combate, ofreciendo fortaleza y protección.

Freya se sorprendió al observar cuán hábiles eran los líderes para realizar las maniobras. Se trasladaban y marchaban con precisión, situándose en los límites del área libre. Mientras los capitanes observaban y examinaban atentamente cada acción, otros guerreros desempeñaban su función.

Finalmente, llegó el turno de Thorkell. Junto a él, Erik y los demás jóvenes del grupo comenzaron su danza. Sus movimientos eran coordinados y veloces, una coreografía de precisión y agilidad que demostraba la habilidad adquirida durante años. Las espadas se cruzaban con destreza, respondiendo a los movimientos de sus compañeros en un ritmo que parecía llevarse todo a su paso. El espectáculo era una mezcla de sincronía y fuerza, dejando a la multitud embelesada y fascinada.

Freya no podía apartar los ojos de la escena. Su corazón latía más rápido, y una mezcla de ansiedad y emoción la invadía al ver cómo el grupo de Thorkell terminaba su turno. Se movían hacia el borde del círculo, dejando espacio para el siguiente grupo.

Finalmente, llegó el momento de Freya y Snorri. El aire parecía detenerse mientras Freya se preparaba. Con el corazón acelerado, miró a su compañero. Snorri, al ver la tensión en su rostro, le sonrió con una expresión tranquilizadora.

—¿Listos para dar lo mejor de nosotros? —preguntó con tono animado.

Freya asintió con determinación. Sentía el peso de la tradición familiar sobre sus hombros y la responsabilidad de honrar a los suyos. Pero también sentía el orgullo de estar allí, en ese momento.

—Sí, lo haremos —contestó con voz firme.

Con esas palabras, ambos dieron el primer paso hacia el centro del círculo, listos para seguir la danza de sus ancestros.




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