Coral

Capítulo 6

Aunque todo aquel apartamento cabría en el vestíbulo del palacio. Estaba limpio y olía bien, a dulce de algo, algo que no sabía que era. El hogar de Coral tenía estilo y buen gusto, eso era admirable. La mujer entró en el salón con un jarrón de cristal lleno de las rosas que colocó sobre una mesa. Él se las había llevado.
 

— ¿Has terminado? Vamos que nos esperan.

— Espera un momento Ahmed a donde piensas llevarme.

— Solo vamos necesitamos hablar de las cláusulas del contrato.

— Ok, espera un momento.

 

Coral desapareció de nuevo y cuando volvió. Se había puesto unas sandalias doradas y un agradable perfume que olía a dulce y que parecía envolver todo el apartamento. Llevaba uno de rosa con tirantes, se veía como toda una ninfa. Una fina cadena plateada, separaba el corpiño de la falda de vuelo, que caía por debajo de las rodillas. Con el pelo suelto y un poco de maquillaje. Tenía un aspecto sencillo y elegante. Además, él sabía que aquella mujer trabajaba en un club nocturno.
 

— ¿Y bien? Que le parece. —le preguntó ella. — ¿Satisfecho con el vestido?

— Eres sarcástica…

— Vamos jefe, me contrato para qué.

— Mejor eso lo hablamos en la cena.
 

Ahmed se mordió la lengua para contener la rabia que provocaba la actitud de ella, al expresarse además le haría saber quién era él. Le había dejado claro que no tenía que aceptar su oferta. Podía marcharse cuando quisiera. Ella había decidido aceptar su propuesta y la firma de un contrato.

 

— Estoy muy satisfecho, gracias. De hecho, estás hermosa. Claro que en la cena habrá hombres dispuestos a coquetear contigo. —Coral frunció el ceño y dijo airada.

— ¿Cómo te atreves, a decir eso? —le espetó ella, indignada.

— Estás muy bella y no me provoque, porque descubrirá que también yo tengo una lengua afilada, como la tuya. Y ahora, vamos a la cena, vamos a ver las cláusulas del contrato.

 

Coral tuvo que apretar los dientes para no decirle lo que pensaba de su jefe. Era la primera vez que salía con un hombre a cenar y menos con su jefe.
 

— No puedo decirte lo emocionada que estoy por esta cena. —empezó a decir, poniendo una mano en su brazo. — Es como si te hubiera esperado durante toda mi vida y ahora, por fin, estás aquí amor mío, mi cielo. —añadió, con una sonrisa coqueta. — ¿Qué tal así? Estará bien. —Ahmed esbozó una sonrisa.

— Mucho mejor. ¿Ahora vámonos?

 

Llegaron a un lugar donde Coral, se sintió muy extrañada. Se bajaron los dos de la limusina, Coral se quedó sorprendida. No sabía que la cena era en un lugar muy elegante y muy conocido en el mundo. Ahmed la condujo dentro de aquel espacio. En ese momento ella miró a su alrededor y vio muchas personas aplaudiendo y mirándolo a los dos.

 

— ¿Qué es esto Ahmed?

— Vamos, es hora de presentarte.

— A quienes.

 

Mientras que Ahmed caminaba con ella en manos. Todo el mundo se le quedaba mirando, algo no iba bien, se decía Coral con todo aquello. De pronto miro todos aquellos arreglos florales, aquel lugar estaba lleno de lujo. Se detuvo un momento y le dijo Ahmed.
 

— Qué desperdicio, debe ser una gran noche, pareciera que alguien se va a casar.

En ese momento una mujer se acercó a ellos, y Ahmed la dejo con la mujer a solas, esta le sonrió.

— Puede que te sirva el vestido mi niña. Si tienes suerte te quedará bien.

—¿Si tiene suerte quién?

 

Coral se giró y vio a Ahmed alejarse de ella e ir con un hombre, el cual era guapísimo, con su traje gris, perla y sus botas a juego.
 

— Eres una afortunada en casarte con el jeque. —Coral se quedó de piedra, no entendía nada.

— Yo. Soy afortunada, no comprendo lo que dice.

 

Ahmed, por otro lado, sentía una profunda culpa que invadió el corazón de no haberle dicho toda la verdad a Coral. Nunca antes le había mentido. Puede que no le hubiera contado algunas cosas, pero ahora era completamente diferente. Le estaba engañando conscientemente. Se le formó un nudo en el estómago, por primera vez en su vida. Esperaba que comprendiera por qué se había metido en todo aquel lío de fingir su compromiso y su boda, y ella había firmado aquel contrato y no había leído las letras pequeñas. No había vuelta atrás.
 

— Estás muy guapa, en serio que el jeque tiene ojos de tigre, cuando me dijo las medidas exactas.

 

Coral aún no entendía nada de lo que estaba pasando, y recordó el documento que firmo con Ahmed, y pensó cosa mala en su cabeza.

 

— El maldito desgraciado me vendió, como trata de blanca.

— Muchacha porque dices eso, eres la prometida del jeque y ya pronto será su esposa.
 




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